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La obsesión anti-israelí
Israel
Publicado el 18.11.2006 09:13 Por Julián Schvindlerman
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“Tenía el
alma encogida. Llevaba menos de tres horas en Palestina y ya me sentía
asfixiada por Israel” –María Messa en “El
Puntal” de Río IV, 1/10/06.
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En mi
experiencia profesional como historiador del conflicto palestino-israelí
he estado expuesto a diversos textos tendenciosos y prejuiciosos por
parte de observadores supuestamente neutrales y objetivos, y ciertamente
la nota de María Messa -“Palestina: sin derecho a réplica”- es un claro
exponente de esta corriente. Por razones de espacio sería imposible
refutar punto por punto cada una de sus disparatadas difamaciones (su
referencia a los “protocolos” y al shekel israelí como supuesta
evidencia del expansionismo hebreo así como su aseveración de que Israel
tiene como meta la eliminación de todos los palestinos del mundo, son
verdaderas gemas en el arte de la propaganda moderna) con lo cuál
quisiera solamente focalizarme en el maniqueísmo que plaga su columna,
puesto que éste es revelador de una intencionalidad inexcusable.
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La
caricatura es tan obvia que linda con lo patético. Los palestinos, según
la autora, “son gente excepcional, personas amables y de buen corazón”.
Su chofer palestino resultó ser “un hombre de cara amable y barba
blanca”. Ramallah “es una ciudad alegre” y sus habitantes son “amables,
alegres y hospitalarios”. Y, a pesar de sus penurias, “en Palestina la
gente ríe”. En contraste, no hallaremos en su nota una sola
caracterización remotamente positiva hacia los israelíes. Los soldados
que protegen sus fronteras posen “mirada inquisidora”. Israel se
comporta “como un vulgar ladrón” y con la “paranoia de quien se sabe
criminal”. Los líderes del estado “son sin duda criminales de guerra de
la talla de Hitler, Himmler, Goering [y] Eichman”. Los sionistas “matan
indiscriminadamente”, la valla de seguridad antiterrorista pasa a ser en
los ojos de la autora un “muro de apartheid”, y cruzar las puertas de
hierro de los checkpoints, en su impresión, “era como pasar por
los anillos del infierno”. Si uno necesitara un caso de estudio de
absolutismo periodístico, la nota de María Messa sería todo un
paradigma.
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Esta
articulista, sin embargo, no opera en el vacío. Su cosmovisión es
compartida por muchos. Lejos de ser un caso aislado, refleja un patrón.
La simpatía reinante hacia el pueblo palestino es evidente. Y no hay
nada de malo en ello per se. Es solo que hurgando un poco en las
razones de esa simpatía es que nos adentramos en las verdaderas
motivaciones -no siempre santas- de muchos de estos leales seguidores.
¿Será empatía con las percibidas víctimas en general las causas del
sentimiento pro-palestino? Puede ser, pero en cualquier caso resulta
llamativo que verdaderas situaciones de opresión y genocidio (Sudán,
Mauritania, Congo, Ruanda, etc) no hayan despertado equivalente
compasión, por no decir atención y dedicación de artículos, por parte de
estas almas sensibles. ¿Será entonces indignación frente al cercenado
derecho a la auto-determinación de los palestinos? Puede ser, pero
resulta extraño entonces la ausencia de denuncias similares dada la
supresión del nacionalismo de tibetanos, kurdos, vascos, irlandeses,
etc. ¿Será entonces preocupación puntual por la tragedia palestina?
Puede ser, pero en ese caso luce exótico el hecho de que cuando los
palestinos han sufrido en manos de sus propios hermanos árabes (sea la
represión durante el septiembre negro jordano a principios de los años
setenta o la expulsión en masa de cientos de miles de trabajadores
palestinos de Kuwait y Arabia Saudita a comienzos de los años noventa)
haya sido inaudible la protesta de estos adalides de los desposeídos.
Daría la impresión de que, en realidad, los palestinos estarían siendo
manipulados como vehículo para la exteriorización de un sentimiento
hostil a Israel.
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A excepción
quizás de los Estados Unidos de George W. Bush, ningún país es tan
regularmente tildado de nazi, fascista, imperialista, colonialista,
expansionista, genocida y segregacionista como Israel lo es. Influyentes
intelectuales han transformado en el campo de la opinión pública al
estado judío en una entidad repugnante y peligrosa comparable a la
Alemania nazi o a la Sudáfrica del Apartheid, pasando así de la crítica
a la condena y de allí a la demonización de toda una nación. Al hacerlo,
le adicionan saña a la ya dañina tendenciosidad. Nuestro desafío yace en
distinguir la crítica razonable del ataque odioso. Obviamente, criticar
determinadas políticas israelíes es juego limpio. No es solamente
legítimo, sino necesario, dado que Israel es una nación perfectible. El
asunto es que todas las naciones lo son, y tomar solo al estado judío
para el escrutinio moral de entre una pluralidad de naciones imperfectas
es un acto discriminatorio.
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- Quisiera ser
claro en esto: sería incorrecto, desde ya, vincular automáticamente toda
crítica a Israel al prejuicio o al odio. No obstante, sería igualmente
equivocado ignorar el hecho de que a veces el nexo efectivamente existe.
Cuando la condena a Israel es tan impiadosa, selectiva, desproporcionada
y absoluta como en la nota de María Messa, cuando una nación entera, y
no tal o cuál política, es puesta en el banquillo de los acusados,
entonces inadvertidamente o no, la fina línea divisoria que separa la
crítica válida de la condena prejuiciosa ha sido cruzada. Y los
observadores imparciales deberían poder reconocer que lejos de estar
solidarizándose con los palestinos, Messa & Cía. están, de hecho,
usándolos.
Julián Schvindlerman
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