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ELIAHU TOKER: POESÍA EN PRIMERA PERSONA
Sociales
Publicado el 11.11.2005 18:40 Por E. Toker
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La poesía es como un sueño, es un texto con
huecos, que nos incluye y que sigue creciendo dentro de nosotros. Y su
materia prima es una palabra cargada de emoción. Esa palabra conmovida,
intimida a veces y parecería que hace falta ser también poeta o un estudioso
de la literatura para disfrutar de la poesía. Pero la poesía, como toda obra
de arte está hecha para que cada uno, absolutamente todos la disfruten.
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En la entrada del Museo de Bellas Artes de
Boston existe un cartel que dice:
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Relájese. El arte está hecho para inspirar.
No para intimidar.
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No existe una manera correcta de mirar una
obra de arte.
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No existe una manera incorrecta.
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Sólo existe su propia manera.
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Relájese. Este es un museo, no un test.
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Esto puede aplicarse también a la poesía.
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Escuchen este sencillo texto del
poeta francés Jacques Prevert:
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Echó café en la taza. Echó leche
en la taza de café. Echó azúcar en el café con leche. Con
la cucharilla lo revolvió. Bebió el café con leche. Dejó
la taza sin hablarme. Encendió un cigarrillo. Hizo anillos de
humo. Volcó la ceniza en el cenicero. Sin hablarme sin mirarme.
Se puso de pié. Se puso el sombrero. Se puso el
impermeable porque llovía. Se marchó bajo la lluvia sin
decir palabra sin mirarme. Y me cubrí la cara con las manos. Y
lloré.
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El tema de la palabra poética resuena en mí
desde la experiencia poética misma, por dos caminos que se alimentan
mutuamente: El de escribir poesía y el de traducir poesía. Dos experiencias
signadas por un violento y amoroso forcejeo con el propio idioma para que
diga lo indecible, un forcejeo como el del patriarca Jacob con el ángel para
que me bendiga.
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Desde hace muchos
años y muchos libros vengo haciendo eso de escribir poesía; sin embargo me
resisto a presentarme como poeta. Alguna vez estudié arquitectura y la
ejercí durante veinte años. Y aunque hace otros veinticinco que abandoné esa
profesión no tengo empacho en reconocerme arquitecto. Un título
universitario me avala. ¿Pero poeta? La poesía me sucede, escribe a través
de mí, y no siempre me encuentra permeable para atravesarme y hacerse
palabra. Tengo iluminaciones pero no soy un iluminado. Alguna vez lo dije
así:
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No soy el gran poeta del salto planetario / o
la palabra oceánica. / soy el pequeño artesano / que sigue, alumbrado por su
verso, / el calor de su propia angustia / o el recorrido pluvial de la
ternura / sobre el reverso de su piel. // soy el oído desplegado sobre sí
mismo / desde el paladar hasta la planta de sus pies / descifrando pausada,
tensamente, / la oscura línea de fractura / entre sueño y piel.
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Borges decía que “La poesía no se elige, no
es una profesión. Simplemente sucede que a veces habla en uno.” Otro autor,
menos prestigioso que Borges pero más gráfico, decía que escribir poesía es
una cosa muy sencilla.
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Todo lo que hay que hacer es sentarse ante
una hoja de papel en blanco y abrirse una vena.
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Partiendo de la
confesada ignorancia de los poetas acerca de la fuente de su propia
inspiración, Freud equiparaba la tarea poética al juego infantil,
sosteniendo que ambas, al igual que el humor y la fantasía adultas,
procurarían hacerle pase de magia, hacerle como los toreros al toro, una
verónica a la realidad, para escapar de ella y procurarse placer. No sé si
es exactamente eso.
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Para mí, lo que hace la poesía es tratar de
expresar, forzando el lenguaje, algunas sensaciones, emociones, imágenes,
que se nos imponen y para las que no nos alcanzan las palabras comunes, las
palabras transitadas. Y el desafío consiste, precisamente en decir eso
indecible, con las palabras comunes a todos, transitadas por todos.
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Yo diría que la relación entre el poeta, la
realidad y el placer o entre el humor y la realidad, admite muchísimos
matices y se me ocurre bastante complejo y diverso. Finalmente la menor
mirada, el menor contacto, la mínima entonación, todo es máscara y
transparencia, todo es texto y traducción, interpretación. Exorcismo de
miedos y fantasmas mediante la sutil materia de la palabra, en el límite del
misterio que somos. Y la tarea del poeta es la de andar delicadamente sobre
el filo de la transparencia sin caer en ella; sosteniendo el escándalo de la
ambigüedad, de la intuición, del deseo, de la ternura, de lo que
verdaderamente nos preocupa, nos conmueve, este enigma que nos constituye,
un espanto y una belleza insoportables.
