Jesús Peñalver: La palabra y el preservativo

26 de julio de 2014

Preservar las palabras




He convenido en atender la recomendación del escritor Barrera Tiszka, de modo que no improvisaré con el lenguaje, he prometido ordenar bien mi vocabulario, me he impuesto la obligación de planificar cada conversación, y cuidar celosamente lo que digo y lo que escucho, “pues ahora las palabras parecieran ser una enfermedad contagiosa, que no se puede hablar sin usar preservativos”.

Palabras 56Las palabras se hicieron para decirlas, y ante la intolerancia de lectores microfonistas, cuya mediocridad y adulancia no pueden ocultar en su incapacidad de entender cabalmente una opinión nuestra y nos honran al llamarnos “apátrida”, entre otros elogios, me propongo despachar este asunto, no sin antes exponer excusas por anticipado a los distinguidos lectores.

Admito que quizá pueda asumirse como una trivialidad de mi parte escribir esta nota, pero la explicación es simple, pues se debe a que siempre he sentido la necesidad compulsiva de aclarar cualquier detalle que pueda hacerme sentir alguna desazón.

Esta vez siento que debo explicar, sobre todo a mis hijos, que cuando hace algún tiempo escribí sobre el encuentro Machado-Bush cité tres cosas importantes: la envidia como sentimiento malsano; la necesidad y conveniencia de que existan más ONG para la defensa de los DD.HH, aunque los directivos de esas organizaciones puedan ser sometidos a procesos judiciales, y finalmente, el reproche de la comunidad internacional recibido por los Estados Unidos por su actuación en Afganistán y en Irak.

Por cierto, sobre esto último, el pintor Fernando Botero se ocupó de plasmar en sus obras de entonces las violaciones de derechos humanos en cárceles iraquíes por parte de soldados estadounidenses.

Tiranía militarY ahora, sin eufemismos ni giros lungüísticos inncesarios, ante la barbaridad cometida en contra de inocentes civiles prisioneros en la mazmorra militar de Ramo Verde, no queda otra que sospechar y preocuparse por su destino inmediato. Fueron encapuchados que cobardemente los atacaron, de modo que no resulta descabellado afirmar que sus vidas corren peligro.

No olvidemos la pesadilla vivida por María Afiuni en aquella nada INOFensiva prisión: ella, la misma jueza imputada por corrupción, sin pruebas de haber pedido, prometido ni recibido dinero. Homicidio sin muerto, pues.

Y para terminar, un pollo se encuentra aislado muy cerca de Venezuela. Con o sin soles debe ser juzgado, como prueba de que existe un Estado de Derecho en el concierto de naciones. ¿Habrá justicia? Ojalá La Haya.

Hemos visto como el tsj ha puesto en formar express, otra plasta en Dos Pilitas, en el entendido que plasta es sinónimo de sentencia según el particular diccionario de aquel ausente carcelero. En el curioso bodrio judicial, se exhorta a la cancillería venezolana, a que exija a Aruba la liberación del polluelo. ¡Francamente!

Por nuestra parte seguiremos diciendo las palabras del modo sugerido, aunque los intolerantes, cuyas huellas dactilares seguramente se pueden ver estampadas en los escrotos de muchos “empoderados”, pidan a gritos nuestras cabezas.

Jalabolas 2
No queda duda, para ser jalabolas hay que ser corrupto o mediocre o en caso extremo, ambas cosas.

No se puede alegar la propia torpeza para defenderse, y en eso, esa cosa aposentada en Miraflores ya es experta.


Jesus Peñalver foto 2014

Jesús Peñalver es abogado

Columnista de Opinión
penalver15@gmail.com / @jpenalver






Síguenos:
facebooktwitterrssyoutube


Otros artículos de interés