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Un déspota que nos convirtió en migrantes... (Miércoles 9 de diciembre de 2009)

Trinchera

Publicado el 09.12.2009 13:47
Por Eleonora Bruzual


Comentario transmitido el
miércoles 9 de diciembre de 2009
 
Día a día, en nuestro Portal, se transcribe este segmento de opinión
que transmite Radio Mambí 710 AM del Circuito Univisión de Miami,
y que llega a todo el estado de Florida, Centroamérica, Cuba,
el resto del Caribe y Canadá. Hazlo circular, porque luchar
por la democracia y la libertad nos compete a todos
"Trinchera" Desde una tierra que presagia fuego...
Radio Mambí, la Grande (710 AM)
Ya estoy haciendo maletas para retornar –Dios mediante- a ese mi país que amo y al que me une un compromiso firme por su libertad. Perú ha sido un intermedio grato. Perú y su democracia acrecientan esa espantosa visión de una Venezuela que perdió su democracia y que embalada va hacia el espantoso barranco por el cual también rodó Cuba hace ya más de medio siglo. Nada novelesca esta visión. El tirano Castro se cuidó muy bien de reclutarse un traidor para poder hacer real su ambición de robarnos el país, de allí está reedición de una tragedia conocida.

Cada vez que salgo de Venezuela es como si pusiera frente a mi elementos imposibles de obviar y que me conducen irreversible y dolorosamente a comparar. De aquel país amable, esperanzador, queda muy poco… Venezuela es hostil como hostil es el militarote que la secuestró y como hostil ha sido esta década espantosa donde el odio suplantó a la fraternidad y la dignidad se hizo un cachivache que Chávez utilizó vaya usted a saber para qué…

Cada vez que salgo percibo mejor como los venezolanos hemos ido perdiendo la alegría, como la sonrisa ya no es sonrisa sino una mueca doliente. Como la risa es sólo ruido y la esperanza simplemente no tiene cabida en nuestros corazones aterrados. Cada vez que salgo se hace más clara esa terrible enfermedad que nos consume, que ya se ha llevado a muchos y que amenaza con seguir cobrándose vidas de aquellos que no han podido cargar con tanta desesperanza, con tanta incertidumbre, con tanta violencia, con tanta traición, con tanto terror…

Cada vez que salgo pienso en tantos amigos y conocidos que de repente enfermaron y murieron y aunque los diagnósticos médicos hablen de cáncer, de accidentes cerebro-vasculares, de infarto, de paros respiratorios, yo estoy segura que en su gran mayoría, su enfermedad se llamó Venezuela… Venezuela en manos de una canalla aberrante que nos despoja de gentilicio, nos despoja de condición de ciudadanos. Nos pretende despojar de dignidad… Una canalla cobarde que armada hasta los dientes nos atropella, nos acosa, nos acorrala.

Cada vez que salgo siento que por breve lapso volví a respirar tranquila, volví a sentirme libre, volví a creerme segura… Y cada vez que vuelvo, identifico con más claridad la tragedia. Identifico mejor la barbarie a la que nos enfrentamos y que amenaza devorarnos.

En Perú he tenido tiempo para comparar y reflexionar. También para enfurecerme al pensar en ese país mío donde los disidentes son perseguidos por un déspota que no podrá jamás entender el concepto del otro y sus ideas. Un déspota infame que se siente bien entre la carroña y por ello la soborna, la camela, la idealiza. Un déspota que ha obligado a exiliarse a tantos cuyo único delito ha sido disentir. En Perú los he visto, he sabido de sus soledades y sus añoranzas, pero también del temple de muchos que la distancia no les mata el coraje y menos el compromiso con Venezuela,

En Perú como en España, como en los Estados Unidos, como en Costa Rica, como en tantos países que visito, he visto el éxodo de un pueblo que nunca fue migrante… He palpado el dolor que da la familia dispersa, lejana… En Perú, como hace muy poco en Costa Rica, he llorado de tristeza cuando tanto peruanos como ticos no pueden entender qué nos pasa, por qué este conformismo que empieza a ser un rasgo nacional. En Peru, como en cada país que visito, los colores se me suben a la cara cuando sé que quieren conocer dónde está el bravo pueblo, dónde los líderes valientes, dónde el arrojo y dónde el decoro de un pueblo que luchó por la libertad de cinco naciones y hoy no sabe luchar por la suya.

Hago maletas ya, y si mi Dios lo quiere, mañana en Venezuela, cada fealdad sembrada por esta canalla chavista, cada estridencia de un emboinado salvaje, cada tufo a ruina, cada basurero insultando mi vista, cada llanto de una madre, de un hijo, de un marido, de un amigo, de una esposa ante la muerte violenta de un ser querido, habrá de ser fuente de ira libertaria que me dé más fuerzas para luchar contra la barbarie y no permitir jamás que me derrote.
 
Comentarios: Escriba su comentario aquí

Comentario escrito por Dr.Isaac Bar-Lewaw el 10.12.2009 a las 15:01:53:

La pieza de la Lic.Eleonora Bruzual esta escrita bellamente con primor y destreza.Hay migrants y migrantes. Con la excepcion de la emigracion por razones economicas,la mayoria de migrantes salen de sus paises por razones de un despota como Hugo Regalon o los Castro de no hablar de un Hitler,Stalin o Mussolini. Y la Licenciada lo escribe con enorme tristeza,pero con la esperanza de que eso va cambiar en su bello pais Venezuela y los que salieron podran regresar ultimamente.Ojala,ojala! Bravo y felicidades.


Comentario escrito por silvia gonzalez gonzalez el 11.12.2009 a las 06:41:14:

la admiramos mucho ud es una persona extremadamente sensible y culta sus narraciones estan


Comentario escrito por Miguel Rojas el 11.12.2009 a las 09:08:15:

Que expresión más cierta señora valiente... Como usted muchosfamiliares y amigos he visto partir... Diagnosticos diversos y una sola verdad... Murieron de desesperanza, la que le abrió puertas a la enfermedad... Siga por favor, usted que no tiene miedo y le sobra decoro y talento Dios la bendiga


Comentario escrito por Roco el 13.12.2009 a las 12:46:17:

Señora su artículo describe hoy la venezolanidad con la sobrecogedora imagen de una reprimida lagrima de pena. Avanzar en su lectura es presenciar el desprendimiento de esa lagrima y avanzar con ella mientras rueda abriendo en nosotros sus lectores, surcos de esperanza que conducen al seguro encuentro con la Venezuela perdida, con la Venezuela ansiada. En fin, con la Venezuela merecida.

  




 
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