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Retrato crítico de Mario Benedetti
Opiniones
Publicado el 01.06.2009 07:58 Por Emilio Martínez Cardona
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Decía que
“Entre la literatura y la revolución, la prioridad es la revolución” y
que “Matar es un agrio deber revolucionario”. Fue uno de los fundadores
y principales dirigentes del Movimiento 26 de Marzo, fachada legal del
MLN-T (Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros), organización
terrorista que asoló el Uruguay en plena democracia desde el año 1963,
con asesinatos, secuestros y robos multimillonarios.
- Estuvo entre los
pocos intelectuales que defendieron a Fidel Castro cuando apresó al
poeta Heriberto Padilla y le restó importancia a los fusilamientos
ordenados por el dictador cubano en el 2003.
- Hablo, por
supuesto, y aunque rompa muchos corazones ingenuos, de Mario Orlando
Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia, más conocido por su primer nombre
y apellido. Caballero de sonrisa bonachona e ideas totalitarias, pero
sobre todo un mal, muy mal poeta.
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“Benedetti es
un escritor para consumo de la superficialidad y los aficionados a los
lugares comunes”, ha dicho de manera tajante el colombiano Eduardo
Escobar, un juicio que sólo puedo compartir y que de hecho comparten
prestigiosos críticos y académicos del mundo entero.
- Y es que si hubo
grandes escritores latinoamericanos que defendieron posturas políticas
igual de abyectas, como el argentino Julio Cortázar o el también
uruguayo Juan Carlos Onetti, éstos fueron creadores de una obra
literaria única e innovadora, que supera ampliamente los deslices
cometidos en el campo ideológico.
- No puede decirse lo
mismo de Benedetti.
- Alberto Chimal lo
encuentra “sospechoso de excesiva complacencia, de sentimentalismo, de
simplismo. Y fue culpable con una frecuencia alarmante. Peor aún, su
obra poética, que se fue recogiendo en ediciones sucesivas llamadas
siempre Inventario, deja ver cada vez menos poesía a medida que pasan
los años y cada vez más fórmulas, más lugares comunes, más prédicas a
admiradores ya convencidos.
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El padre
espiritual de sus poemas pudo haber sido, entre otros, Bertold Brecht,
pero tiene entre sus hijos a Ricardo Arjona y otros todavía peores”. Aún
más contundente es Alber Vázquez, quien califica a su poesía de
“pedante, odiosa, pueril, cargante, malograda, cansina y aburrevacas”.
El argentino dice que “Benedetti es un poeta de medio pelo al que una
legión de indolentes con poca o nula experiencia lectora ha encumbrado
más allá de todo lo razonable” y concluye definiéndolo como
“Probablemente, el peor poeta del mundo”.
- Por su parte, el
boliviano Pablo Javier Deheza retrata a Benedetti, de manera sintética y
sabia, como "un poeta menor y un peor ideólogo".
- En un comentario
burlón del libro de Benedetti Canciones del que no canta (que titula,
justamente, Pues menos mal que no canta) el español Javier Beades da en
el clavo al explicar por qué el autor que nos ocupa capta tantos
seguidores: “Hay una época en que (Benedetti) puede animar a escribir a
un joven bachiller. Quizá una teoría que lo explica es la siguiente:
como el proto-poeta adolescente suele aún tener muchos fallos técnicos,
vacilaciones en sus temas y bandazos estilísticos, el poeta con estas
características -que sin embargo es famoso- le hace sentirse acompañado
y equiparado. Esta, esta poesía sí que la entiendo, podría ser el lema.
Aunque por dentro, lo que resuena es pues si esto es poesía… ¡lo que yo
hago también!”.
- Sin ánimo de
agredir el sentido estético de los lectores, veamos sólo una pequeña
muestra de “poesía benedettiana”: “Los años pasan y pasan/La vida se
pone vieja/tengo surcos en la frente/y una berruga en la oreja”.
- No menos tajante es
el igualmente ibérico José García Domínguez, quien desde las páginas de
Libertad Digital define a Mario Benedetti como "el poeta más popular y
también el menos importante del canon hispanoamericano contemporáneo.
Siempre edulcorado con el almíbar empalagoso de la coartada política,
agazapado siempre tras la beatitud inquisitorial del famoso compromiso".
