Uñero

26 de junio de 2012

uñasportada

Una mentira: de niña me advertían que las manchitas blancas que salen en las uñas son los embustes que uno metió. Ja, si eso fuera cierto, los del gobierno tendrían la uñas níveas. La verdad: si uno se lava las manos pero no se limpia debajo de las uñas está dejando intacto un verdadero basurero de piel muerta, sucio y microbios.

Por eso cuando dos personas son muy amigas y andan siempre juntas se dice que son “uña y mugre”. Queda a potestad de uno definir cuál de ellas es la uña y cuál, la mugre.

No hay que pensar demasiado para darse cuenta de lo útil que es tener uñas. Ellas, con su superficie córnea, endurecen las puntas de los dedos y nos permiten despegar cosas, pellizcar, raspar, arañar. Lo mejor son los celestiales orgasmos cutáneos que nos producen al rascarnos cuando nos pica. Aunque sí…

El aseo y las buenas costumbres mandan que hay que llevarlas uñas cortas, limpias y bien limadas. Sin embargo, en el caso de las mujeres, las uñas pintadas son tan bonitas… y más si son un poquito largas.

Hasta hace unos años, para lucir siempre unas uñas impecablemente arregladas y pintadas, había que ser ociosa o tener quien hiciera el oficio por una, pues con lavar unos platos, restregar a mano una ropa o pasar coleto, basta para que se te despinten o rompan enseguida.

Pero eso se acabó: hoy día hay unas uñas acrílicas con los más increíbles, bellísimos diseños, que se pegan sobre las propias y listo el pollo: sin descuidar los quehaceres, se tiene siempre las uñas perfectas, al menos durante unas cuantas semanas hasta que las propias crezcan y hagan necesario reemplazarlas artificiales.

En los hombres las uñas largas se ven horrorosas: sólo se le aceptan a los guitarristas –quienes por cierto suelen llevarlas impecables- porque las necesitan para rasguñarle al instrumento sus melodías.

Mención aparte en la Enciclopedia de la Ordinariez merecen los que se dejan crecer una uña sola, casi siempre la del meñique, para jurungarse los oídos, la nariz y quién sabe qué más. Horror. Una uña así no se le perdona ni a un Brad Pitt.

 

Mara Comerlati
zapata.mara@gmail.com
Periodista venezolana
Columnista del diario El Nacional

 

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