Descubren método para volvernos ‘invisibles’ a ojos de los mosquitos

24 de agosto de 2021

mosquito Aedes aegypti




Los mosquitos no son solo una molestia del verano. Sus picaduras pueden ir mucho más allá de un simple habón, ya que son capaces de transmitir flavivirus que ocasionan enfermedades tan peligrosas como la fiebre amarilla, la malaria o el zika. Es por ello que los científicos se afanan en saber qué hay detrás de su ‘apetencia’ por unas u otras víctimas, y cómo se guían hasta su suculento ‘botín’. Ahora, científicos han conseguido modificar genéticamente a varios de estos insectos para conseguir que sus presas sean ‘invisibles’ ante sus ojos, pero sin dejar a los insectos ciegos. Los resultados acaban de publicarse en la revista ‘Current Biology’.


En realidad, los mosquitos, tanto hembras como machos, se alimentan de néctar y savia. Pero ellas necesitan de las proteínas de la sangre para producir sus huevos, y de ahí vienen las picaduras. El equipo se centró en la especie 
Aedes aegypti, conocida coloquialmente como mosquito momia, mosquito del dengue o mosquito de la fiebre amarilla, por su especial gusto por la sangre humana. Para encontrar a sus objetivos, estos insectos combinan varios sentidos y diferentes etapas: les encanta el dióxido de carbono que desprendemos en la respiración, pero también nos ven, nos huelen e incluso sienten nuestra temperatura.

«Generalmente, tras la exposición al dióxido de carbono, la atención de los mosquitos a su posibles víctima aumenta drásticamente -explica a ABC Yinpeng Zhan, investigador de postdoctorado de la Universidad de California en Santa Bárbara y autor principal del artículo-. Una vez que los mosquitos llegan a unos pocos centímetros de los objetivos utilizando señales visuales y olfativas, otras señales, como estímulos olfativos térmicos y cutáneos adicionales permiten a las hembras evaluar y determinar si es un huésped potencial». Es decir, cuando la hembra detecta el CO2, se activa para buscar a su huésped, generalmente evitando tener el aire de frente y buscando objetivos oscuros.

Así es como el equipo pensó que gracias a la tecnología CRSPR/Cas-9 (una herramienta de ‘corta-pega’ genético) podrían ‘desactivar’ los receptores visuales Opsin1 (Op1) y Opsin2 (Op2) de los mosquitos, interrumpiendo la capacidad de los insectos para reconocer objetivos oscuros, una habilidad clave a la hora de atacar. «Se ha estudiado mucho cómo los mosquitos detectan el dióxido de carbono, los olores orgánicos y la temperatura de sus víctimas», afirma por su parte Craig Montell, profesor de la UC Santa Barbara. «Pero los mecanismos moleculares a través de los cuales los mosquitos identifican a las personas de forma visual se han ignorado en gran parte».

Mosquito tigre
Fijándose en esta ‘habilidad olvidada’ de los mosquitos, el equipo descubrió que cuando se introducen mutaciones que eliminan dos de las cinco opsinas -moléculas que permiten la visión en los animales- en el ojo del mosquito, se consigue hacer ‘desaparecer’ al objetivo que, a priori, le había resultado llamativo tras desprender CO2, pero sin causarles ceguera. Aprovechando la inclinación del A. aegypti por los objetos oscuros, para el experimento con los ‘mosquitos mutantes’ utilizaron dos puntos como objetivos: uno de control blanco y otro negro, que sirvió como señuelo. Desarrollaron una jaula experimental donde expusieron a los mosquitos al CO2. Además, se hicieron tres ensayos adicionales para medir la visión de los mosquitos y comprobar que, efectivamente, no estaban ciegos, a través de la fototaxis -comportamiento de los insectos, que se ven atraídos por los focos- y conectando unos electrodos a sus ojos para medir los cambios de voltaje en respuesta a la luz.

Zhan y Montell comenzaron usando CRISPR/Cas9 para eliminar la proteína de visión más abundante en las células fotorreceptoras de los insectos: la proteína rodopsina Op1. Pero, al realizar las pruebas, vieron que los mosquitos mutantes no mostraban cambios con respecto a los no modificados. Después probaron con la Op2, la rodopsina más relacionada con Op1. Nuevamente, los insectos con cambios genéticos artificiales se comportaron normalmente. Finalmente, los autores inhibieron las dos proteínas, lo que sí dio lugar a resultados: tras la exposición al CO2, los mutantes dobles no mostraron preferencia por el punto negro.

Todos los grupos (salvajes, Op1, Op2 y Op1+Op2) mostraron fototaxis positiva: es decir, se sentían atraídos por la luz, lo que sugiere que incluso los mutantes dobles no estaban ciegos. Al comprobar la actividad eléctrica de sus ojos, el equipo pudo ver que todos respondían a la luz, aunque la caída del voltaje era de la mitad en el caso de los mosquitos mutantes dobles. También se comprobó el estado del órgano visual, que fue bueno en todos los casos.

Este sistema podría utilizarse para otros insectos como las chinches, las moscas tsetsé o las garrapatas, todos vectores de enfermedades humanas. «Y este estudio es el primero en descubrir los mecanismos moleculares detrás de este comportamiento», afirma Zhan.

Una Nota Informativa. Fuente: Agencias





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