Jesús Peñalver: Morrocoy

26 de junio de 2016

Morrocoy revocatorio




“Yo corro morrocoy”.
Darío Lancini


Las verdades, por duras que sean, hay que decirlas, máxime cuando se trata de enderezar el proceloso camino que hoy anda y desanda el país. “Quien no evita un error pudiendo es como si ayudase a cometerlo”decía Seneca


Sepan que yo no validé –como muchos- porque unos hampones electorales me robaron mi firma, y otros, pudiendo hacerlo, esos mismos delincuentes se lo impidieron.

Mientras podamos seguir haciendo lo que nos corresponde en el uso del verbo escrito, en la expresión del pensamiento y en la protesta por los desatinos del desgobierno, aparentemente todo estará bien; pero no, no basta, no es suficiente. De allí la ineludible responsabilidad de asumir nuestro rol de ciudadano, la importancia del voto, suerte de fusil, arma civil que debe servir para cambiar el estado de cosas en que nos encontramos.

Abandonemos la abulia parroquial que nos acogota, la tranquilidad de la indiferencia, odiosa y mala compañera, esa que nos conduce a pensar que nada es con nosotros y que eso no nos pasará a nosotros. Entendamos que nos debe unir la palabra, los hechos y las convicciones, nos debe unir Venezuela.

Validación revocatorio
El pasado viernes, día último para la validación de firmas, sin desparpajo alguno, sin ocultar su grosero chavismo, esa mala suerte de ministerio electoral que llaman CNE, volvió por sus fueros e incurrió en la odiosa operación morrocoy que ralentizó el proceso, poniendo en riesgo la etapa que debe cumplirse para la continuación o activación efectiva del referendo revocatorio, como método democrático para culminar el mandato del aposentado en Miraflores, ese mismo de impreciso origen.

Como se sabe, el transcurso de un lapso es para beneficiarte, nunca en modo alguno para causarte un perjuicio o desventaja. El CNE debe saberlo de pleno. Al pretender, a juro, dejar correr los 30 días para la verificación de firmas, el CNE intentó de facto perjudicar el proceso, retrasando su ejecución.

La MUD es beneficiaría del plazo, ergo, lo deja correr o no a su albedrío. Siendo así, el CNE debía verificar las firmas, desde su recepción.

La administración electoral debe facilitar el procedimiento a quien lo ha iniciado, es decir, el pueblo soberano que ejerce como derecho el referendo revocatorio del mandato, como modo electoral, pacífico, democrático y constitucional para salir de esa pesadilla coloreada de un rojo alarmante.

En lugar de cumplir con su deber, suprimir fórmulas y tecnicismos innecesarios, el órgano electoral y sus tramposos quelonios, con toda clase de trapisondas, desacatando normas preexistentes o imponiendo otras sobrevenidas, han dificultado impunemente el proceso, aun amenazado con su suspensión.

El referendo es el toro, las firmas los cachos. Ya recogidas las firmas ab initio, corresponde al CNE facilitar la faena electoral, civil y democrática. No dificultarlo, a riesgo de impedirlo.

El referendo es un derecho, incluso previsto en el preámbulo de la constitución. No una “opción” como pretende imponer la barbarie roja.

Por ello, a la mayoría femenina del directorio del CNE y a sus adláteres, no los creo ignorantes, sino malos, perversos, chavistas, de suyo cómplices. Ya tendrán su puesto en el albañal de la historia electoral venezolana.

Demócrata y déspota
Contra la barbarie, la democracia; contra la mandonería, el afán de libertad; contra fusiles, votos.


Y tú, amigo lector, no dejes de sentir el gusto que da el saberte participante y preocupado por Venezuela. Evitemos que la enorme masa de esperanzados compatriotas caiga víctima de la desmoralización, lo que constituiría un riesgo que hay que conjurar en lo inmediato.

¡Dominus vobiscum!


Jesús Peñalver foto de jiulio 2015
Jesús Peñalver
es abogado
Columnista de Opinión
penalver15@gmail.com / @jpenalver





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