Venezuela la hora 25

28 de septiembre de 2012

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El Libertador, Simón Bolívar, llevó la independencia a varios países del hemisferio, pero también enseñó a los pueblos donde no combatió que la libertad puede germinar cuando hay ciudadanos prestos a correr los riesgos necesarios para difundirla.

Un siglo después, otro ilustre venezolano, Rómulo Betancourt, siguiendo el ejemplo de Bolívar, estableció la doctrina que lleva su nombre, en la que se apunta “solicitaremos cooperación de otros gobiernos democráticos de América para pedir unidos, que la OEA,

Rómulo Betancourt

excluya de su seno a los países dictatoriales… regímenes que no respeten los derechos humanos, que conculquen las libertades de sus ciudadanos y los tiranice con respaldo de las políticas totalitarias, deben ser sometidos a riguroso cordón sanitario y erradicados mediante la acción pacífica colectiva de la comunidad jurídica internacional”.

Contrario a los valores morales de sus predecesores, Hugo Chávez, en el siglo XXI, después de asumir la conducción del país, impuso una autocracia e inició con los petrodólares de la nación un proceso de exportación de dictaduras, en esta ocasión institucionales, más exitoso que el de su admirado Fidel Castro, que a pesar del terrorismo y la guerrilla que subvencionaba la Unión Soviética, no logró sus objetivos.

El gobierno de Chávez ha sido nefasto para Venezuela. Existe una aguda crispación social, en la que los odios, resentimientos y frustraciones, son promovidos por el alto gobierno. La corrupción se ha generalizado. La inseguridad pública ha alcanzado niveles sin precedentes. Los derechos de los ciudadanos han sido conculcados, en particular los de información y expresión.

La educación, al igual que la gestión económica, está bajo permanente amenaza de la intervención estatal. La pobreza se ha incrementado. La inflación es elevada, la mayor del continente en el sector alimenticio. Las Fuerzas Armadas, al menos en la voluntad chavista, responden a la ideología del gobierno y no al estado. La industria petrolera, orgullo del país, ha sido virtualmente destruida.

El gobierno de Chávez ha fortalecido sus relaciones con países que tienen como denominador común la falta de democracia y respeto a la dignidad humana. En el hemisferio su mejor aliado es la Cuba de los Castro, en el resto del mundo se enorgullece de sus estrechas relaciones con Irán, Siria, China y Bielorrusia.

En América, el comandante Hugo Chávez ha promovido a líderes populistas y favorecido crisis políticas en diferentes países para que sus aliados conquisten el poder. Subsidia regímenes como los de Nicaragua y Cuba, y apoya políticas de aislamiento para aquellos gobiernos que no responden a sus intereses.

Por vocación libertaria la mayoría de los venezolanos no se han dejado entrampar. Llevan años enfrentando cívicamente el despotismo chavista. Han trabajado con dedicación para que la democracia regrese al país y el ejemplo más meritorio ha sido la constitución de la Mesa de la Unidad Democrática, que por encima de las diferencias naturales entre los partidos y las personas, decidió elegir un candidato único para enfrentar al caudillo.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha laborado con claridad, equidad y firmeza, en Venezuela y en el exterior. No obstante, los que van a definir el resultado de ese trabajo son los electores, así que independientemente de las dudas que se puedan tener sobre si el gobierno respetará o no la voluntad popular, es de extrema importancia concurrir a las urnas, porque lo contrario haría mucho más fácil el temido fraude.

El presidente Chávez ha invocado el fantasma de una guerra civil si pierde el poder, una situación que la mayoría de los analistas descarta. Sin embargo, no hay dudas de que en un nuevo mandato el comandante-presidente acometerá reformas institucionales que le perpetuarán en el poder, causando una mayor destrucción material y moral de la nación.

Hay que votar si se tiene la oportunidad. La abstención favorece a los enemigos de la libertad y Hugo Chávez está entre ellos.

Los derechos y las libertades en Venezuela están en conteo regresivo hacia la Hora 25. Tal vez estén enfrentando la última oportunidad constitucional para impedir que el modelo castrista, con las modalidades del siglo XXI, se imponga por largos años en Venezuela y se extienda con todo su poder hacia el resto del hemisferio. El próximo 7 de octubre a los venezolanos, al menos en teoría, se les presenta una nueva oportunidad de exportar la libertad y los derechos ciudadanos, porque la derrota de Hugo Chávez significa el fin del Socialismo del Siglo XXI, y en consecuencia de aquellos gobiernos que han reproducido sus estrategias de control institucional y de prácticas electorales manipuladas y sometidas a la voluntad de los caudillos.

Pedro Corzo (*)
pedroc1943@msn.com
*.-Periodista y Director del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo

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