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Cierto Islam en el mundo de hoy: enemistad y alianza entre Islam y comunismo
Opiniones
Publicado el 18.06.2009 08:28 Por Lourdes Rensoli Laliga
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Estas líneas parten de algunos principios,
que debemos aclarar antes de acometer nuestro objetivo, por lo que este
artículo tendrá dos partes. Como no es posible desarrollar dichos principios
y existe una buena bibliografía a ese respecto, nos limitaremos por ahora a
enumerarlos:
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- No tenemos
nada en contra de ninguna religión ni del ateismo, siempre que ni unas ni
otro se vuelvan agresivos contra quienes no comparten su posición, o
pretendan imponerse-- o imponer a los demás sus normas de vida-- por la
fuerza o con ayuda de la mentira, pues hemos sufrido ya demasiada
intolerancia y, en los últimos tiempos, demasiada permisividad. Todo sin
apenas transición.
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- Como todas las religiones, el Islam sufrió
graves represiones bajo el comunismo. No siempre se advirtió muy claramente
en el bloque europeo comunista, pues era una religión arraigada en muy pocos
de los países que lo componían: Albania, parte de la antigua Yugoslavia, la
extinta URSS, algo en Bulgaria. Pero en el Archipiélago GULAG, padeció junto
al disidente—o al acusado de tal--casi todo el que profesara una fe en
alguna de las formas de la trascendencia. Sin embargo y paradójicamente,
tras la desestalinización, las autoridades comunistas captaron el filón que
podía constituir el Islam como lo que denominan “fuerza revolucionaria”, en
especial (en aquellos momentos) el magrebí, y, dentro del mismo, Argelia,
uno de los pocos países que en los años 60 no habían alcanzado la
independencia.
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- Siempre esta atención se dirigió hacia el
Islam en el extranjero y no dentro de la URSS o de otros países comunistas,
en los que era más o menos tolerado, salvo etapas de feroces represiones[2],
aunque los descendientes de musulmanes debían ser tan ateos como cualquiera,
si querían ocupar cargos públicos o ascender en la vida profesional e
intelectual. A las mezquitas, no cerradas, como tampoco iglesias o
sinagogas, se atrevían a acudir solo personas de edad avanzada o no
vinculadas a los anteriores supuestos.
No se trataba de cerrar templos, sino de impedir que las nuevas generaciones
acudieran a ellos por temor a no lograr sus aspiraciones, lo que contrastaba
con la sorprendente apertura, comprensión y solidaridad con los creyentes de
otros países.
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Esto daría lugar
a una curiosa transformación en la visión comunista sobre el Islam: de ser
una de las modalidades del “opio del pueblo”, lo que para el marxismo
significaba la religión, pasó a ser un factor a considerar en su proceso de
expansión, siempre en relación con el mundo exterior al bloque comunista, de
modo que el musulmán extranjero disfrutaba de “derechos” de los que carecía
el ciudadano del bloque comunista.
En diferente medida, otro tanto sucedió con otras religiones, sobre todo con
el Cristianismo: creyentes-vitrina y creyentes reales, es decir: creyentes
para muestrario ante los países democráticos y creyentes hostigados y/o
reprimidos.
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- No le resultó tan fácil, por cuanto el
Islam radical, también basado en la autoexpansión, entre otros principios,
se prestaba con gusto a ser compañero de viaje de cuantos compartieran su
rechazo a Occidente, su interés en el desarrollo de sus sociedades por vías
peculiares y derivadas de su doctrina, y por ello diferentes de las
capitalistas clásicas, cuyo símbolo eran los E.U. Pero no estaba dispuesto a
dejarse dominar por una concepción del mundo y de la vida atea, y lo
demostraría. Esto dio lugar, por ejemplo, a las alianzas tácticas de la URSS
con países del Golfo arábigo-pérsico y al papel representado por la Cuba
comunista en la Organización de países no alineados.
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- Curiosamente no sólo el Islam, sino otras
religiones que son mayoritarias en distintos países del llamado “tercer
mundo”, eran mal conocidas y analizadas, y peor valoradas por Carlos Marx.
En recientes artículos, el analista político Julián Schvindlerman se refería
a esta cuestión
y esclarecía las pocas simpatías que el Islam despertaba en Marx, quien no
criticaba a esta religión por tener origen judío, sino por ser eurocentrista
y ateo.
