¡Que vienen los rusos! titula hoy Hermann Tertsch

22 de marzo de 2021

Rusia peligro




No falta de nada para asustar en esta España por lo demás tan angustiosamente menesterosa en todo lo que pudiera ser útil y cabal. Tenemos robos de decenas de miles de vacunas que ya no parecen siquiera molestar. Se da por hecho que la casta gobernante se ha vacunado toda incluso antes de lanzar a la furiosa rehala contra las infantas por hacerlo de forma muy lógica y sin coste ni perjuicio para nadie en Abu Dabi. Tenemos al sindicato UGT celebrando en su congreso al terrorista Otegi, en un regreso simbólico a aquellos Años Treinta en que era una máquina de asesinar católicos antes de volver en los setenta reconvertida en organización corrupta de extorsión, colocación y celebración de mariscadas.

La indigencia intelectual solo es otra faceta de la corrupción de toda la sociedad del consenso del acuerdo en la mentira

Tenemos tribunales populares en televisión presididos por comisarias comunistas de nombre aristocrático como el fundador polaco de la CK, checa, Felix Dzerhisnki, que hacen de fiscal y juez y condenan a los acusados a muerte civil -de momento- por lo que les cuentan y les pide el cuerpo y su sectarismo feroz. Participan en ellos nada menos que ministras del gobierno que intervienen vía Twitter para verter contra los hombres en general toda la frustración y rabia de seres incultos y primarios que les generan los hombres despreciables que se buscan y encuentran. Y exigen desde el gobierno gran escarnio antes del linchamiento, en escenas propias de un Bulgakov carpetovetónico, en las que los jueces y verdugos dan las gracias al padrecito Stalin, a la madrecilla Montero, por interesarse por su labor y enviarles su opinión que es una orden con el pulgar hacia abajo. La indigencia intelectual solo es otra faceta de la corrupción de toda la sociedad del consenso del acuerdo en la mentira.

Tanta descomposición del orden civil tenía que traernos un poco al menos de invasión rusa. Y aquí la tenemos. En el siglo pasado advertían sobre los peligros de la invasión rusa los adversarios de la tiranía. Hoy es la soldadesca liberticida la que recurre a la invasión rusa -¡El lobo, el lobo!- para sus operaciones de confusión intencionada e intoxicación ambiental. En EEUU lo hicieron con mucho éxito los conspiradores al iniciar la colosal operación de corromper los mecanismos electorales norteamericanos para deshacerse de Donald Trump.

Sucedió con el proyecto chavista de CEPS, embrión de Podemos, convertido solo diez años después en gobierno delincuente de España

Ahora ha llegado a España esa conspiración rusa que siempre sirve para tapar la conspiración real. Esa que los tachados de conspiranoicos siempre ven y nunca impiden. Sucedió en el 23-F cuando se inhabilitó para siempre al ejército español para asumir sus deberes constitucionales fundamentales. Sucedió por supuesto, en el 11-M cuando saltó al gobierno la conspiración del cambio de régimen. Sucedió con el proyecto chavista de CEPS, embrión de Podemos, convertido solo diez años después en gobierno delincuente de España. Sucedió con la sentencia del juez de Prada y la moción de censura que fue la conspiración menor que ponía el broche de virtuosismo falsario a todas las conspiraciones anteriores. Las mezquindades, vilezas y miserias criminales de los protagonistas, desde Zapatero y Rajoy a Sánchez e Iglesias se sobreentienden.

Ahora resulta que es Putin el que no quiere que nuestros parados cobren. Por eso, dicen, ha hackeado el Kremlin el sistema informático del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Mientras, dicen, el gobierno se desmelena desde hace quince días por ponerlo en marcha y nada, que los rusos son muy malos. No, no es cierto que, como dicen las malas lenguas, el gobierno se haya inventado este asalto informático porque no tiene dinero para pagar a nadie. Demasiado gasto en asesores y ministerios y taifas. Eso que Ábalos paga con sus sobres. Y que Delcy siempre intenta ayudar.

Tampoco es verdad, por Dios, que cada vez haya más resistencia a darle dinero a este gobierno tan escandalosamente sinvergüenza en una Bruselas que está desarbolada por los repetidos fracasos brutales de la Comisión Europea durante la pandemia. Que han demostrado que quienes están fuera de la Unión Europea han podido actuar mejor para proteger a sus ciudadanos que quienes están dentro. Y no solo el Reino Unido, sino países como Serbia han dado un ejemplo de eficacia a este mamotreto de superestado -¡Más Europa, más Europa!- dirigido por el mamerto de Ursula von der Leyen, que cada semana demuestra un poco más lo erróneo que fue aquel tejemaneje de su elección como pelele de un tándem de Merkel y Macron con fecha de caducidad y que cada vez se equivoca más. Al final en Europa cada estado ha decidido recurrir a su soberanía para buscarse la vida, es decir, los suministros necesarios y puntuales de vacuna por su cuenta. Y hasta los guardianes del ¡Europa, Europa! en Berlín se han acabado fiando más del Kremlin que de su recadera en Bruselas y van a hacer exactamente lo mismo que Hungría y otros denostados por los cancerberos del orden bruselense.

La descomposición política e institucional en España continúa con todos los partidos tradicionales lanzados a desautorizarse, las regiones en manos de malhechores con agendas contra la ley y contra España, el Tribunal Constitucional declarado en quiebra por cobardía y un gobierno que ha convertido la violación impune de leyes y normas y su guerra contra la verdad y la población en su forma de vida. Cada vez es más evidente que solo una gran reacción nacional capaz de dar el golpe de timón puede salvarnos de un colapso que nos llevaría con seguridad y sin mucho tardar al enfrentamiento civil. Quizás aún podamos evitar la catástrofe, pero desde luego no será dando más poder a quienes dentro y fuera lo han usado para hundirnos. Pese a la peste del colosal frente adverso de medios y recursos al servicio de un poder canalla en esencia e intenciones, una reacción nacional es posible. Frente a enemigos reales, mucho más peligrosos hoy para los españoles y sus hijos que los rusos. Para sustituir por firmeza, probidad, trabajo, generosidad y patriotismo toda la miseria moral, la mezquindad y la codicia que han secuestrado durante décadas ya el sistema político es posible. Es imprescindible e inaplazable. Es la única forma en que la ruina y el caos no acaben en una destrucción irreversible de este tesoro hoy maltratado que nos legaron nuestros padres, esta joya de la civilización occidental que es esta patria nuestra que es España.

hermann-tertsch-creditos-enero-2017Hermann Tertsch
Periodista español y Eurodiputado
@hermanntertsch




Síguenos:
facebooktwitterrssyoutube