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Para decirlo con las palabras del
gran arquitecto americano Louis H. Sullivan:
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Uno no ve nada, en cuyo caso está
satisfecho.
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Pero una vez que uno ha penetrado
bajo la superficie uno ve tanto que se asombra; luego ve un poco
más y se desconcierta; otro poco aún, y se asusta, otro poco más
y se enamora apasionadamente; otro poco más y se llega a un
estado morboso.
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Más allá no sé qué sucede, no he
ido más lejos.
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Yo creo que la facultad poética se conjuga en
la primera persona del singular, y su punto de partida es abrirse a la
conciencia de ser parte del misterio, aprendiendo a desconocerse, a mirarse
como a un otro, a saber que uno es diferente de todos los demás, del mismo
modo que lo son todos los demás. El arte poético comienza estando al acecho
de las propias emociones y cazándolas vivas, con una red de palabras antes
de que se enfríen,. Al menos ésta es mi experiencia. Mis poemas nacen cuando
ellos quieren. Salvo cuando una conmoción extraordinaria da a luz de un
tirón un poema que no permite que le corrijan una coma, --me sucedió alguna
vez bajo impacto de cierta muerte imposible-- salvo ese caso, mis poemas se
construyen por oleadas, a partir de una suerte de iluminación, que rescata
de las tinieblas un resquicio en el misterio que me constituye, o brinda
volumen a una inesperada relación conmovedora con algo que me rodea o me
sucede. Entonces, en una especie de sueño a ojo abierto, en una sobria
borrachera de imágenes y palabras, la pluma se vuelve una prolongación del
brazo, del cuerpo y comienza a balbucear sobre el papel un texto, a menudo
informe, mientras uno, inclinado sobre sí mismo, se observa escribir, en un
extraño desdoblamiento. Uno escribe a veces gozosa, torrencialmente, y a
veces con la oscura sensación de andar territorios peligrosos, arrancándose
palabras del silencio y las tinieblas, haciendo equilibrio sobre el borde
mismo de lo absoluto y la locura.
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Cuando ese
momento concluye uno encuentra sobre el papel un material recién nacido,
palpitante, retazos palabreros de un sueño, demasiado empapados todavía de
uno mismo como para juzgarlo, como para corregirlo. Aprendí a olvidar
prolijamente ese sedimento rico e informe hasta que se enfría. Recién
entonces lo puedo retomar, y puedo discriminar con sentido crítico qué
palabras, qué imágenes no perdieron la conmoción original y siguen vivas.
Allí comienza una otra manera de la creatividad, la verdadera aventura de
construir el poema, suerte de montaje poético con algo de sueño conducido,
teniendo por herramientas la intuición en una mano y el oficio en la otra.
Ahí comienza el oficio del poeta, pulir, corregir, escuchar y sentir cada
palabra como nueva, como ajena. Oscar Wilde solía decir que a un poema hay
que trabajarlo tanto, hasta que parezca no haber costado ningún trabajo. El
objetivo a lograr es un poema que provoque, por resonancia una conmoción
similar a la de aquella iluminación primera.
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Para lograrlo uno vuelve y vuelve a pulir el
texto, afinando la sonoridad y desbrozando el follaje palabrero para que,
con las palabras más sencillas resplandezca al trasluz la idea poética, el
descubrimiento a compartir. Vaya como ejemplo que yo quiero:
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La pesada plancha y la tijera de sastre /
tenían la forma de las manos de mi padre.
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El día y la noche, el dinero y la miseria /
tenían la forma de las manos de mi padre.
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La bronca y la dicha, el poder y la vergüenza
/ tenían la forma de las manos de mi padre.
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El frío y la sombra, el llanto y la esperanza
/ tenían la forma de las manos de mi padre.
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La mesa y la casa, la risa y la tristeza /
tenían la forma de las manos de mi padre.
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Cuando salí a la calle y me mire las manos /
tenían la forma de las manos de mi padre.
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Mi padre tenía
unas hermosas manos y este poema nació como una simple evocación poética de
su mundo, a partir de un verso que se me fue imponiendo por su propia
cadencia:
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TENÍAN LA FORMA DE LAS MANOS DE MI PADRE.
