Un demócrata con lazos con Chávez trata de marcar el paso a la diplomacia de Biden

22 de mayo de 2021

Gregory Meeks y Chávez






Gregory Meeks intentó boicotear en el Capitolio una venta de armas de precisión a Israel por el conflicto de Gaza


Con una mayoría pírrica en el Capitolio, y dependiente por lo tanto de todos los legisladores de su partido, 
incluida el ala más a la izquierda de la bancada, Joe Biden se ha estrenado en la presidencia de Estados Unidos con una política exterior plagada de giros sorprendentes. El más reciente y evidente es la llamada de atención a Israel por su aplastante respuesta al lanzamiento de cohetes por parte de Hamás en la franja de Gaza, algo inédito en la Casa Blanca. Pero no es el único. Un pequeño número de demócratas con caras muy visibles —desde Bernie Sanders hasta Alexandria Ocasio-Cortez— está impulsando un cambio sustancial en el centro de gravedad diplomático de Washington. 

Y de entre esas filas, alguien hasta ahora poco conocido, ha tenido lazos con el chavismo. El día en que el presidente de la Comisión de Exteriores de la Cámara de EE.UU. conoció a Maduro en 2002 y Nicolás Maduro, entonces un emergente diputado del Movimiento V República de Venezuela, fue invitado por destacados demócratas a pasar unos días en Cape Cod, Massachusetts, en una propiedad de los Kennedy. Allí, el enviado de Hugo Chávez se vio con varios diplomáticos y legisladores incluido John Kerry, que sería candidato presidencial en 2004 y secretario de Estado con Barack Obama.

Gregory Meeks

Allí estaba Gregory Meeks, entonces diputado por Nueva York y desde enero presidente de la comisión de Exteriores de la Cámara de Representantes. Existen fotos de ese encuentro, aunque no muchas. Israel y Hamás proclaman su ‘victoria’ tras once días de duros combates. Después de cuatro guerras en 13 años, Hamás e Israel volvieron a proclamarse vencedores tras la ofensiva de 11 días que decidieron terminar con un alto el fuego a primera hora del viernes. Las sensaciones son diferentes a los dos lados de la verja de separación en la que viven encerrados desde hace 14 años los dos millones de gazatíes. Los islamistas hablaron de una «victoria divina» y miles de personas tomaron las calles de la Franja y también se juntaron de madrugada para celebrar el alto el fuego en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén. Las banderas verdes del grupo islamista ondearon en manos de palestinos de Gaza, Israel, Jerusalén oriental y hasta de Ramala, un gesto de unidad poco habitual ya que es el bastión de Fatah, facción palestina enemiga.

El alto el fuego entre Israel y Hamás es un éxito de Joe Biden, por mucho que sea un arreglo provisional y no solucione ningún problema de fondo. Once días después del comienzo de las hostilidades, las gestiones discretas del presidente y de su equipo de asesores, con una larga experiencia en la gestión de tensiones internacionales, han dado resultado. El objetivo principal que perseguían era claro y limitado, frenar cuanto antes los ataques y evitar la repetición del conflicto de 2014, que duró cincuenta días y se saldó con más de dos mil muertos. Aquella crisis dejó maltrecha la credibilidad norteamericana en la región, con un John Kerry frustrado por no poder al mismo tiempo mediar y mantener lazos estrechos con Israel.

Una Nota informativa. Fuente: Agencias




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