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Continúa
diciendo que "a Benedetti le aguarda el mismo destino literario que al
célebre cadáver de Anatole France: llorado en el momento de su traspaso
por un cortejo fúnebre kilométrico, al día siguiente ya nadie lo
recordaba, salvo los surrealistas que se ensañarían con sus despojos en
memorable panfleto". Y termina diciendo que con Benedetti "ha muerto el
último velo lírico del estalinismo tropical. (...) Sobre todo y por
encima de todo, fue un poeta prescindible. (...) Que el olvido le sea
propicio".
- La carrera
literaria de Mario Benedetti fue, durante años, una minuciosa colección
de fracasos. En 1945 su primer libro, el poemario La víspera indeleble,
no vendió ni un solo ejemplar. Tres años después, su segunda obra corrió
la misma suerte. Benedetti pidió un préstamo tras otro para pagar las
ediciones de su tercer, cuarto, quinto, sexto y séptimo libro entre 1949
y 1953, los mismos que fracasaron ostensiblemente. Recién en 1956, con
Poemas de la oficina, consiguió vender la modesta suma de 500
ejemplares. Hasta que algo pasó en 1959. La revolución cubana. De esos
primeros tiempos revolucionarios datan el volumen de cuentos
Montevideanos, el mismo año de la entrada de Castro y Guevara en La
Habana, así como la novela La tregua (1960). Pero lo cierto es que la
revolución cubana proveyó algo más que simple inspiración. A partir del
alineamiento público de Benedetti con la ortodoxia marxista-leninista y
sobre todo desde 1967, cuando pasó a desempeñarse como funcionario del
gobierno cubano dirigiendo el Centro de Investigaciones Literarias de
Casa de las Américas, el aparato cultural-propagandístico de la isla lo
catapultó a toda América Latina, retribuyendo su adhesión sin
condiciones al nuevo sistema dictatorial.
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Fidel Castro
necesitaba intelectuales que le lavaran la cara a su gobierno en medios
internacionales y Benedetti fue uno de los que mejor cumplió esa labor.
En 1968, por ejemplo, ante el alejamiento de la revolución del escritor
cubano Guillermo Cabrera Infante, que optó por el camino del exilio, no
dudó en descalificarlo diciendo que era “un gusano y no precisamente de
seda”.
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Otro tanto
hizo en 1971, cuando el régimen castrista encarceló al poeta Heriberto
Padilla acusándolo de contrarrevolucionario, para después obligarlo a
firmar una carta de arrepentimiento. Un grupo de 61 intelectuales, entre
los que se contaban Jean-Paul Sartre, Alberto Moravia, Carlos Fuentes y
Mario Vargas Llosa, firmó una solicitada descreyendo de tal carta y
denunciando a Castro por usar métodos de represión estalinistas.
Benedetti, en cambio, publicó un artículo en defensa del régimen en el
que afirmaba que entre la revolución y la literatura, había que escoger
la primera.
- Por la misma época,
Benedetti se dedicó a fustigar a la democracia uruguaya, abonando el
terreno para quienes buscaban derribarla a tiros: los tupamaros. “Se fue
generando un clima favorable a la guerrilla, y en esa tarea Benedetti
tuvo una influencia importante”, explica el analista Hebert Gatto,
estudioso de la ideología tupamara. Como parte de esa campaña, publicó
en 1971 la novela El cumpleaños de Juan Ángel, un alegato en favor de la
lucha armada. Pero el “compromiso” de Benedetti no se restringió a la
propaganda, sino que en 1971 asumió un rol más activo desde la dirección
del Movimiento 26 de Marzo, el brazo político de los tupamaros,
ejerciendo tareas clandestinas que incluyeron la de alojar en su
departamento a Raúl Sendic, cabecilla de la banda terrorista.
- A lo largo de sus
años de actuación, los tupamaros demostraron una notable voracidad
financiera. En sólo una semana atracaron 9 bancos, aunque el botín más
sustancioso lo obtuvieron al robar dos casinos y la General Motors. No
se sabe con exactitud cuántos miembros activos llegó a tener el MLN,
pero las fuentes históricas manejan cifras que oscilan entre los 6.000 y
10.000 combatientes, que fueron derrotados por el Ejército en 1972,
perdiendo lo que ellos llamaban la “guerra revolucionaria”.