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Al ir construyendo el poema se me impuso por
su propio peso y para mi propia sorpresa ese último par de versos que
resignifican a todos los demás y sin los cuales el poema no existe:
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CUANDO SALÍ A LA CALLE Y ME MIRE LAS MANOS
TENÍAN LA FORMA DE LAS MANOS DE MI PADRE.
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Yo que tanto quería diferenciarme de él, que
creía haberlo logrado, era puesto por ese verso frente a un espejo desde el
que yo me miraba con su rostro; un espejo al que no podía desmentir.
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En el caso particular de mi poesía, los temas
familiares ocupan un lugar importante, movido por las conmociones más
viscerales. Dediqué a la muerte de mi madre un largo Kadish que abría un
poemario que titulé, consciente y paradójicamente, LEJAIM, por la vida. Por
otra parte, a la muerte de mi padre –a mi edad estamos hechos también a la
medida de estas experiencias—a la muerte de mi padre, le dediqué un largo
capítulo en el penúltimo libro de poemas mío, titulado PADRETIERRA. Allí
escribí, entre otras cosas:
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Frente a su ataúd me rasgaron la ropa
/dejando mi orfandad a la intemperie. Convoqué a papá, el sastre, /y él se
incorporó en su caja /a zurcirme el desgarrón con puntada prolija y menuda.
//Sin hilo /tiraba una y otra vez de la aguja y la herida iba haciéndose
/más ancha y más profunda.
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Y también
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En cuanto llego a casa telefoneo a mi padre
/distraído de que acaba de estrenar ausencia. / De pronto me acuerdo y corto
de inmediato, / no sea que papá atienda.
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Pero no sólo de muerte están hechos los
poemas íntimos, familiares. De mi mujer escribí:
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Clara lava la vajilla //Toma afectuosamente
un plato /y como si le enjabonara / el pecho y la espalda a un chico, /lo
enjabona cuidadosamente /del revés y del derecho. / Acariciándolo luego con
toda la mano /de ambos lados / lo enjuaga bajo el grifo /para dejarlo / de
pie en la rejilla de madera, / recién bañado, / chorreando agua como un
chiquito. //
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Después toma otro plato y otro y otro, / y
luego los vasos, las tazas, los cubiertos /uno a uno / y trata a todos con
idéntica ternura /con una dedicación pareja, / con ese afecto /que alienta
en cada uno de sus gestos.
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Como ven, en mi poesía, sobre todo en la
familiar, privilegio la imagen sencilla, expresiva. De mis hijos, siendo
chicos, escribí: Una ardilla y una paloma /se apropiaron la geografía de
nuestra casa. //Mi hijo la ardilla, dispara pies y manos /con la velocidad
de la mirada. /Sólo se detiene ante las cosas que se mueven,/ arma barcos
enormes con sillas y almohadas /y desarma argumentos con unos ojos negros /
listos para la fantasía y para la humorada. // Mi hija la paloma, anda con
paso afectuoso por la casa. / Dándose tiempo acuna sus muñecas, / arropa la
tortuga y sonríe con toda la cara. / Su paso se demora frente al espejo /
descubriendo su cuerpito /perfumado por la gracia. // Cuando la ardilla y la
paloma duermen/toda la casa, solemne de pronto, calla.
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Y mis poemas más recientes, como supondrán,
tienen por personajes a mis nietos. Algunos textitos cortos
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PASEO: Vamos, su manito en mi mano,/¿pero
quién conduce a quién?/Yo lo llevo a la plaza, él, a mi niñez./A la mano de
mi padre,/--grande, nerviosa, callada--/a las manos de mis hijos,/la alegre
y vivaz de su madre,/la inquieta de su tío... //Pero llegamos a la
plaza:/Abro mi mano /y las suyas se hacen alas.
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EXTRAÑO PÁJARO: Desde hace años está
prohibido / circular por Buenos Aires a caballo/ Pero Martín, trasgresor
nato, /no tiene empacho en andar por la avenida /a cara descubierta,
cabalgando /Montado sobre mis hombros va al trote /y para peor, cantando/
Sus piernitas en mis manos, sus brazos extendidos /somos una extraña suerte
de pájaro/ Y así, entre vuelo y canto /se nos va la tarde, galopando. (Marzo
2001)
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El MIEDO de los BUENOS: Martín es Tarzán,
Batman y El Zorro, /un Power-Ranger, un pirata y Superman. / Fuerte y
valiente, a espada o puño limpio /lucha casi siempre del lado de los buenos.
/ De pronto se detiene y pregunta: / “¿Los malos también tienen miedo?”
