Gabriel Albiac: La redención y la pena

29 de octubre de 2013

Dolor y pena



Baruch de SpinozaEs proverbial el desasosiego que experimenta el lector primerizo de Baruch de Spinoza, al chocar con el glacial pasaje en el cual el filósofo desecha la pretensión redentora del arrepentimiento: «el que se arrepiente de lo que ha hecho es dos veces miserable o impotente». La extrañeza le viene al lector de un olvido: que arrepentimiento es término teológico, que sólo en la garantía de un Dios trascendente cobra función. Trasladado a la temporal inmanencia mundana, que es la de la ética y las leyes, sirve sólo para engañar: una venerable autoridad de carácter sagrado ninguna función puede tener en las reglas de juego que rigen la formación de una histórica comunidad humana; menos aún, de un Estado.
 
Georges Ibrahim AbdallahFrancia, 2013. El libanés Georges Ibrahim Abdallah lleva veintinueve años encarcelado. Miembro, primero, del Partido Nacional-Socialista sirio, dirigente, después, del Frente Popular para la Liberación de Palestina de Georges Habache, sección del KGB en la zona, Abdallah fue condenado en Francia por dos asesinatos cometidos en 1982: el del agregado militar americano en París Charles R. Ray y el del diplomático israelí Yacov Barsimentov. La condena es de cadena perpetua. Sin reducciones. Todos los presidentes franceses de quienes se ha solicitado medidas de gracia para el asesino han respondido, fuera cual fuese su partido, con el mismo argumento: la República no es una Iglesia, ni la ley un mandato divino. Una Iglesia o un Dios pueden redimir, porque están fuera del tiempo. Un Estado democrático constata la realización del acto brutal e irreversible que es un asesinato a sangre fría. Condena. A cadena perpetua, igual de irreversible. El condenado posee todas las instancias de recurso que el garantismo jurídico le da. Una vez agotadas, no hay retorno. Para nadie. Lex no es Religio.
 
Zapatero y Felipe GonzalezA eso se llama en Europa juridicidad democrática. En Europa. También, en la Francia hoy socialista. En la España de los socialistas González y Zapatero, se llamaba exactamente lo contrario. Ayer mismo, aquí, en ABC, se recordaban las palabras de ambos contra un proceder penal de uso común en buena parte de las democracias con más tradición del planeta. A la propuesta popular de normalizar la legislación española conforme a los cánones europeos, mediante el cumplimiento íntegro de las penas, el infantil Zapatero oponía su retórica de patio de colegio: «solicitar restricciones a los beneficios penitenciarios en los criminales sería una política reaccionaria». Es la historia de cómo un país acomplejado por su nula tradición democrática, trata de dar lecciones a aquellos para los cuales la democracia es un automatismo de más de doscientos años. El resultado de ese tipo de complejos es siempre catastrófico. Y no hay retroactividad que pueda corregir eso.
 
El arrepentimiento redime el alma. Al menos, en la tradición cristiana. «Redime»: esto es, «compra». Puede hacerlo porque media el sacrificio del Dios-hombre, que paga el precio. El alma del cristiano. La culpa del ciudadano, no.


Gabriel Albiac

Gabriel Albiac
Catedrático de Filosofía Universidad Complutense de Madrid





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