- El proceso de
quiebre institucional iniciado por los tupamaros una década atrás
concluyó en 1973, aunque no de la forma esperada por ellos, con una
revolución armada que culminara en el asalto al poder, ni con un golpe
militar de izquierda, a la manera de Alvarado y Torres, como pretendía
el Partido Comunista desde febrero de ese año. En vez de esto, el
presidente Bordaberry disolvió el Parlamento e instauró un Consejo de
Estado, cogobernando con las Fuerzas Armadas.
- Entonces fue el
turno de Benedetti de partir al exilio. Entre 1976 y 1980 recaló en
Cuba, pero luego prefirió, como muchos otros de sus camaradas, probar
las mieles del capitalismo europeo.
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En 1984, como
columnista de El País de Madrid, Benedetti polemizó en defensa del
gobierno de Castro con los escritores españoles Juan Goytisolo y José
Ángel Valente, que lo acusaron de mentir descaradamente.
- Otra polémica
famosa fue la que sostuvo sobre el mismo tema con Mario Vargas Llosa,
quien dijo que “para Benedetti, que un gobierno exilie, encarcele o mate
a sus adversarios es menos grave si lo hace en nombre del socialismo”.
En el 2003, un grupo numeroso de opositores a Castro fue condenado a
penas de 25 años de cárcel y varias personas que habían intentado
escapar de Cuba fueron ejecutadas. En ese momento, hasta un comunista de
toda la vida como José Saramago sentó su protesta. Pero Benedetti se
limitó a decir en una entrevista: "Tampoco es cuestión de rasgarse las
vestiduras por cinco ejecuciones (...) Por cinco que mataron en Cuba hay
tanto escándalo".
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Mantuvo la
postura intolerante hasta en sus últimos años. Cuenta su secretario
personal, Ariel Silva, que “si una revista se imprimía en Miami,
entonces no le daba la entrevista”. A un ex compañero de militancia que
quiso hablar con él para explicarle por qué ya no adhería a la
izquierda, se negó a recibirlo tildándolo de “traidor”. Y hasta llegó a
decir que la historia política del Uruguay previa al gobierno del Frente
Amplio era de “174 años de gobiernos de derecha”. Un completo disparate,
en el país que conoció la legislación social de avanzada de José Batlle
y Ordoñez, la “sustitución de importaciones” de Luis Batlle y la
experiencia desarrollista del segundo gobierno blanco.
- Hoy en día, el
partido que él fundara, el Movimiento 26 de Marzo, es miembro del
Congreso Bolivariano de los Pueblos, organización digitada por
Venezuela, estrechamente vinculada al Foro de Sao Paulo y al ALBA e
integrada por el Movimiento Al Socialismo de Evo Morales, el MLN y todos
los partidos comunistas latinoamericanos.
- Mario Benedetti,
por su parte, recibió la última distinción de su vida de manos del cuasi
dictador venezolano Hugo Chávez, quien le otorgó la Condecoración
Francisco de Miranda.
- Si ha leído hasta
aquí, dudo que todavía le queden ganas de llorarlo.

-
- Emilio Martínez
Cardona (*)
-
ciudadanoxbolivia@gmail.com
*
Escritor y periodista
uruguayo-boliviano. Premio Municipal de Literatura de Montevideo 2001.
Autor del libro "Ciudadano X: la historia secreta del evismo", una
mirada crítica al régimen de Evo Morales
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Comentario escrito por Iliana Curra el 01.06.2009 a las 13:53:30:
Felicitaciones. Esto es lo mejor que he leído sobre este engendro intelectual que apoyó toda su vida a la dictadura castrista. Realmente patético y bochornoso para las letras. Mis saludos,
Comentario escrito por Hernán Rubin el 01.06.2009 a las 17:43:35:
Gracias por extender la información sobre este llorón de trivialidades, a quien nunca pude accederle en poesía, porque detesto los llantos bobos, y el ver en los demás la culpa de las desgracias propias. Como buen estalinista, lo que no sabía que fuese, fue entonces un llorón impostor: un llantófago, que comió del llanto y los Castro, sus patronos. Esto del llanto es una categoría que he creado, por mi desprecio a los llantos impostores: los llantos falsos por los pobres, por los afrodescendientes, por los indios, por los haitianos, por las estatuas de Colón, etc., etc. Llantófagos son Cilia Flores y la vieja periodista que le hace eco y comparsa en la Asamblea y cuyo nombre, gracias a Dios, nunca recuerdo. Chávez es un llantócrata y con sus focas jala-mecate conforman la llantocracia. Yo, me he declarado llantófobo.
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