Año nuevo, promesas nuevas

30 de diciembre de 2019

Promesas de Año Nuevo





Dejar de fumar, hacer deporte, comer más sano. Todos los años, en víspera de Año Nuevo, hacemos grandes propósitos que suelen sucumbir con el paso de las semanas. Acá les datos para que hagamos realidad nuestros sueños.

La mayoría de las personas aspira a hacer cambios en su vida, aprovechando el impulso del nuevo año: adelgazar, beber menos alcohol, meditar, etcétera. Pero… ¿acaso no son esas ideas demasiado similares a las del año anterior, y a las del anterior al anterior? ¡Exacto! Seguramente son las mismas, calcadas.

Esto no debería sorprender a nadie. El entusiasmo con el que damos inicio al nuevo año es similar a los fuegos artificiales: después de un poco de ruido y luces, todo se desvanece. Entonces el perezoso interno que nos domina retoma el control. Y año tras año se repite la misma historia. Pero ojo: si hacemos en serio solo un par de cosas, 2020 podría convertirse realmente en un gran año. Tomemos nota.

1. Uno por uno

DEjar de fumar foto 3
«El mayor error que puede uno cometer en intentar asumir demasiadas cosas a la vez», dice el psicólogo Mario Schuster. Quien no sólo espera dejar de fumar, sino también sacar los dulces de su dieta y, además, empezar a trotar todas las mañanas, seguramente terminará sobrepasado.

«Para romper con nuestros viejos hábitos necesitamos mucha fuerza de voluntad», explica Schuster. El problema es que esa es la fuerza que menos abunda. Perseguir múltiples objetivos a la vez implica distribuir la voluntad en distintas metas, lo que hace que se agote más rápido. Al final, no cumplimos nada de lo que queríamos hacer. «No hay nada de malo en cambiar los hábitos», dice el experto. «Lo importante es hacerlo uno a uno».

2. Tiene que ser divertido

Ahora debemos encontrar un deseo en el que concentrarnos totalmente. La pregunta es… ¿cuál? Después de todo, todos ellos son razonables y sensatos. La respuesta suena simple: «Tiene que ser divertido. Necesitamos un inicio positivo al cambio que queremos hacer», dice Schuster.

«Tengo que dejar de fumar» y «quiero dejar de fumar» pueden ser, en términos de escritura, muy similares, pero desde el punto de vista psicológico entrañan una diferencia profunda cuya comprensión es vital para que el proyecto tenga éxito a largo plazo. Porque una cosa que «tener» que hacerlo, y otra distinta es «querer» hacerlo.

3. Ser realista

Los que pasaron todo 2019 acostados en su sofá y ahora tienen planeado ejecutar un meticuloso plan de ejercicios de trote, abdominales y esas cosas, seguramente están poniéndose metas demasiado altas. Excesivamente altas.

Un aficionado a yacer puede darse por satisfecho si se levanta dos veces a trotar, aunque sea por media hora a la semana. «La regularidad es más importante que la duración y la intensidad», dice Schuster. Después de todo, se trata de adoptar el ejercicio como un nuevo hábito. Quien no se exige en exceso, no se abruma y tiene más posibilidad de cumplir su propósito de nuevo año.

4. Comprometerse

Una vez que el propósito ya está asumido y toma forma, hay cosas que pueden ayudar. «Por ejemplo, contarles a algunos amigos», dice el especialista. Esto fortalece el compromiso. Una promesa que nos hacemos a nosotros mismos encerrados en un armario de concreto, oscuro y silencioso, corre el riesgo de ser olvidada más rápido que si la anunciamos a los cuatro vientos.

5. La cosa es sin rendirse

Los buenos deseos se van haciendo realidad. Hasta que viene el primer bajón motivacional, y con ello la abulia y el cigarrillo. Además, el imán del sofá atrae con más fuerza que nunca. Nos rendimos y fumamos acostados. ¿Y entonces?

«Por ningún motivo uno debe condenarse por ello», advierte Schuster, porque ceder a la pereza podría hacer fracasar todo el proyecto. Los contratiempos siempre son una posibilidad, incluso una probabilidad. Pero está bien que así sea.

En lugar de sufrir hay que focalizar las energías en la sensación de logro, una que se consigue con pequeños éxitos. Eso fortalece nuestra confianza, dice el experto. «La autoestima impulsa a la persona a convencerse de que es capaz de hacer lo que se propone», detalla. Quien siga creyendo eso no colgará los botines tan rápido.

6. Mejor ningún propósito que un mal propósito

Incluso las buenas ideas pueden ser malas. Por ejemplo, cuando a duras penas pueden integrarse en nuestra vida cotidiana o cuando la fuerza impulsora es «tengo que» y no «quiero», como se dijo anteriormente.

Cuando fracasamos estrepitosamente y la culpa destruye nuestra confianza, tenemos que entender que las mejores intenciones no son necesariamente buenas para nosotros. Antes de que eso pase, o sea de quedarnos sin autoestima, mejor empezar 2020 sin ningún propósito y ya, asunto resuelto.

Una nota periodística de Julia Vergin


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