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En lo primero se mostraba como buen discípulo
de Hegel, que consideraba despectivamente “pueblos no históricos”
a cuantos no formaban parte de Europa. Además, si como ateo pensaba que
cualquier religión representaba una degradación del espíritu humano, el
Islam en especial requería según Marx de la laicización, entendida también
como abandono del Corán, para poder avanzar en el camino socialista. De
hecho, la única revolución social ocurrida en Asia había sido, a juicio de
Marx, realizada por Inglaterra en su colonia La India.
Lo peor de la actuación inglesa estaba plenamente justificado por los frutos
obtenidos. Si cree que tergiversamos las ideas marxistas, no discutiremos:
lea la obra y compruébelo. Dicho sea de paso: si los partidarios del
multiculturalismo pretenden alguna vez hallar un predecesor en Marx, difícil
lo tienen.
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Es por ello
doblemente curioso que, tras un proceso imposible de analizar aquí, el Islam
haya llegado a congeniar de forma asombrosa con el socialismo. La alianza
entre los regímenes y gobiernos socialistas y comunistas aún existentes y el
Islam es un hecho. Para muestras, Irán y, hasta no hace mucho, Irak, entre
otros países, y Cuba, Venezuela, España, y el caso de los países nórdicos
europeos, ya rayano en lo trágico, como muestran las fechorías recientemente
cometidas en Noruega, cuyo gobierno quiere atajar.
O la judeofobia y la actitud anti-israelí crecientes en muchos países en los
que es fuerte la inclinación a la izquierda, entre los que se destaca
España, algunos de cuyos diarios no vacilan en manipular las noticias (o
elegirlas cuidadosamente) para criminalizar siempre a Israel o ridiculizarlo.
Lo curioso es que en los países islámicos se demoniza, y con frecuencia se
reprime o discrimina, o se persigue y castiga—a menudo muy severamente—a la
izquierda y a los grupos sociales que protege: los propios sectores de la
izquierda, las feministas y los homosexuales, estos dos últimos actualmente
protegidos por dicha izquierda. Pues hemos sido testigos presenciales de las
severas condenas del feminismo y de la homosexualidad bajo el socialismo
real, y de las crueles medidas represivas que los países socialistas tomaban
contra los hoy llamados gays: desde las comunas maoístas de trabajos
forzados, que representaban la muerte o poco menos, hasta la privación de
derechos elementales.
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En 1982 se convirtió al Islam el filósofo
francés Roger Garaudy. Había sido fuertemente estalinista y, en la tesis
doctoral defendida en la Academia de Ciencias de la URSS, afirmaba que sólo
bajo el comunismo existía la libertad humana. Ninguna autoridad islámica
criticó su afirmación de haber ingresado al Islam “con los Evangelios en una
mano y El Capital en la otra”. Mucho habría que hablar de su constante labor
en Radio Islam, junto a la francesa y ex profesora de la Universidad de la
Habana en los años 70, y siempre amiga de la Cuba comunista Marie Poumier
Taquechel, de reconocido antisemitismo. A Garaudy se debe la “Fundación
Garaudy de las Tres Culturas”, situada en Córdoba, España, en la que apenas
se destacan los aportes de las culturas judía y cristiana, en especial de la
primera. O su actitud de negación del Holocausto nazi, o en su mitificación
de la España islamizada medieval, actitud que comparte con escritores como
Antonio Gala, reconocido antisemita, o con Juan Goytisolo.
Es de lamentar por cierto que el Presidente de los Estados Unidos haya
incurrido en el error de citar en un reciente discurso ideas propias de
dicha mitificación,
sin contar con la inquietante ambigüedad de su discurso en El Cairo.
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No está de más
mencionar que hubo en España, en las décadas de los 80 y los 90, una ola de
conversiones al Islam que, curiosamente, tenia su mayor fuente en los ex
comunistas y muchos ex etarras, que nutren también el bando del
antisemitismo,
nuevo rasgo éste de la alianza entre Islam radical y marxismo/comunismo.
Entre las labores de estos conversos (no hablamos ahora de radicales sino
simplemente de conversos) ha estado la creación de la página de Internet
www.webislam.com, entre cuyos propósitos no solo
está el cultural (hay muchos y buenos trabajos) sino el de promover las
conversiones y el boicot a Israel, país al que atacan de forma constante.
