¿Puede descarrilar América Latina por la crisis del euro?

28 de julio de 2012

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Hasta ahora, América Latina ha capeado bien la crisis financiera internacional. Tras la quiebra de Lehman Brothers, la región sufrió levemente el contagio del colapso financiero global en 2009 (su PIB cayó casi un 2%) y, hasta ahora, ha logrado evitar que la crisis de la deuda soberana en la zona euro le afectara (en 2010 y 2011 casi todos sus países experimentaron crecimientos muy sólidos).

De hecho, en América Latina, al igual que en Asia Oriental, cuando se habla de “crisis financiera” la gente piensa en las crisis de los años ochenta y noventa (la década perdida tras la suspensión de pagos de México en 1982, el tequila mexicano de 1994/95, la crisis del sudeste asiático en 1997, la de Brasil en 1998/99 o la de Argentina 2001), pero no de lo que en Estados Unidos y la Unión Europea se conoce ya como la Gran Recesión, que comenzó en 2008 y nadie sabe cuándo terminará.

Sin embargo, las cosas podrían estar cambiando. La crisis del euro ha llegado a España, una economía sistémica en Europa, demasiado grande para caer pero también demasiado grande para ser rescatada, y que podría arrastrar con ella a Italia, mucho más grande y para la que no existe rescate posible.

Lo más probable es que, en los próximos meses, además de los 100.000 millones de euros que ya ha negociado para recapitalizar su sistema bancario, a España se le concedan nuevos apoyos, bien mediante compras de deuda por parte del fondo del rescate o del BCE, bien mediante un programa completo que la saque temporalmente del mercado. Cuando esto ocurra, la crisis del euro habrá entrado en una nueva dimensión, donde la incertidumbre sobre la supervivencia de la moneda única europea será cualitativamente mayor que hasta ahora.

Las autoridades de todo el mundo, al igual que las de América Latina se preguntan qué impacto tendrá esta situación sobre sus perspectivas de crecimiento. Si se quiere adoptar una posición optimista puede afirmarse que solo el 13% de las exportaciones de América Latina tienen como destino la UE, por lo que un “lustro perdido” en la zona euro, tendría un impacto marginal en términos comerciales, que la región podría absorber fácilmente gracias al espectacular incremento del comercio sur-sur, que no ha hecho más que crecer en los últimos años (Estados Unidos sigue siendo el principal comprador de América Latina, con importaciones por valor de 300.000 millones de dólares anuales y China ya casi ha superado a la UE como segundo mercado, con casi 100.000 millones anuales).

Ahora bien, este escenario “optimista” sólo puede mantenerse si no se produce una ruptura del euro que, aunque improbable, habrá que empezar a contemplar si los ataques especulativos contra España se extienden a otros países como Italia o Francia y si las instituciones europeas no reaccionan de forma más contundente. Ante esa nueva situación, estaríamos ante un evento sistémico de mayor calado que la quiebra de Lehman Brothers, que probablemente generaría una recesión en Estados Unidos y una brusca caída del crecimiento en China, con lo que América Latina vería de la noche a la mañana cómo sus tres principales mercados de exportación caen sensiblemente.

Al mismo tiempo, se produciría un enorme caos financiero internacional que congelaría los mercados de crédito mundiales y generaría una huida hacia el dólar, que podría ser muy desestabilizadora para la economías latinoamericanas que han acumulado déficits por cuenta corriente y burbujas de activos en los últimos años por la masivas entradas de capital producidas por el exceso de liquidez global. Además, la región contaría con un menor margen de maniobra para las políticas contra cíclicas que el que tuvo en 2009, por lo que sus economías podrían experimentar severos retrocesos (no tan graves como los que viviría la zona euro, pero sí significativos).

Por último, aún si volviera a “capear” de forma relativamente aceptable el temporal como ya le sucediera ante la crisis subprime en Estados Unidos, la crisis del euro tendría un efecto a más largo plazo en América Latina, efecto que se daría en el ámbito de las ideas y los modelos de desarrollo.

Como ha señalado recientemente el ex Secretario General de la CEPAL José Luis Machinea, América Latina siempre ha tenido el modelo socio-económico europeo como referente. Como la ruptura del euro probablemente obligaría a redimensionar buena parte del Estado del Bienestar europeo (sobre todo en los países del sur) y como es incluso posible que (erróneamente), se culpara al propio tamaño del Estado del Bienestar de la crisis, América Latina podría quedarse sin ese modelo al que lleva décadas intentando emular y que nunca alcanzaba. Y eso, aunque serviría para desmitificar Europa, podría dejar sin una referencia de progreso a los países de la región. Esa sería una pérdida importante para la región, que no se mediría en términos de caída del PIB o de las exportaciones, pero que dejaría un vacío difícil de llenar.

 

 

 

Federico Steinberg
Doctor en Economía por la UAM, Master en Economía Política Internacional por la London School of Economics y Master en Relaciones Internacionales por la Universidad de Columbia,

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