Khalil Gibrán ¡Ciudadano del Mundo!

25 de agosto de 2012

Gibranportada

Un hombre de Oriente que insufló a Occidente la espiritualidad que le faltaba… Gibrán significa «El soñador» y Khalil quiere decir «el elegido», el nombre del autor vendría a decir algo así como «el soñador elegido».

En este pueblo encerrado en las hermosas montañas del norte de Líbano, este rincón del mundo fenicio llamado Bsharri (Bécharre), el 6 de enero de 1883 nace el más grande poeta de Líbano Gibrán Khalil Gibrán. Nace en ese universo mágico de bosques sagrados y cedros milenarios, en el seno de una familia maronita.

Gibrán, el poeta, el filósofo, el artista, nacido en el Líbano, tierra que ha dado a la humanidad aportes fundamentales de cultura, ciencia y espiritualidad. Es el primer hijo, del segundo matrimonio de su madre quien había enviudado y que ya posee un hijo, habido en sus primeras nupcias, llamado Butros.

Gibrán, el libanés traspaso sus montañas, su amada costa mediterránea, y como los antiguos fenicios, navegó por los mares y océanos de la universalidad y su fama y su influencia se esparcieron más allá del Oriente Próximo, para hoy ser el poeta de todos los que amamos su obra, su genio, su infinita calidad humana. En el marco de una familia modesta, en la que destacaba una madre típica libanesa, cariñosa y protectora, cuyo afecto y recuerdo guardó hasta el fin de sus días. Los datos más acusados de su personalidad de niño fueron su tranquilidad, sensibilidad y su afición al dibujo.

En esa unida familia de tradición cristiana maronita, nace en 1885 su hermana Marianna, y después, en 1887 llega al mundo su segunda hermana, Sultana. En 1888 entraron todos los pequeños en una escuela del pueblo, donde se les imparte los primeros rudimentos en áreas de árabe, Syriaco, y Aritmética.

De ese muchachito libanés, hoy su poesía se ha traducido a más de veinte idiomas y sus dibujos y pinturas se han expuesto en las grandes capitales del mundo.

Khalil Gibrán abandona su Líbano, y emigra a América en 1895, siguiendo lo que ya hemos dado a llamar «El destino libanés». En los Estados Unidos de América, y en compañía de su madre, su medio hermano y sus dos hermanas, estará su hogar durante más veinte años de su vida.

Marianna, su hermana, pintada por el propio Khalil Gibran

De allí que este libanés comience a escribir su obra magnifica en idioma inglés. Al emigrar junto a su madre, sus dos hermanas y su hermanastro a Boston, la familia se establece en Chinatown. El padre, Khalil Gubran, un recolector de impuestos en Líbano y borracho empedernido, se queda en su pueblo de Bsharri. En 1895 su hermanastro Butros abrió una tienda pequeña, y de los ingresos allí logrados, es que vive la familia, esa era su única fuente de ingreso. Es la época cuando aún el poeta posee su nombre «Gubrán», bastante más árabe, y en una escuela local, anglicaniza su nombre a Kahlil Gibran.

Cierto es que pasa la mayor parte de su vida en Occidente, pero su vinculación a Líbano, su patria, y a su lengua materna, influirá de manera profunda y vital. Las primeras obras, publicadas exclusivamente en árabe, hacen de él el mas grande exponente del romanticismo dentro de la literatura árabe.

Su asidua correspondencia con la escritora libanesa May Ziadeh -con quien, sin embargo, no se encontraría jamás- es un testimonio indiscutible de su apego a Líbano.

Entre ellos se desarrolla una relación sentimental platónica, como lo evidencian sus cartas, descubiertas recientemente, impregnadas de un tierno respeto, de una franqueza transparente y de un compromiso apasionado por los valores artísticos.

Desde 1910 hasta su muerte, el 10 de abril de 1931, se establece en Nueva York.  Gran poeta, filósofo y pintor ha sido considerado uno de los más grandes poetas que ha dado el Oriente, sus poemas trazan la parábola del universo viviente.

Gibran’s studio at 51 W. 10th St., New York City

Es Gibrán, especialmente amado en los Estados Unidos de América, y su obra El Profeta, como sus otros libros de poesía, ilustrados con sus dibujos místicos, están entre las obras más vendidas de las librerías americanas. En las universidades y escuelas de letras del gran país del norte, se ha definido muy claramente a Gibrán como uno de los más claros exponentes de una expresión de los impulsos más profundos del corazón y de la mente humana. Occidente es la tierra por donde transcurrirá la mayor parte de su vida, sin embargo, esto no merma para nada su vinculación a Líbano, su patria, de la que un día escribe: Si el Líbano no fuera patria mía, haría del Líbano mi patria.

A pesar de que es su primera obra redactada en inglés, Le Fou (El loco) no es publicada sino hasta 1918. El poeta consagra este período a absorber, asimilar y concretar las influencias culturales múltiples que lo rodean. Las largas horas pasadas dentro de su buhardilla situada en la calle 10 en Nueva York, contribuyen a perfeccionar su arte antes de ser reconocido y admitido dentro de los círculos de la sociedad cultivada de Nueva Inglaterra. Durante todo ese tiempo, Gibran se sumerge en la lectura de obras tanto en árabe cómo en inglés, y construye un equilibrio entre la influencia de Lake o de Nietzche y aquella de poetas musulmanes místicos como Ibn al-Farid e Ibn al-Arabi. Pero la más importante y la más perdurable de sus influencias, que se mezcla indiferentemente con su espíritu, es sin duda aquella de la Biblia, obra que no pertenece ni a Oriente ni a Occidente.

Este «período de gestación» culmina con sus obras redactadas en inglés, de las que la más inmortal es El Profeta (traducida múltiples veces), que conoce un vivo suceso internacional y es considerada como una obra fundamental del siglo XX.

Gibran es, de hecho, uno de los raros autores que ha mantenido renombre dentro de dos culturas diferentes, y es precisamente en aquello en lo que reside su genio.

Aunque él no pertenece a ninguna tradición literaria precisa, ha sido capaz de establecer un puente entre Oriente y Occidente, elaborando su propia fidelidad en el amor y en la unidad, conduciendo al hombre, de la penumbra del egoísmo y de la ceguera, al esplendor del don de ser y de la comprensión dentro de un mundo desgarrado por los conflictos internos.

Raros son los autores que han podido desafiarlo en la escritura en dos lenguas tan diferentes como la árabe y la inglesa con tanto éxito. Más sorprendente es aún, su capacidad única de representar lo mejor y más valioso de dos mundos: lo mejor del cristianismo y lo mejor del Islam.

Una de las obras más dinámicas de Gibrán, redactada en árabe, es traducida bajo el título Espíritus Rebeldes. Representa un ataque acerbo contra el abuso del poder religioso. Una suerte de ironía que aquel hombre ferozmente anticlerical haya escrito la que, sin embargo, es la obra más espiritual y las más intensamente religiosa del siglo XX.

Ese poeta amado que muere en Nueva York, el 10 de abril de 1931, está aquí, en nuestro Magazine, inmortal como es el genio, y admirado como merece ser el talento y la sensibilidad.

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