Santiago Gamboa nos habla de Nostalgias

25 de agosto de 2013

Nostalgias 7


Hace un tiempo una revista me pidió hacer una lista de cosas que me producían nostalgia (síntoma inequívoco de alguien que se acerca con paso firme a la cincuentena), así que me puse a pensar en mi adolescencia, allá por el final de los años setenta y el inicio de los ochenta, y me llené de imágenes evocadoras de una época que, diablos, ¡parece de hace siglos! Sin querer hacer un ejercicio de idealización de mi juventud (si es que esto es posible), debo decir que la apariencia de antigüedad de esos años tiene que ver sobre todo con dos cosas: la ausencia de celular y de Internet, dos revoluciones que llegaron a mediados de los años noventa y que, hoy, se han convertido en sustitutos de la vida.
 
No creo que antes la vida fuera mejor, ni más sincera o más reflexiva, como creen algunos, pero sí constato que era más lenta. Todo ocurría más despacio porque la comunicación tenía un “tempo” pausado. Al llegar a mi casa de la universidad yo preguntaba, ¿me llamó alguien?, y me decían, sí, lo llamó su amigo Tomás, y dijo que lo esperaba en la casa de Ricardo para ir a la tienda. Eran mis amigos del barrio. En ese instante, a los dieciocho años, yo me sentía perfecta y extraordinariamente comunicado. Si al llegar a la casa de Ricardo no había nadie, me dirigía a la tienda y allí los encontraba. Comunicación perfecta.
 Un bar

La histeria de la hipercomunicación llegaría después, pero yo siento nostalgia de esos remansos temporales de los ochenta. Uno salía un sábado en la noche con un grupo y con ese mismo grupo terminaba. Hoy las noches no tienen fin de tantas nuevas citas que, vía celular, van surgiendo hasta la madrugada: “¿dónde están?”, “¡vamos para allá!”, “¡vénganse!”. Muchos de los argumentos de la literatura, con el celular, ya no tienen sentido. El final de Doctor Zhivago, por ejemplo. Cuando mi novela Perder es cuestión de método fue adaptada por Sergio Cabrera al cine, hubo que tomar la decisión: es anterior al celular y para actualizarla había que cambiar muchas cosas de la trama que ahora no eran creíbles… ¡por el bendito celular!
 
Ni se diga el Internet. No soy tan nostálgico como para querer que desaparezca —no soy bobo—, pero sí extraño esa época en que uno investigaba en los libros, yendo a las bibliotecas. Hoy mis alumnos hacen exposiciones proyectando en el salón videos de los autores que encuentran en Youtube, y eso para ellos tiene más peso que sus propias lecturas. Lo mismo en la prensa. Muchos periodistas, en lugar de leerse los libros de un escritor al que van a entrevistar, lo que hacen es leer las entrevistas que ya dio, y es con eso con lo que elaboran su cuestionario.
  Nostalgia collage
Siento nostalgia de ese modo libresco de acercarse al conocimiento. Alguien dirá que los libros siguen estando ahí, pero hoy son tantos los atajos que ofrece internet que ya es un verdadero milagro leer e investigar. Y eso me produce tristeza, pues yo me formé así y es así como sigo viviendo, en un mundo cada vez más extraño. Porque como dice Héctor Abad: “Somos igual que profesores de latín, lo que sabemos cada vez tiene menos valor”. Y es precisamente eso de lo que siento nostalgia; de un modo de conocer el mundo y de ir, con un “tempo” lento, adentrándose en él, con la ayuda de los libros.
 


Santiago Gamboa

Santiago Gamboa
Escritor, filólogo, embajador, columnista, corresponsal y periodista colombiano.

Síguenos:
facebooktwitterrssyoutube


Otros artículos de interés