El populismo nunca sale gratis

22 de febrero de 2020

Hanau pavor




El terror de Hanau ha dejado a los alemanes sin palabras. Y sin embargo es crucial que Alemania encuentre rápidamente un lenguaje que permita a la razón tomar las riendas de una violencia por momentos desbocada, para evitar así que se impongan la ira y la desestabilización. A medida que se debilitan los grandes partidos de centro democrático que han soportado el peso del Estado desde su fundación, la CDU conservadora y el Partido Socialdemócrata (SPD), se abre paso en la República Federal alemana un populismo, tanto de derecha como de izquierda, que se nutre del desconcierto del final de la era Merkel y que evoca los años veinte del siglo pasado, devolviendo a una escalofriante actualidad los escritos de Stefan Zweig.

Si algo nos advierten estos crímenes, y no solamente a los alemanes, es que el populismo nunca sale gratis. Suele empuñar un arma al final de su escalada de radicalización. Lo veíamos también el pasado fin de semana, con el desmantelamiento de una célula terrorista cuyo objetivo era «propiciar un contexto guerracivilista que desestabilice al Estado alemán». Hanau no es un hecho aislado.

Al margen de la enfermiza psicología del asesino, Tobías Rathjen, su ideario sitúa al país ante el espejo de un sustrato racista, sinónimo de nacionalista, que permanece en su sociología y que está tensando incluso la política europea de Berlín. Ni los cordones sanitarios ni el endurecimiento de posturas han servido por ahora para frenarlo, a la espera de nuevos líderes políticos de reemplazo lo suficientemente sólidos.

Por Rosalía Sánchez
Corresponsal del diario ABC de España


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