Los Estados Unidos y el mundo

24 de octubre de 2012

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En la sección internacional de este periódico les cuento como Obama y Romney presentaron a sus compatriotas su política internacional. Es decir, puro show televisivo. En esta columna voy a intentar explicarles su verdadera política extranjera.

Al llegar a la Casa Blanca, Obama se encontró con dos guerras -la de Irak y la de Afganistán-que no podía ganar y no debía perder, porque sería tanto como perderse él. Así que dedicó su primer mandato a procurar que el radicalismo islámico no se apoderara de ambos países, al tiempo que procuraba ajustar cuentas con los responsables de los 3.000 muertos del 11-S. Esto lo consiguió liquidando a Ben Laden. Pero en lo otro, lo más que ha conseguido es dotar a iraquíes y afganos de unas fuerzas de seguridad que deben defenderles de los extremistas cuando se vayan las tropas aliadas. Si lo lograrán no lo sabremos hasta verlo en la práctica, pero, en cualquier caso, la retirada está planeada y decidida. Con el resto de las crisis -en especial la «primavera árabe»- su actitud tiene la misma mezcla de fuerza y prudencia: apoyo a las manifestaciones populares contra los dictadores, pero evitando el despacho de tropas. Animando a esas multitudes, si triunfan, a establecer regímenes, abiertos, responsables, no corruptos. Pero su futuro está en sus manos no en las de los norteamericanos, que sólo intervendrán militarmente si ven amenazados sus intereses o los de sus aliados. En el resto de los casos, Estados Unidos ha dejado de ser una potencia que exporta «su» orden al mundo, para volver su mirada hacia dentro de casa, donde hay tanto por hacer. Algo que resume el presidente USA con la frase «No podemos continuar construyendo naciones mundo adelante mientras nuestra nación sufre serias cortedades».

Romney, por el contrario, es el típico norteamericano convencido de que todos los problemas del mundo se solucionan exportando su modelo al resto de los países y que no duda en ponerlo en práctica por las buenas o las malas, como han venido haciendo con mayor o menor acierto todos los presidentes hasta la fecha. Ello le lleva a contradecirse a menudo, como decir un día que el mayor peligro es Rusia y el siguiente, que es Al Qaida o Irán. O abogar por dejar soldados en Irak, para sostener más tarde que conviene retirar todas las tropas. O buscar el entendimiento con China y amenazarla con una guerra arancelaria. Inconvenientes de no haber viajado bastante.

Ustedes dirán que no hay color entre ambos. No exactamente, y de ahí que sigan empatados en las encuestas. Hay norteamericanos, y no precisamente pocos, que añoran los tiempos en que su país era el más poderoso, el más rico, el más admirado del planeta, y Mitt Romney les promete volver a ellos si le eligen presidente

José María Carrascal
Escritor y periodista español, columnista del diario ABC

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