Venezuela: ¿Por qué lo llaman «guerra económica» cuando quieren decir incapacidad congénita?

23 de octubre de 2013

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El presidente venezolano, Nicolás Maduro, sigue empeñado en luchar contra los Molinos de Viento del Quijote, es decir, contra los enemigos del país que solo existen en su mente y que son la coartada para justificar su falta de carisma y su manifiesta incapacidad. Dice el máximo mandatario venezolano, sucesor del fracasado sátrapa Hugo Chávez, que el país sufre una «guerra económica» al estilo de la que supuestamente padeció el Chile de Salvador Allende y que la oligarquía local, esa «burguesía parasitaria» a la que se refiere despectivamente, se alió con el «imperio» para destruir el país, como si 14 largos años de chavismo no lo hubieran dejado ya suficientemente maltrecho sin la ayuda de nadie. No hizo falta la ayuda de ningún enemigo, y menos del exterior, para dejar a Venezuela hecha unos zorros, como se dice vulgarmente. Con los chavistas bastó y fue más que suficiente.

Chávez y Maduro 4El régimen que heredó Maduro, que está inmerso en una de sus más graves crisis tras la muerte de Chávez y la sucesión en falso, necesita legitimarse como sea y culpar a alguien de sus consabidos fracasos en todos los órdenes. No ha sido capaz de construir viviendas para la gente más humilde, importa casi el 95% de lo que consume, nadie quiere invertir en un país donde reina la inseguridad y el caos y la criminalidad campa a sus anchas sin ningún control. Las cárceles se han convertido en escuelas de criminalidad y centros de lento exterminio. Por no hablar de la corrupción, ya reconocida desde el gobierno, que la practica copiosamente, y que mina a todas las instituciones e instancias del país. Los resultados de años y años de populismo barato y de no hacer frente a los problemas reales de la nación de una forma seria, eficiente y profesional a la vista están. Un naufragio que no admite maquillaje y del que Venezuela no saldrá en lustros.

Venezuela se hunde en un mar de irracionalidad creciente. Este gobierno se caracteriza por el despilfarro de los réditos obtenidos por la industria petrolera, la tolerancia hacia una violencia desenfrenada que provoca más de 20.000 homicidios al año y una gestión desastrosa y calamitosa que ha transformado a este país en el mejor ejemplo de cómo no se debe gobernar una nación moderna.  El cuadro es dantesco, por mucho que se empeñen en edulcorar las cosas Telesur y el diario Gramma, y las perspectivas a futuro no son nada halagüeñas.

Venezuela crisis 1MALOS AUGURIOS PARA FINALES DEL 2013

Más bien lo contrario:  la inflación podría terminar el año con una de las tasas más altas del mundo, casi el 50% señalan muchos economistas, y no se espera que el país crezca más de un 1%. Sus tasas, en ambos casos, son las peores de América Latina, y sitúan a Venezuela en parámetros africanos. Excepto petróleo, el país no exporta nada de nada, bueno quizá sí: «vende» al exterior un modelo político basado en la generalización de la pobreza y la miseria. Cuanto más pobre es la gente, mejor, así se la hace más dependiente del Estado. El socialismo del siglo XXI es la caridad de una administración fracasada y autoritaria.

Maduro habla de una inexistente «guerra económica, cuando realmente quienes han destruido al país y le han llevado al actual caos han sido los ineficientes e inútiles gestores del desastre bolivariano. No hay nada positivo en el camino, nada que destacar, hasta la política social ha tenido un impacto mínimo e incluso la pobreza se habría incrementado, pese al discurso oficial que sostiene lo contrario. La verdad en la Venezuela de Maduro es la mentira.

Un informe de la CEPAL, el organismo económico de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe, señalaba en el 2012 que en tres países del continente se habían producido serios retrocesos en materia de lucha contra la pobreza. Esos tres países eran la República Dominicana, Costa Rica y Venezuela, donde la población pobre llegaría al 30% del censo. La razón de este incremento se debe, lógicamente, a una inflación desenfrenada y sin ningún freno a la vista. Por mucho que el gobierno haya anunciado que los salarios subirán entre un 38 y un 45%, a nadie se le escapa que este aumento está por debajo de la inflación prevista y que no cumplirá la demanda para la compra de productos básicos en los sectores sociales más desfavorecidos.

Maduro habla de una «guerra económica», pero en verdad debería decir incapacidad congénita por parte de quienes han gobernado este país durante años ocultando la verdad y tratando de presentar el estado de   cosas como una realidad idílica y paradisíaca. Como se señala muy oportunamente George Orwell, en su novela 1984, en una descripción que perfectamente podría servir para el caso venezolano, se trata de «saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas, emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella».

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Algo muy parecido ocurre en esta Venezuela que es un decorado de cartón piedra, un escenario teatral donde se representa un sainete desde hace años y ya nadie cree en lo que se dice desde el poder. Se maquillan las cifras y las estadísticas para ocultar la realidad desgarradora; se recurre a la desautorización del adversario para justificar los errores propios; se legaliza a la mentira como verdad oficial para difuminar el caos reinante y se recurre a la violencia cuando no hay argumentos ni dialéctica con que confrontar con una oposición a la que ya se le atribuye el beneficio de la duda y ,seguramente, la razón de una mayoría hastiada y cansada de tanto desatino. ¿Y por qué llaman a este estado de cosas «guerra económica» cuando realmente quieren decir incapacidad congénita?


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Ricardo Angoso
Periodista español
rangoso@iniciativaradical.org 
@ricardoangoso





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