Las FARC no dan su brazo a torcer

25 de agosto de 2013

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Humberto de la Calle proclamó que nunca antes se había avanzado tanto con la guerrilla en un proceso de paz. Pero si uno lee el comunicado gaseoso que firmaron ambas partes la semana anterior, sobre el punto referido a la participación política de las FARC, comprobará que todo lo polémico sigue sobre la mesa y que las grandes palabras del jefe de la delegación gubernamental las entierran los raquíticos avances que mostrar y las propuestas inviables que a diario hacen las FARC por fuera de la mesa.
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La banda terrorista sigue en su política de vivir de espaldas a la sociedad que un día tendrá que aprobar lo que firmen las dos partes, subidos a un pedestal de barro, convencidos de que saldrán victoriosos de la batalla que libran en Cuba sin sufrir el rasguños ni hacer concesiones. Prefieren insistir en que las encuestas que indican que más del 80 por ciento de la población no quiere verlos en las Cámaras legislativas, es un invento de los medios de comunicación de la oligarquía. El pueblo, aseguran, respalda su lucha.
 
El principal obstáculo en el segundo punto de la agenda, además del rechazo social mencionado, es que las Farc pretenden hacer política sin pasar un día tras las rejas y sin pedir perdón ni contar la verdad a sus cientos de miles de víctimas. Reiteran que más que reprocharles lo que hicieron, la nación debe estudiar todas las violencias desde los años cuarenta de siglo pasado, con el fin de diluir sus responsabilidades concretas. Por esa razón no están de acuerdo con el Marco Jurídico para la paz, que Santos y sus aliados en el Legislativo pensaron que era una concesión que las Farc verían con buenos ojos. Lo rechazan porque supone aceptar sus crímenes y la justicia transicional y ellos, aseguran hasta el cansancio, no cometieron ninguno, solo posibles “errores” en una guerra de medio siglo.
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En cuanto a su integración a la vida democrática, sacaron una interminable lista de la compra, con infinitas ramificaciones, que va desde que le regalen un canal de televisión, le otorguen unos cuantos escaños a dedo, les aseguren que tendrán poder en las regiones que les interesa, hasta una Asamblea Constituyente para cambiar el sistema político a su conveniencia, pasando por negar la legitimidad de la Justicia.
 
Santos les apremia para que corran y firmen algo en noviembre, mes en que tendrá que decidir si lanza o no su candidatura a la relección, pero los comandantes guerrilleros no hacen sino enredar la madeja y repetir que los afanes no son para ellos.
 
A su favor tienen el papel de apagafuegos del proceso de paz que el gobierno de Juan Manuel Santos asumió de manera voluntaria, calmando las llamas cuando la gente se indigna por las prepotentes salidas de tono de la guerrilla. Incluso acuñaron la etiqueta: “enemigos de la paz” para aplicársela a cualquiera que discrepe del curso de las negociaciones, pero más que nada a los uribistas, dando a entender que Santos y su equipo, junto con las Farc, son los únicos pacifistas del país.
 
JM Santos muecaEl Presidente, al que solo uno de cada tres colombianos querría ver otro periodo en Casa Nariño, sabe que la paz es su única carta potente para reversar una tendencia que se mantiene constante en todos los sondeos. Y esa debilidad la conocen las Farc, que son los que llevan la batuta en La Habana y quienes preferirán aguardar a las presidenciales de mayo próximo para ver con quien rematan el proceso de paz. Porque salvo que vayan a la velocidad de la luz, será imposible evacuar los cinco puntos este año. Y para las Farc cada día de La Habana es ganancia. En la isla, ante el mundo, posan de sufridos revolucionarios con ideales políticos, sin perder en Colombia el poder que le otorgan las armas, el único que justifica las conversaciones en Cuba.
 
 
Salud Hernández Mora

Salud Hernandez-Mora
Periodsta española residenciada en Colombia
@saludhernandezm
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