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Una de sus secciones ha sido un centro
virtual misionero para Iberoamérica. Pues, al igual que España llevó el
Catolicismo a dicho continente, consideran que debe llevar el Islam. Uno de
los resultados de dicha labor misionera se ha visto en Chiapas, México. Una
comunidad de indígenas conversos al Islam ha denunciado por explotación al
misionero islámico español Aureliano Pérez Iruela, quien, durante
años, los obligó a trabajar largas jornadas para su propio beneficio sin
retribución alguna y les prohibía alimentos que el Islam permite, como el
maíz y otras verduras.
Un Islam a la medida del cacique. Eso si: la comunidad, segura de haber
hallado en el Islam los valores que buscaba, decidió permanecer en éste.
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Hasta aquí hemos tocado muchos temas que
podrían hacer pensar en algo falso por nuestra parte: hostilidad hacia el
Islam. No es así. Aquí se habla de un Islam políticamente manipulado, que
excede la dimensión religiosa de forma arbitraria y unilateral tanto como la
funesta Teología de la liberación. Un Islam lleno de fanatismo que pretende
un poder omnímodo basado en el terror (Carlos el Chacal, converso a ese
Islam, es un buen ejemplo) y no un Islam que enseñe a sus fieles como vivir
civilizadamente y en paz, como vivir en sociedad para extender los más altos
valores.
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Sería muy importante que los musulmanes de
buena voluntad se enfrentaran a la corriente arriba mencionada y a los
brutales excesos de otras como Al Qaeda
y propugnar la convivencia pacifica,
al igual que han hecho ya algunos importantes intelectuales como el filósofo
Fatik Triki y su equipo de trabajo en Túnez (Cátedra UNESCO de Cartago), la
abogada Shirim Ebadi (premio Nóbel de la Paz 2003) y el también filósofo
Abdelkarim Souroush en Irán, con su proyecto de un Islam democrático. Rigor
científico; mente abierta; combinación de tradición y actualidad. Esos son
sus parámetros.
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La difunta
periodista italiana Oriana Falacci pasó los últimos años de su vida
profundamente angustiada ante las pretensiones de conquista que el Islam
radical y yihadista
tenia, a su juicio, sobre el resto del mundo, Europa en especial,
preocupaciones que vertió en importantes obras, rechazadas a ultranza por
los políticamente correctos
y por la izquierda aliada a dicho Islam. Pero en una de ellas (La Rabia y el
orgullo) señala algo, no por grotesco menos preocupante: en tiempos de la
guerra fría (y desde antes), los rusos intentaban mostrar a toda costa que
habían sido los autores de todos los descubrimientos y aportes
significativos a la ciencia y la cultura humanas. Cuando resultaba evidente
que no habían sido ellos, sacaban a relucir un nombre que pocos (o ninguno)
conocían y lo señalaban como el “precursor” de dicha idea o de dicho
invento, al que fatalmente nadie reconoció.
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Oriana Falacci llamaba jocosamente “Popov” a
ese ruso genérico, sabio universal, precursor de todo conocimiento o
invento, de todas las épocas y absoluto. Pues resulta que algo similar
sucede en el Islam. Cada vez que se trata de una concepción importante, al
menos en los terrenos de la mística y de las humanidades, estos
representantes del Islam extremistas sacan a relucir a su Popov, que en
ocasiones es una personalidad altamente respetable en la historia de la
cultura humana y que no tuvo pretensiones de erigirse en precursor de toda
idea importante. Unos y otros olvidaban o aparentaban olvidar que existen
muy a menudo analogías entre las concepciones humanas y que ello, sin otras
pruebas, no significa que exista ningún tipo de influencia de alguna de las
figuras que las asumen sobre otra u otras. Precisamente porque el ser humano
es uno en última instancia y capaz de extraer conclusiones muy similares de
cualquier tema de reflexión, pese a las diferencias de época, de país y de
la cultura y las mentalidades que la generan y son constantemente
regeneradas por ella.
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Pero seguiremos hablando del tema, tras esta
introducción imprescindible.
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Lourdes Dina Rensoli Laliga
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Vive entre España y los Estados Unidos
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lourdesrl@hispavista.com
Nota:
Existe bibliografía a la orden de quien la solicite
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