Juan Manuel Santos, entre el histórico acuerdo de paz y su imagen por el suelo

26 de junio de 2016

Santos por el suelo

 

 

Luego de la histórica firma el jueves de un acuerdo de cese al fuego y entrega de armas, un paso fundamental en el camino hacia la paz en Colombia que aún sigue siendo polémico, el presidente Juan Manuel Santos se enfrenta a la caída libre de su popularidad mientras, al mismo tiempo, se afianza un apoyo mayoritario al proceso.

“No hay que confundir la impopularidad de un gobierno, que en materia económica tiene grandes problemas, con la popularidad del proceso de paz”, dijo a Infobae Jorge Restrepo, profesor de economía en la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá y director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC). “Quienes se oponen al diálogo intentan confundir al proceso de paz con el gobierno de Santos, como el uribismo al pedir el fin de Santos”, agregó en referencia al ex presidente Álvaro Uribe, el principal representante del rechazo a las negociaciones con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Según la última encuesta de la consultora Gallup, realizada en mayo, la imagen positiva de Santos llegaba apenas al 21%, mientras que aproximadamente un 70% de los colombianos tenía una opinión desfavorable del mandatario. En diciembre del año pasado, en cambio, el gobierno era visto con una opinión favorable por el 42%.

Sin embargo, los números de Gallup mostraron una tendencia distinta con respecto al proceso de paz, ya que el 66% de los consultados dijo que votaría a favor en el referendo de aprobación de un acuerdo definitivo entre las FARC y el gobierno, cuando en febrero el 54% dijo que lo haría. Incluso, el 56% también estaba de acuerdo con comenzar una negociación similar con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la el segundo grupo guerrillero que aún sigue en conflicto con el ejército colombiano tras el acuerdo de las FARC.

Santos Timochenko Castro Vergüenza
La firma el jueves en La Habana -donde representantes de las FARC y del gobierno de Colombia negociaron desde el 2012 el camino a la paz- del acuerdo de “cese del fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y dejación de armas” significó un avance importante en el proceso, que generó celebraciones por el “fin de la guerra” que lleva ya 58 años y más de 220.000 muertes, según un informe del Grupo de Memoria Histórica.

“La desaparición de la actividad criminal podría concitar el apoyo al proceso de paz. Pero lógicamente se viene una etapa de actividad política vigorosa para lograr ese apoyo”, consideró Restrepo, para quién la entrega de las armas por parte de las FARC hará desaparecer también la violencia, que ya estaba en niveles bajos como consecuencia de los diálogos por la paz.

Según uno de los últimos informes publicados por el CERAC, la violencia política sigue, sin embargo, siendo una amenaza seria para la seguridad en Colombia y la disminución de las acciones armadas de las FARC no tuvo un impacto positivo en los índices.

“El proceso con las FARC ha sido mucho mejor manejado en La Habana que en Colombia”, dijo Gustavo Duncan, profesor de ciencias políticas en la Universidad EAFIT y miembro de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, en un reciente artículo. “Es también consecuencia de la pobre habilidad de Santos para liderar amplios consensos y compromisos sociales”, señaló.

Según el analista, Santos es muy hábil para las negociaciones a puerta cerrada, incluyendo las que hizo con Uribe para llegar a la presidencia en 2010, pero carece del carisma y de las habilidades de comunicación para “sintonizar” con la gente común.

En la vereda contraria, Uribe lanzó un video el mismo día del acuerdo de cese al fuego, en el que consideró que “la palabra ‘paz’ queda herida con la aceptación de que los responsables de delitos de lesa humanidad no vayan un solo día a la cárcel”.

En el mensaje, el ex presidente entre 2002 y 2010 también hizo referencia a una muy criticada intervención de Santos en el Foro Económico Mundial celebrado en Medellín el 16 de junio. “Si el plebiscito no se aprueba, volvemos a la guerra”, dijo, y argumentó que las FARC estaban listas para entrar en una “guerra urbana”.

El comentario fue visto como una estrategia de comunicación poco acertada. “Adoptó un falso lenguaje de derrota para improvisar una estrategia electoral a favor del referendo”, dijo Duncan. “Santos sabe que la situación tal como fue descrita no es real”, consideró.

Mientras que Uribe le enrostró: “Al presidente no le preocupa garantizar la seguridad a los colombianos, sino intimidar a la ciudadanía con la capacidad criminal de las FARC”.

De esta manera, Santos aún no parece consolidar su imagen a pesar de lograr avances en los diálogos con las FARC. “El proceso de paz es un asunto de debate democrático, lejos está de ser un asunto de Estado, pero sí hay una posición mayoritaria en favor de la paz”, consideró Restrepo.


Germán Padinger

Por Germán Padinger
@GermanPadinger
26 de junio de 2016





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