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YO ACUSO A LOS JUECES INICUOS

Venezuela vive tiempos terribles

Publicado el 11.02.2006 08:52
Por Mons. Luis Alfonso Márquez Molina


Hace unos años leí en la prensa y  la noticia fue muy comentada, que  un preso de una cárcel venezolana había sido liberado después de 23 años de prisión pues se descubrió que era inocente. Sentí una tristeza muy grande  y  como cristiano  me sentí angustiado por semejante iniquidad. Comentaban en la época que una famosa tribu del momento era la culpable de tal injusticia  y de tamaña  violación de los derechos humanos. En estos días he querido repasar un poco algo de la historia de finales del siglo diez y nueve.
 
Y una buena manera de recordarla fue leyendo unos salmos de la Sagrada Escritura donde con palabras muy fuertes se condena la iniquidad de los jueces. El salmo 58 reza lo siguiente: “Oh, jueces y príncipes,  imparten en verdad  justicia?  Juzgan según derecho a los hijos de Adán? Antes en el corazón maquinan  iniquidades; hacen pesar la violencia de sus manos en la tierra… Veneno tienen como veneno de serpiente; son como el áspid sordo  que cierra su oído”.
 
Es David que se acuerda de cómo fue acusado falsamente por traidor.
 
Saúl, el primer rey de Israel dirige y manipula los hechos y  declara a David como lobo fuera de ley a quien cualquiera puede matar y nadie debe proteger. David al componer el salmo 58 se acuerda de esa iniquidad y pide en su oración hablando de los jueces inicuos :"Oh Dios, rompe sus dientes en sus bocas”. No para que se mueran de hambre  sino para que no devoren a otros. David acusa a los jueces inicuos de  corrupción en el gobierno por su falsedad, por su mala intención y por su mala conciencia. Ya un profeta como Daniel desenmascara  a los jueces inicuos que condenaban a Susana. Y ahora sí vayamos a  1894 que es el objetivo de estas reflexiones.
 
Un capitán del ejército francés es condenado a cadena perpetua por traición a la patria. Es un motivo muy invocado cuando se trata de hundir a una persona que no está de acuerdo con  ciertas maneras de proceder o con la ideas de los gobernantes de turno. Y el capitán Alfredo Dreyfus empezó a sufrir la terrible cruz de una prisión francesa muy cerca de Venezuela, la Isla del Diablo. Y todos  los venezolanos recordamos una novela de hace años  titulada  Papillon.
 
Un intelectual francés, un novelista, Emilio Zolá , saca a la luz pública el escándalo: Dreyfus ha sido acusado y condenado injustamente. Yo acuso. Así se titula el artículo más famoso en la historia del periodismo. Dicen lo que saben de eso. Más que un artículo es una carta  al Presidente de la República Felix Faure escrita el 12 de enero de 1898 y publicada en La Aurora al siguiente día. El tigre Jorge Clemenceau  director del periódico  tuvo que tener un gran momento de satisfacción.
 
Recuerdo acá solamente uno de los primeros párrafos de esa carta: “Es mi deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro del inocente que expía a lo lejos cruelmente torturado, un crimen que no ha cometido”.  J`Accuse es el detonante  de una bomba  armada por jueces inicuos al servicio tarifado del Estado. Como cristiano pido a Dios que  nos libre de todos los jueces inicuos del mundo. Son culpables de tantas y tan graves injusticias cometidas. Son culpables de prisiones injustas que  hermanos nuestros,( somos hijos de Dios), han tenido que soportar durante años.
 
En el África del Sur  un líder de esa comunidad estuvo injustamente preso durante años, solamente por el delito de no estar de acuerdo con la situación de injusticia, de violencia  y de discriminación racial que vivía su pueblo. Como cristianos pedimos a Dios que nos libre de los jueces inicuos que lo son por ignorantes, por maliciosos, por tarifados, por arbitrarios  y por inhumanos. Puede mal interpretarse lo que voy a escribir pero así lo pienso: prefiero un delincuente  fuera de la cárcel y no a un inocente condenado injustamente.
 
La cuenta que los jueces inicuos tienen que dar a Dios es terrible. Oremos por ellos para que se arrepientan de su maldad y  Dios tenga compasión  en el momento del juicio definitivo. Oremos por todos  los jueces del mundo para que nunca se dejen presionar por ningún poderoso que los invite a manipular o malinterpretar leyes y reglamentos.
 
 
 
Mérida  11 de febrero de 2006.
 
Mons. Luis Alfonso Márquez Molina 
Obispo Auxiliar de Mérida
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