Daniel Shoer Roth: Un crimen en el aire…

29 de febrero de 2016

Hermanos al Rescate tapa




Un crimen en el aire
dos décadas del derribo de avionetas de Hermanos al Rescate

 

Consternada, la ciudad supo del más injustificado y salvaje ataque sobre aguas internacionales del Estrecho de la Florida. Cazas de la Fuerza Aérea cubana habían pulverizado dos avionetas civiles norteamericanas de los Hermanos al Rescate completamente desarmadas. Lo acaecido llegaba como una lúgubre vibración que habría de enlutar y encolerizar a Miami en los meses venideros.

Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales eran las nuevas víctimas de un gobierno cruel que no solo perseguía, encarcelaba o mataba a sus propios ciudadanos. Acababa también con la vida de norteamericanos por el hecho de ser misericordiosos e intentar salvar a los cubanos que en improvisadas balsas corrían los peligros del naufragio, fallecían por deshidratación o eran devorados por fieros tiburones.

De esa trágica tarde del 24 de febrero de 1996 han transcurrido 20 años y el crimen continúa impune. Si bien la culpabilidad del régimen cubano ha sido demostrada en los tribunales, aún son muchos las interrogantes y polémicas que aguardan respuestas. Desde entonces, las familias de las cuatro víctimas vienen reclamando justicia sin obtener resultados, devastadas por un caudal de impotencia y dolor.

“Para mí, es como si fuera el primer día. La ausencia de mi hijo se hace presente todos los días. Y cada vez que llega el aniversario, uno revive todo, como si otra vez sufrieras el golpe del asesinato”, expresó Miriam de la Peña, madre de Mario de la Peña, el más joven de los fallecidos con 24 años. “Devolverles la vida no podemos, pero sí queremos que quienes cometieron el crimen paguen. No es venganza; es justicia”.

La conmemoración del vigésimo aniversario de la brutal destrucción, con homenajes públicos y ceremonias litúrgicas, adquiere un tinte aún más sombrío en el que laten desazones consecuencia del proceso de acercamiento entre Washington y La Habana. Gerardo Hernández, cabecilla de la desmantelada red de espionaje conocida como la Red Avispa y el único implicado directamente en el derribo, que purgaba una condena de prisión, fue liberado y devuelto a la isla. Allí lo recibieron con el tratamiento de héroe. Posteriormente, Estados Unidos suprimió a Cuba de la lista de naciones patrocinadoras del terrorismo.

Hermanos al rescate foto 1

Los familiares de los pilotos de Hermanos al Rescate derribados por el gobierno cubano el 24 de febrero de 1996 los recordaron en este homenaje por el vigésimo aniversario de su muerte, el miércoles, en la Universidad Internacional de la Florida. De izq. a der.: Marlene Alejandre- Triana, hija de Armando Alejandre; Mirta Costa, madre de Carlos Costa y Miriam de la Peña, madre de Mario de la Peña. Foto de Héctor Gabino hgabino@elnuevoherald.com

Maggie Alejandre Khuly, hermana de Armando Alejandre, reflexionó al respecto: “Hernández era la única muestra, en cuestión criminal, de un castigo, y habiéndonos muchísimas veces reiterado el gobierno de Estados Unidos que nunca lo liberarían, de pronto allá estaba. Ahora viene el viaje del presidente Obama y hasta podemos entender cómo el Departamento de Estado quiere tener relaciones con Cuba; a lo mejor no nos parece lógico. Nosotros no somos políticos, pero la justicia es aparte; estamos hablando de derechos humanos. La justicia viene de Dios, y aquí se politiza. Eso hace que mucha gente nos diga que han pasado demasiados años, que es el momento de olvidar y de reconstruir nuestras vidas. Y yo me pregunto, nunca he parado de vivir; con excepción de una de las madres que está muy afectada, nadie ha parado de vivir; se puede vivir una vida normal que coexista con la causa de la justicia. ¡Nunca nos vamos a olvidar!”.