(Febrero 2002)
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ZOOLÓGICO: En su primera visita al Zoológico
/Martín observó a los animales:/El león y el “hipopota”/ le dieron miedo y
le resultaron malos / por sus rugidos uno, por su bocaza el otro/ En cambio
el elefante, la jirafa y los monos/eran, a sus ojos, buenos “mostros”.
//También así, a su manera, observa a la gente:/ Uno lo presenta orgulloso a
un amigo / y Martín, tras echarle un vistazo/ le descerraja tajante un “no
guta”/ y se abraza fuerte a uno /o simpatiza con el amigo a primera vista /
y le sonríe con todo el rostro/ Temprano descubrió Martín/que el mundo todo
es un zoológico. (Abril 2001)
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Espero no haber aburrido demasiado a quienes
no tienen nietos. Además, no sólo de temas familiares está hecha mi poesía.
Allá por 1980 publiqué un libro de poemas que titulé HOMENAJE a ABRAXAS.
Abraxas es una divinidad que aparecía en el Demián de Herman Hesse, una
divinidad que reunía en sí al mismo tiempo lo angélico y lo demoníaco, y esa
imagen me interesó, fue un descubrimiento de mi madurez, quebrando lo
esquemático, la mirada rígida de buenos y malos como entes separados. Los
héroes bíblicos son todos humanos, multifacéticos. Y ese poemario mío
comenzaba precisamente con un poema que decía así:
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Exagero /como las pesadillas y los cuentos
/para no mentir ni que me crean. //Soy la doble imagen del espejo, /judaísmo
diestro: mano sonrisa y sueño;/judaísmo siniestro: ojo, cerebro y culpa./Uno
me ata a la vida, el otro a la palabra yerta;/uno me nutre, el otro me
atormenta; /uno me enorgullece, el otro me avergüenza;/uno me rejuvenece, el
otro me avejenta./Soy simultáneamente la gran ciudad y la pequeña aldea;/el
vuelo loco y la piedra; /la superstición, la sutileza, la aristocracia y la
miseria. / /
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Como las pesadillas y los cuentos/
exagero/para no mentir ni que me crean.
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A esta misma línea pertenece mi poema “Los
dueños de las dudas” que dice así:
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En la vereda de enfrente /están los dueños
de la verdad escriturada, /los propietarios de la seguridad /del ignorante;
/de este lado estamos nosotros, / los dueños de las dudas /sentados a una
larga mesa en llamas. //Somos / los que sabemos que no sabemos./Los que
sabemos que no es luz esta claridad, /que este permiso no es la
libertad,/que este mendrugo no es le pan /y que no existen una sola realidad
/ ni una única verdad. // Somos / los hijos de los profetas /pero también
hijos de aquellos / a quienes los profetas maldecían; / somos/ los que
desafinan en los coros de los istas. // Somos / los que confían en la marcha
de la historia / sin darla por sobreentendida. / Escépticos y
optimistas, /compartimos el pan de la duda, / sentados a una larga
mesa en carne viva.
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También hay
poemas míos, producto de algunos viajes a sitios que me conmovieron, como
Masada:
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Aferradas como manos a la roca judía, /las
ruinas siguen de pie, prestando testimonio. / Trescientos metros más abajo /
los romanos, hechos polvo, /son fantasmas que amenazan todavía la memoria.
// Sin territorio bajo su tierra, /con una Biblia en su pasado /y un futuro
de profetas, / Israel sigue cercada en el recuerdo /por hordas nazis que
queman el ghetto de Masada, /mientras las fortalezas de Vilna y de Varsovia
/caen en manos de las legiones romanas.
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Y el siguiente está escrito tras andar
Jerusalém antigua:
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Rodeada de murallas /cuya caída vuelve a
estallar en la memoria / con las copas quebradas/ bajo los palios nupciales,
/ Jerusalem antigua, / anclada en Israel tras todos los exilios, /yergue su
muro judío /palpado y hendido por manos familiares / que deslizan mensajes
en sus brechas / para que el muro intervenga en su destino.
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Bueno, creo que
ya es tiempo de detenerme. Termino con un poemita cuyo epígrafe un refrán
ídish “Vivir vale la pena aunque sólo sea por curiosidad”.
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Este textito se titula “Escrito en sueños” y
dice:
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En cualquier lugar, siempre que sea aquí
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En cualquier momento, siempre que sea ahora
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De cualquier color, siempre que sea azul
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En cualquier lengua, siempre que sea en ídish
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¡Muchas gracias!
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Eliahu Toker
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Caracas, 7 de Noviembre de 2005
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En la casa de Ena y Eliécer Rotkopf
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tokere@uolsinectis.com.ar
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