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Hace unos años leí en la prensa y la noticia fue muy comentada, que un
preso de una cárcel venezolana había sido liberado después de 23 años de
prisión pues se descubrió que era inocente. Sentí una tristeza muy
grande y como cristiano me sentí angustiado por semejante iniquidad.
Comentaban en la época que una famosa tribu del momento era la culpable
de tal injusticia y de tamaña violación de los derechos humanos. En
estos días he querido repasar un poco algo de la historia de finales del
siglo diez y nueve.
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Y una buena
manera de recordarla fue leyendo unos salmos de la Sagrada Escritura
donde con palabras muy fuertes se condena la iniquidad de los jueces. El
salmo 58 reza lo siguiente: “Oh, jueces y príncipes, imparten en
verdad justicia? Juzgan según derecho a los hijos de Adán? Antes en el
corazón maquinan iniquidades; hacen pesar la violencia de sus manos en
la tierra… Veneno tienen como veneno de serpiente; son como el áspid
sordo que cierra su oído”.
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Es David que se acuerda de cómo fue acusado falsamente por traidor.
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Saúl, el primer rey de Israel dirige y manipula los hechos y declara a
David como lobo fuera de ley a quien cualquiera puede matar y nadie debe
proteger. David al componer el salmo 58 se acuerda de esa iniquidad y
pide en su oración hablando de los jueces inicuos :"Oh Dios, rompe sus
dientes en sus bocas”. No para que se mueran de hambre sino para que no
devoren a otros. David acusa a los jueces inicuos de corrupción en el
gobierno por su falsedad, por su mala intención y por su mala
conciencia. Ya un profeta como Daniel desenmascara a los jueces inicuos
que condenaban a Susana. Y ahora sí vayamos a 1894 que es el objetivo
de estas reflexiones.
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Un capitán del ejército francés es condenado a cadena perpetua por
traición a la patria. Es un motivo muy invocado cuando se trata de
hundir a una persona que no está de acuerdo con ciertas maneras de
proceder o con la ideas de los gobernantes de turno. Y el capitán
Alfredo Dreyfus empezó a sufrir la terrible cruz de una prisión francesa
muy cerca de Venezuela, la Isla del Diablo. Y todos los venezolanos
recordamos una novela de hace años titulada Papillon.
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Un
intelectual francés, un novelista, Emilio Zolá , saca a la luz pública
el escándalo: Dreyfus ha sido acusado y condenado injustamente. Yo
acuso. Así se titula el artículo más famoso en la historia del
periodismo. Dicen lo que saben de eso. Más que un artículo es una carta
al Presidente de la República Felix Faure escrita el 12 de enero de 1898
y publicada en La Aurora al siguiente día. El tigre Jorge Clemenceau
director del periódico tuvo que tener un gran momento de satisfacción.
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Recuerdo acá solamente uno de los primeros párrafos de esa carta: “Es mi
deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el
espectro del inocente que expía a lo lejos cruelmente torturado, un
crimen que no ha cometido”. J`Accuse es el detonante de una bomba
armada por jueces inicuos al servicio tarifado del Estado. Como
cristiano pido a Dios que nos libre de todos los jueces inicuos del
mundo. Son culpables de tantas y tan graves injusticias cometidas. Son
culpables de prisiones injustas que hermanos nuestros,( somos hijos de
Dios), han tenido que soportar durante años.
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En el África
del Sur un líder de esa comunidad estuvo injustamente preso durante
años, solamente por el delito de no estar de acuerdo con la situación de
injusticia, de violencia y de discriminación racial que vivía su
pueblo. Como cristianos pedimos a Dios que nos libre de los jueces
inicuos que lo son por ignorantes, por maliciosos, por tarifados, por
arbitrarios y por inhumanos. Puede mal interpretarse lo que voy a
escribir pero así lo pienso: prefiero un delincuente fuera de la cárcel
y no a un inocente condenado injustamente.
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La cuenta que los jueces inicuos tienen que dar a Dios es terrible.
Oremos por ellos para que se arrepientan de su maldad y Dios tenga
compasión en el momento del juicio definitivo. Oremos por todos los
jueces del mundo para que nunca se dejen presionar por ningún poderoso
que los invite a manipular o malinterpretar leyes y reglamentos.
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Mérida 11 de febrero de 2006.
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Mons. Luis Alfonso Márquez Molina
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Obispo Auxiliar de Mérida