Pedro Corzo: Colombia, un debate crucial

22 de febrero de 2018

Cuidado Colombia





Las próximas elecciones en Colombia, tanto las legislativas como las presidenciales, marzo y mayo de este año respectivamente, generan una atención más notable que las anteriores y no solo por la participación en los comicios de antiguos dirigentes de la narcoguerrilla de las FARC, sino, también, por la colusión de una serie de factores que pueden afectar dramáticamente el rumbo democrático de ese país.

Veamos. Uno de los elementos a tener en cuenta es el deterioro que han sufrido los partidos políticos en el hemisferio, los de Colombia no son la excepción. Se afirma que muchos Partidos del país están divididos, lo que ha motivado a los aspirantes a buscar firmas que respalden su nominación, además, que la inscripción de ciudadanos en los partidos ha disminuido drásticamente, lo que merma la influencia de instituciones que son fundamentales para la democracia.

Un punto relevante es que según recientes encuestas el voto en blanco estaba en la delantera y ninguno de los candidatos capitalizaba el favor de la opinión pública. Además el número de aspirantes a la primera magistratura es particularmente elevado, incluidos sujetos contrarios al sistema que participan en el proceso con el objetivo de promover sus proyectos políticos tal y como ocurrió en Bolivia, Venezuela y Ecuador.

Colombia en Peligro
Es importante destacar que aunque algunas personas hacen públicas sus aspiraciones como forma de promoción personal y sin esperanzas de concretarla, hay otras que actúan como caballos de Troya que procuran con la exposición obtenida por su candidatura sembrar cuestionamientos y propuestas que con el tiempo se van haciendo digeribles para muchos sectores de la sociedad que en el pasado las rechazaban.

Las campañas propagandistas, no importa lo que se publicite, no siempre tienen éxito, razón por la cual en ocasiones se aprecian operaciones masivas y reiterativas con el objetivo de penetrar todos los sectores. Esta estrategia que ha sido desplegada en varios países por los enemigos de la democracia, pretende por medio del despliegue más amplio mostrar a sus postulantes como personas inofensivas, de ahí la amplia sonrisa de Timoleón Jiménez alias “Timochenko”.

No está a discusión que el más virulento de todos estos aspirantes sin devoción democrática es “Timochenko”, que a pesar de su expresión electoral no parece causar los efectos deseados entre los votantes que le han recibido en más de una localidad con gritos de repudio, andanadas de huevos, piedras y tomates, útiles mucho menos mortíferos que los que usó las FARC, de la cual él fue uno de sus comandantes, contra civiles y militares por más de 50 años, cuando ese grupo regentaba el negocio de los secuestros y el narcotráfico.

Otra estrategia a la que recurren estos desestabilizadores de oficio es la generación sistemática y permanente de crisis con el objetivo de conducir a la sociedad a un proceso de ingobernabilidad. El hastió y la irritación que provoca esa situación deriva a un descontento de la población y a una crispación entre la clase dirigente que facilita la selección de un antisistema como forma de tocar fondo en espera de una recuperación que no se produce porque los que generaron el caos están en el gobierno.

Los candidatos de las FARC no tienen posibilidades de llegar al gobierno y la representación congresional es por la concesión del presidente Juan Manuel Santos que les otorgó cinco asientos en la Cámara de Representantes y otros cinco en el Senado de la república, posiciones suficientes para que los lobos sigan ofreciéndose como ovejas.

Ahora van por Colombia
No se vislumbra que un candidato de las FARC llegue al Palacio de Nariño mediante elecciones, pero un aliado ideológico o un partisano oportunista con grandes ambiciones, puede transformarse en una opción viable para muchos sectores que sueñan con trepar a las más altas instancias del poder. Desde que se constituyó el foro de Sao Paulo se articuló una estrategia hemisférica para acceder a los gobiernos en la que no faltan sujetos dispuestos a cumplir con sus objetivos.

En la historia sobran ejemplos de miembros de las clases más favorecidas que por diferentes motivos y razones participaron en la destrucción de la misma sociedad que les privilegiaba. El primer gobierno de Fidel Castro, estuvo integrado fundamentalmente por individuos de la clase dirigente cubana, lejos de pensamientos extremistas, y en Venezuela, Hugo Chávez, contó con un fuerte respaldo de algunos de los sectores más pudientes de ese país. Contra ese veneno, los antídotos no son muy efectivos.

pedro-corzo-2017 Pedro Corzo (*)
 
@PedroCorzo43
* Periodista y Director del Instituto
de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo




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