¿Hay que creerles?

25 de noviembre de 2012

FARCSANTOS

Que nadie tenga la menor duda: a los cuatro ciudadanos chinos los secuestraron las Farc y los tuvieron en su poder durante diecisiete meses con el único objetivo de sacarles plata.

Los reporteros que llevamos años recorriendo el país, cubriendo el conflicto armado, sabemos que en la zona de Los Pozos no hay ni nunca hubo bandas criminales distintas a las Farc; es un territorio de vieja tradición guerrillera donde solo delinquen ellos, al igual que conocemos que las empresas que operan en el área tienen que pagar vacuna. Quizá porque la petrolera china no era consciente de que la extorsión es para todas las compañías, ya sean comunistas o marcianas, es que secuestraron a sus ingenieros.

Y como ni ‘Timochenko’ ni sus delegados en La Habana tienen compromiso alguno con la verdad, optaron por montar la película de unos campesinos sin armas entregando a los cuatro cautivos al CICR, con el fin de confundir a la sociedad colombiana y a la comunidad internacional. Ya en el pasado buscaron idéntico propósito cuando, tras el atentado del Nogal y después de la masacre de los diputados del Valle, negaron su autoría y durante semanas un número incontable de idiotas útiles confiaron en su palabra.

El embajador chino en Colombia, Wang Xiao, recibiendo a uno de los cuatro trabajadores de una empresa petrolera, secuestrados por las FARC

Es comprensible que la embajada de China, que siempre funciona con un bajo perfil y tiene a la misma petrolera trabajando en otras regiones de Colombia, no señale a nadie. Esa no es su función como tampoco la del CICR, que ni siquiera menciona la palabra secuestro sino «retención», puesto que la entidad suiza mantiene excelentes relaciones con las guerrillas para cumplir su misión humanitaria.

El que no debería negar la evidencia es Juan Manuel Santos. No tiene por qué servir de vocero de las Farc ni convertirse en su defensor de oficio. Esta semana retumban aún con más fuerza su hiriente frase: «A las Farc hay que creerles», pronunciada el día que manifestaron que no tenían un solo secuestrado en sus manos.

Ahora cabe preguntarle al Presidente: ¿Les sigue creyendo?

Acabo de regresar del alto Putumayo, donde estuve ocho días en zonas de influencia de las Farc, y les aseguro que por allá no les creen ni cinco. Y no porque sean guerreristas -anhelan más que nadie la paz porque sufren la violencia guerrillera en propia carne-. Tampoco por tratarse de uribistas recalcitrantes -detestan al expresidente, al que culpan de la debacle de las pirámides (DMG y DRFE) que se tragaron el patrimonio de miles de familias del Putumayo-.

Desconfían por una razón elemental: están condenados a soportar el yugo de la guerrilla al igual que antes padecieron el de los sanguinarios paramilitares, y aprendieron a conocerlos como la palma de su mano.

Esperemos que el Presidente haya aprendido la lección esta vez y comprenda que si País Libre indica que las Farc todavía tienen secuestrados, no lo hace por atravesarse en su proceso de paz, sino porque los familiares de los cautivos, así como los millones de ciudadanos que rechazan ese delito tan cruel, merecen respuestas o, cuanto menos, la solidaridad y la verdad del Jefe de Estado.

 

 

 

Salud Hernández-Mora
Periodista española
Corresponsal del diario «El Mundo»
@saludhernandezm

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