Junto con otros familiares de los caídos, ella valientemente presenció el juicio a los espías de la Red Avispa. Fue entonces cuando se tropezó de bruces con el horror. Los fiscales mostraron una imagen del MiG-29 cubano utilizado en la macabra misión. Pintadas en el exterior del fuselaje, dos estrellas rojas condecoraban a los pilotos responsables directos del derribo, los hermanos Alberto y Francisco Pérez Pérez, una por cada avioneta civil abatida.

Esfuerzo y generosidad asombrosos

Hermanos al Rescate sobrevivientes

Jose Basulto (d), presidente de Hermanos al Rescate, Silvia Iriondo (c), presidente de Madres contra la Represión (MAR) y Arnaldo Iglesias (i) sobrevivientes del ataque de MiG cubanos contra tres avionetas de Hermanos al Rescate, hablaron hoy a EFE sobre lo que vivieron ese 24 de febrero de 1996, hace 20 años.


Todo comenzó con la desgarradora imagen de un adolescente cubano descarnado y febril. Este sucumbía en brazos de un agente del Servicio de Guardacostas de Estados Unidos mientras era rescatado de una agónica travesía en una precaria balsa hecha de una pieza ahuecada de poliestireno y tiras de lona. Corría febrero de 1990. Las aguas del Estrecho se transformaban en una necrópolis. Miles escapaban de la crisis económica, el totalitarismo y la escasez de artículos de la canasta básica que asolaban su isla.

William “Billy” Schuss, uno de los mejores amigos de José Basulto, vio en la televisión la escena del balsero muerto, de la misma edad de su hijo. De inmediato lo llamó embargado por una sensación de ímpetu y urgencia. Había que hacer algo para ayudar a esos hombres, mujeres y niños a la deriva, sin provisiones ni equipos de navegación.

Los ineludibles nexos de sangre y amistad, de origen y filiación, reafirmaban un principio de lealtad y honor entre los miembros de un pueblo dividido.

Pasado un año, en mayo de 1991, despegaba en Miami como organización humanitaria Hermanos al Rescate. Un grupo de quijotes en avionetas surcarían los cielos a modo de un Supermán con su visión de Rayos X. Respaldados por diversos sectores de la comunidad, emprenderían una labor de búsqueda de la aguja en el pajar de la distancia infinita.

Hermanos al rescate foto 8
Este capítulo épico de la historia del exilio cubano lo recoge minuciosamente un libro presentado esta semana en ocasión de la efemérides. Seagull One, la asombrosa y verdadera historia de los Hermanos al Rescate, escrito por Lily Prellezo en colaboración con Basulto, da a los lectores la oportunidad de ascender a una de aquellas avionetas y palpar la generosa solidaridad de sus tripulantes. No eran vuelos placenteros. Las pequeñas naves carecían de aire acondicionado y de baño. Debían circular prolongadas horas sobre las balsas localizadas, hasta la llegada de los Guardacostas. Pero lo más punzante era otear alguna goma de camión vacía: para alguien el sueño de la libertad había culminado en sueño eterno.

“La gente no conoce la historia de Hermanos al Rescate, no conoce a la persona de Basulto; a él le han puesto muchos nombretes, que es esto y lo otro, y no es así”, explicó Prellezo, quien entrevistó a más de 100 fuentes, incluyendo controladores de tráfico aéreo cubanos.

Hermanos al rescate foto 4

José Basulto, cofundador de Hermanos al Rescate, con los espías Juan Pablo Roque (der.), quien huyó a la isla, y Gerardo Hernández, cabecilla de la desmantelada red de espionaje conocida como la Red Avispa.

“La gente cree que esto pasó sobre aguas territoriales de Cuba, que ellos [los Hermanos] se lo buscaron, que Basulto [quien piloteaba una tercera avioneta el día del derribo] se había escapado, y tantas otras cosas sin sentido. Este libro es la verdad escrita de lo que pasó este hombre que ha dejado su vida por esta organización, y de una época muy bonita en Miami en la que todo el mundo quería ser parte de esta”, añadió Prellezo.

