Gabriel Albiac titula: Hollande en Siria

27 de septiembre de 2013

Hollande y Siria


Un antiguo ministro socialista de exteriores, Hubert Védrine, ha fijado mejor que nadie los riesgos a que la fuga adelante del presidente François Hollande arrastra, no sólo a Francia, sino a todo Occidente.
 
El planteamiento de Hollande es sencillo: puesto que la Rusia de Putin abastece con material militar de todo tipo al dictador Bashar al-Assad, Francia deberá hacer lo mismo con las milicias del Ejército Sirio de Liberación que a él se enfrentan. De un modo tan sólo más mesurado: «Constato» —declaraba el presidente francés la semana pasada— «que los rusos entregan armas con regularidad, pero nosotros lo haremos en un marco que pueda ser controlado, porque no podemos aceptar que las armas puedan acabar en manos de los mismos yihadistas a los que aquí combatimos». La iniciativa puede ser prudente, si de lo que se trata es de estabilizar sin desenlace un conflicto, cualquiera de cuyas posibles resoluciones sería catastrófica. Es un planteamiento cínico. Pero no insensato. Esa estrategia permitió neutralizar mutuamente a Irán e Irak durante ocho años. No es el cinismo lo peligroso en un cálculo estratégico. Lo peligroso es tomar por cinismo la pura y simple ingenuidad y la ignorancia del territorio concreto sobre el cual se opera.
 Al Assad Ejército
Védrine resumía con sencillez el fatal error de ese cálculo: el ejército de Assad opera bajo mando militar único. Más allá de su nombre, el Ejército Sirio Libre es, por el contrario, un rompecabezas de milicias con disciplina propia y frecuentemente contradictoria. Y es el error estadounidense en el Afganistán de los ochenta lo que amenaza con ser repetido por la Francia de Hollande ahora: «La única comparación posible de esto es la de las entregas de los misiles Stinger a los islamistas afganos durante la guerra contra los soviéticos». Esos misiles fueron la punta de lanza sobre la cual alzó Bin Laden la primacía yihadista de Al Qaida. Con los resultados conocidos.
 
Podría parecer de un pesimismo exagerado. Pero, casi como un eco del riesgo descrito por Védrine, el manifiesto a favor de la implantación de la «ley islámica», la sharía, hecho público anteayer por trece de las principales milicias que combaten al régimen sirio, rompe cualquier esperanza. Firman ese manifiesto, por supuesto, los hombres de Al Qaida, los yihadistas del Frente al-Nusra, pero también fracciones importantes del Ejército Sirio Libre, en particular las unidades que combatieron al ejército baazista en Alepo y milicias de diversas filiaciones. Los términos de su acuerdo dejan poco lugar a interpretación ambigua: «La Coalición Nacional y el gobierno de Ahmad Tomeh no nos representan y no los reconocemos… Las fuerzas firmantes llaman a todos los grupos civiles a unirse en un contexto claramente musulmán que se fundamente sobre la sharía como única fuente de legislación».
 Hollande 18
Víctima de la más vertiginosa erosión electoral que haya sufrido un presidente francés durante el último medio siglo, François Hollande trata de contrapesar el ridículo en que lo hundió la marcha atrás de Obama tras su promesa de ataque contra Damasco. Y corre el riesgo de precipitarse. No existen en Siria los «interlocutores de confianza» ni la «sólida cadena de mando», que la diplomacia francesa dice «haber identificado» y a quienes se dispone a confiar su armamento pesado. Y la historia de aquellos dispersos Stinger afganos, que la CIA se pasó una década tratando de recuperar sobre el terreno a precio de oro, tiene todos los elementos a su favor para repetirse. Estúpidamente.


Gabriel Albiac 2


Gabriel Albiac
Catedrático de Filosofía Universidad Complutense de Madrid


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