José María Carrascal escribe sobre Trump

23 de septiembre de 2019

donald-trump-mensaje-fin-de-ano-2016




Donald Trump despide consejeros de Seguridad -el hombre más próximo a un presidente norteamericano- como despedía aprendices en su programa de TV. Ya va por el cuarto, pero esa no es la sorpresa, sino la persona. Se esperaba a alguien más que el despedido John Bolton, un halcón de los tiempos de Bush hijo, dispuesto a darse de bofetadas con cualquiera de los muchos camorristas que hay en este planeta. Pero no, ha elegido a Robert O’Brien, negociador de la crisis de rehenes, un hombre afable, paciente, justo lo contrario de su jefe. ¿Se ha equivocado éste o nos equivocamos nosotros?

Pasado el ecuador de su primer mandato y con la campaña de las próximas elecciones a la vista, es decir, tras haberle visto actuar en las más diversas situaciones, podemos decir qué es «lo que se le da bien» a Donald Trump. Más que un político, más que un presidente, más que un bocazas o un coleccionista de mujeres espectaculares, es un «realtor» o «real state agent», un agente inmobiliario, alguien que se dedica a la compra y venta de edificios. La viene de familia y ha dedicado toda su vida a ello, convirtiéndole en archimillonario y permitiéndole llegar a la Casa Blanca, que viene a ser la joya de la corona de su imperio, aunque él se siente más a gusto en la Trump Tower de Nueva York, sobre todo ahora que la tiene rodeada de policías, que arman unos atascos formidables. Aunque si pasean por Manhattan encontrarán muchos edificios con su nombre, altos, acristalados, carísimos, de oficinas o viviendas. No todos son suyos, en la mayoría sólo ha puesto su nombre, a buen precio desde luego, como ocurre a lo largo y ancho del país, incluida «la Casa Blanca del Sur», en Florida, que ha convertido en club de golf exclusivo.

Sus afanes inmobiliarios le han llevado a pretender que Dinamarca le venda Groenlandia, no a él, sino a Estados Unidos, pero estén seguros de que su objetivo es poblarla de torres como las de Manhattan, ahora que empieza a fundirse allí el hielo, mientras las zonas templadas empiezan a ser tórridas, con tifones y demás. Que el Gobierno danés lo haya rechazado le fastidió tanto que canceló su planeada visita a Copenhague en su última gira por Europa.

No hay, por tanto, que juzgarle como un político, sino como un «realtor», alguien que negocia en habitáculos. Como todo negociante, empieza ofreciendo poco y exigiendo mucho, para avasallar al interlocutor, y, al final, llegar al acuerdo que le interesa. Lo malo, o bueno, es que la política no es un negocio. Es un «arte de los posible» (Bismark) y a veces de lo imposible. Mientras los inmobiliarios intentan sólo hacer un buen negocio y unas veces lo consigue y otras no (Babel, la crisis del ladrillo).

Trump un gran presidente
Hasta ahora, a Trump no le ha ido tan mal. Estados Unidos sigue creciendo, su paro es del 3 por ciento, pleno empleo allí, y, lo más importante, no se ha metido en ninguna guerra, cuando Kennedy llevaba dos. En cualquier caso: ya saben dónde hay que invertir.

José María Carrascal José María Carrascal
Escritor y periodista español


Síguenos:
facebooktwitterrssyoutube


Otros artículos de interés