Sixto Medina: El lenguaje y la política

31 de mayo de 2016

Lenguaje y política



 

El lenguaje es un extraordinario instrumento de comunicación cuando el que habla y el que escucha dan a las palabras el mismo sentido. Pero cuando se maltrata la semántica, se torna imposible el entendimiento. Las palabras modifican la realidad para bien o para mal. Ocurre lo primero cuando la relación entre las palabras y las cosas es armónica; lo segundo cuando la palabra se viste con una falsa acepción y llama por ejemplo, justicia a lo que es venganza, libertad a lo que es opresión, seguridad alimentaria a lo que es escasez, Estado de derecho a lo que es arbitrariedad, democracia a lo que autocracia, Gobierno cívico-militar a lo que es militar. En este último caso se trata de una subversión de la lengua en la que, en la mayoría de los casos no es casual, sino que sirve a determinados propósitos.

Lenguaje político George Orwell
El objetivo perseguido con el uso arbitrario del lenguaje, particularmente en el campo de la política, ha sido siempre manejar las mentes para ponerlas al servicio de determinados intereses políticos basados en un poder autoritario, impidiendo la intervención de los partidos democráticos y controlando los aspectos de la vida del Estado. En la confusión medran quienes ocultan sus verdaderas ideas o su carencia de ellas, y disimulan sus intenciones. Las palabras vaciadas de su verdadero significado sirven sólo para el engaño o el agravio, para luchar indistintamente por el bien o por el mal, para defender actitudes contradictorias. En comparación, no se concibe que se llame a los pueblos a respaldar luchas por la libertad, aunque aprueban al mismo tiempo a los regímenes totalitarios y se comportan como negadores de los derechos humanos, como partido único que se funde con las instituciones del Estado.

Y así, mientras esta Babel se extiende, más fortalecen los planes de quienes intentan mediante el uso de determinados términos provocar reacciones emocionales automáticas, de rechazos o adhesiones, que se agitan en las profundidades del ser humano y que se llaman prejuicios.

Dialéctica del pensamiento único
El empleo emotivo del lenguaje – aunque aparentemente favorece al que lo realiza- tiende a eso, a perjudicar a sus adversarios. De allí el uso de improperios y calificativos desdeñosos y la ausencia de argumentaciones fundamentadas para justificar el insulto y la injuria. La dialéctica del “pensamiento único” nutre en gran medida esta técnica. Quien piensa distinto es un potencial enemigo y debe ser desacreditado mediante los más duros dicterios. ¿Pero son eficaces tales métodos? La experiencia demuestra lo contrario debe darse a las palabras toda la importancia que tienen en la lucha política, sobre todo, en las que se transforman en armas que, unidas a los medios de comunicación, cuyo estrépito envuelve al mundo actual, adquieren un poder formidable. Hay que exigir precisiones en lo que se discute, y desenmascarar a quienes por ignorancia o por conveniencia huye de las definiciones.

Los marxistas –leninistas fueron los que mejor advirtieron la importancia de manipular el lenguaje. Lenin decía: “Debemos estar preparados para emplear ardides, infracciones legales, así como para esconder y retener la verdad. Podemos y debemos escribir un lenguaje que siembre el odio, el desprecio y sentimiento parecidos hacia quienes no estén de acuerdo con nosotros”.

Poder del lenguaje
Fuerza está en reconocer que estas enseñanzas de comportamiento perverso fueron permanentemente aplicadas, y aún lo son, y que en el ámbito del lenguaje sus seguidores trabajaron tan bien que impusieron todo léxico político en uso hasta la caída del Muro de Berlín. Quizás una manera de perfeccionar la política sería perfeccionar el lenguaje dando a cada palabra la acepción que le corresponde. Seamos claro, donde el lenguaje se corrompe, algo más que el lenguaje se corrompe. 

Sixto Medina créditos

Sixto Medina

Abogado, especialista en Derecho público
sxmed@hotmail.com
@medinasixto







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