La torpeza del Consejo de Europa y una reflexión de Baruch Spinoza

31 de octubre de 2013

Circuncisión

 
 
Muchas discusiones ha suscitado el reciente acuerdo de la Unión Europea acerca de la práctica de la circuncisión entre los niños de muy corta edad. La mayoría de ellas se dirigen a impugnar dicha medida. Su acérrima defensora es también “la autora del informe en el que se basa la resolución, la socialista Marlene Ruprecht”  y ha declarado que se trata claramente de una violación de los derechos humanos. Parece que sus padres le hicieron abrir agujeros en las orejas para el uso de pendientes y aún no ha superado el trauma. Curiosamente no hemos visto que esta práctica esté incluida entre las violatorias de los derechos humanos. 

Pero más allá de las ironías, no podemos aceptar, como el gobierno de Israel y diversas autoridades judías e islámicas que han protestado enérgicamente contra la comparación entre la mutilación genital femenina, la circuncisión y los tatuajes y piercings. El informe de la Sra. Ruprecht está basado en tergiversaciones u omisiones de los informes médicos—y no pocos—que han declarado inofensiva—y en muchos casos, beneficiosa– para la salud física y mental la circuncisión masculina. No existe otra, pues la bárbara práctica tribal que se realiza con las niñas en ciertos países no es esto, llamado así por una franca manipulación del lenguaje.  

Hay que señalar que no hace mucho, Suecia se había pronunciado de un modo similar y había jugado con la idea de prohibirla. Parece que las razones provienen de las feministas radicales, como la pastora Annika Borg y la que declara su inspiradora, la teóloga judía Judith Plaskow. Puede consultarse un resumen de la cuestión  en el que todo parece tener como raíz acabar con el patriarcalismo, en especial el religioso. Parece que quien ostenta una tradición de forma ortodoxa (que ellas consideran  visión patriarcal) carece de derechos humanos. ¿Conocerán esas teólogas el significado de la tolerancia? ¿O pretenden hacer el “bien” por la fuerza? Curiosamente similar esta última idea a las medidas de las dictaduras. En Israel, país en el que casi todos los recién nacidos varones son circuncidados, se respetan las opciones de todos los ciudadanos en su vida religiosa y en otros muchos aspectos.

Circuncisión de Cristo
Por cierto, la mayoría de las teólogas suecas inspiradoras de demonizar la circuncisión son cristianas, según leo. Me pregunto si, de tener potestad para ello, hubieran prohibido la circuncisión de Jesús de Nazaret, efectuada al octavo día según todos pueden leer en los Evangelios. ¿O ya no los aceptan? Perecería que no, si se tienen en cuenta las amenazas que, sobre los judíos, renovaría e intensificaría su pretensión. Si esto supone amar al prójimo como a sí mismo…. Por cierto, esta idea, que Jesús expresó en su momento, pertenece a la Biblia judía, esa supuesta religión patriarcal mutiladora de niños, señoras. Si queréis, podéis consultarla en la Torah, Levítico 19, 18.

Circuncisión 2
Volvamos a lo más serio de la cuestión. ¿En qué consiste la violación de derechos humanos en este caso? Alguna debe haber visto el Consejo de Europa para declarar como tal lo que llama el Judaísmo “la señal del Pacto”, realizada a los 8 días del nacimiento, y que los musulmanes practican a sus hijos alrededor de los 5 años. ¿Es malsana? En el Judaísmo al menos no, porque se realiza con todas las garantías higiénicas, y no pensamos que en el Islam suceda algo distinto. Esta carencia de peligros y existencia de ventajas está avalada por la Organización Mundial de la Salud y por numerosas autoridades. 

Fuera del argumento feminista sobre el símbolo de dominación masculina que, según esas teólogas, la circuncisión constituye y el disparate que se repite mil veces de que no se cuenta con la voluntad del sujeto, no sabemos de ningún elemento riguroso que justifique sus puntos de vista. Habría que cuestionarse si no resulta dañino imponer la educación obligatoria cuando los niños (y niñas, señoras, tomen nota) no pueden expresar su opinión ni su consentimiento o rechazo….y otras formas de obediencia a los padres o al Estado. Posterguemos entonces la entrada en la escuela hasta que el niño tenga uso de razón y exprese su opinión. 

Lo que sí beneficia una disposición como la que nuestras abanderadas feministas defienden y una mayoría en el Consejo de Europa respalda es la división entre los seres humanos, el antisemitismo y la islamofobia, la discriminación contra quienes no piensan como ellos, con todas sus consecuencias, a veces trágicas. Hemos de ver una vez más con admiración a Angela Merkel, mujer, figura política  y mandataria de un país cuya historia contiene episodios nefastos, decidida a que se tome por un nuevo camino, dirigido al bien de todos (recalco, señoras: de todos) y que se ha negado en redondo a dejarse llevar por la corriente y ha declarado que no aceptará prohibir la circuncisión. 

Baruch SpinozaEn el siglo XVII, Baruch Spinoza realizó una profunda crítica a las religiones judía y cristiana en su Tratado teológico-político. La valoración de sus tesis varía según los puntos de vista de los analistas. Pero esta crisis provocada por extremistas trae a colación las referencias de Spinoza a la diversidad del pueblo judío, a su dispersión entre las naciones y a que factores lo mantienen como un pueblo, que condicionan su unidad en la diversidad. Curiosamente, uno de ellos es la circuncisión. El otro es el odio de las naciones. Y se expresa así: 

“Respecto a que los judíos han subsistido tantos años, dispersos y sin Estado, 
no es nada extraño, una vez que se separaron de todas las naciones, hasta el punto      de concitar contra sí el odio de todas; y eso no sólo por la práctica de ritos externos contrarios a los de las demás naciones, sino también por el signo de la circuncisión, que observan con toda religiosidad” .
 
Por si los brillantes promotores de lo que creen derechos humanos no han leído estas palabras, no son las de un judío piadoso y cumplidor de los mandamientos, sino de un rebelde cuyas palabras lo llevaron al anatema. Se limitaba a expresar una realidad: no hay derechos para el diferente: solo el odio de las naciones, cuya imaginación convierte las tradiciones religiosas ajenas en horrendos crímenes. Spinoza, que sabía muy bien lo que significaba ser judío en la Europa del siglo XVII, que vivía en Holanda, más tolerante que el resto de las naciones, a causa de la expulsión de los judíos portugueses, realizada por instigación de los piadosos reyes de España. 

Reflexionemos y emprendamos acciones contra una nueva máscara de la intolerancia y la barbarie. Meditemos sobre las frases de Spinoza, tan agudo, tan conocedor del ser humano y, quizás a su pesar, tan judío. Spinoza nuestro hermano. 
 

Lourdes Rensoli

Lourdes Dina Rensoli Laliga
Filósofa
(Octubre de 2013 – Cheshvan de 5774)
lrensoli@yahoo.es
 
 
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