La obra fue escrita originalmente en inglés y publicada hace cinco años. Esta nueva edición en español, traducida por Vicente Echerri, “la podrán leer las miles de personas que hicieron posible nuestros viajes haciendo donaciones de $5”, apuntó Basulto, veterano de Bahía de Cochinos. “Es un legado que consiste en explicar a la gente que cuando se ponen de acuerdo y trabajan por una causa, pueden conseguir resultados muy positivos”.

En más de 1,800 misiones de búsqueda, los pilotos voluntarios y sus auxiliares colaboraron en el rescate de más de 4,200 balseros entre 1991 y 1994.

El nefasto día de febrero

Abrazados en un círculo de oración contemplativa en el hangar del aeropuerto de Opa-locka, las ocho personas que partirían en la misión de ese día, elevaron una plegaria fervorosa al gran arquitecto del universo pidiendo protección de los peligros que presentan estas contribuciones humanitarias. El mar estaba en calma y existían excelentes condiciones de visibilidad. No había ni una nube en el cielo abierto de un incontaminado azul.

Los allí congregados provenían de diferentes ámbitos de la sociedad, unidos por una meta común: que no fueran tantos los que ahogaban el sueño y fueran más los que sobrevivieran. Aquella caridad era inspirada por las adversidades y los tormentos que flagelaban a los escapados del infierno.

Hermanos al rescate foto 6
A Carlos Costa lo impactó el rescate de un grupo de balseros que avistó a bordo de un buque crucero en el cual vacacionaba felizmente con su familia. Mientras Armando Alejandre servía en las Fuerzas Armadas como gesto de gratitud a Estados Unidos por dar refugio a miles de familias cubanas como la suya, supo que uno de sus compañeros de colegio había sido fusilado por el régimen castrista. En la primera de sus casi 100 misiones de búsqueda, Mario de la Peña se conmovió al advertir que los dos primeros balseros divisados eran incluso más jóvenes que él; entonces se percató del privilegio de sus derechos de libertad. Pablo Morales, él mismo balsero, había sufrido en carne propia los miedos que acechan cuando una tormenta zarandea una balsa totalmente desvalida en la que viajan niños en medio del aturdido océano.

A la 1:11 p.m. sus pequeños Cessnas 337 alzaron vuelo rumbo sur hacia el paralelo 24. A las 2:55 p.m., poderosos MiGs cubanos despegaron de la base de San Antonio de los Baños. A casi 37 kilómetros fuera del espacio aéreo cubano, el bien y el mal se vieron cara a cara. La luz y la oscuridad. Abel y Caín.

“¡Autorícenos, cojones! La tenemos”, dijo uno de los pilotos cubanos tras encontrar la primera avioneta, según grabaciones citadas en el libro. “¡Dennos la orden de destruir!”. La orden llegó a las 3:20 p.m.

“Un minuto después, los hermanos Pérez Pérez presionaron un botón y un misil aire-aire R-73 de 2.8 metros de largo con una cabeza explosiva de 4 kilogramos alcanzó al Spirit of Miami por detrás”, narra Prellezo. “Carlos y Pablo nunca supieron lo que les golpeó”.

“¡Les dimos! ¡Les dimos, cojones! ––. ¡Está fuera de combate! ¡Ya este no joderá más!”, celebraron los hermanos Pérez Pérez cual si hubieran derrumbado un fiero avión en pleno combate. A las 3:28 p.m. dispararon otro misil a Mario y Armando. Y se volvieron a regocijar vulgarmente: “¡Destruido! ¡Destruimos al otro! ¡Patria o muerte!”.

En 2003, los hermanos Pérez Pérez fueron encausados en ausencia por un tribunal federal en Miami, al igual que el general Rubén Martínez Puente, jefe de la Fuerza Aérea cubana en el momento del atentado. La Justicia norteamericana los busca para someterlos a juicio. Tal vez Obama pueda traerlos en su avión al retornar de Cuba.

Daniel Shoer Roth

Daniel Shoer Roth

Periodista
dshoer@elnuevoherald.com

Agradeciendo al Nuevo Herald habernos permitido esta publicación





 

Síguenos:
facebooktwitterrssyoutube


Otros artículos de interés