José Félix Lafaurie un fuerte contendor dentro del Uribismo

21 de agosto de 2013

José Félix Lafaurie

José Félix Lafaurie, Presidente de la Federación de Ganaderos de Colombia y precandidato presidencial del partido conservador, es uno de los candidatos del uribismo a la Presidencia de la República de Colombia y –quizá- uno de los  que tiene más opciones para ganar las primarias previstas en este bando político de cara a las elecciones del 2014. Pese a sus posibilidades, tendrá que dar una dura batalla ante la previsible presentación del actual presidente, Juan Manuel Santos, quizá su mayor contrincante en esta larga carrera electoral.
«Comparto totalmente las críticas que hace el ex presidente Uribe con respecto a la gestión del presidente Santos»;

«Este gobierno de Santos les ha dado una legitimidad que las FARC no se merecían de ninguna manera»;

«El presidente Santos hace anuncios históricos que nunca se concretan»;

«¿Cómo un Estado democrático y reconocido se puede sentar en la misma mesa a hablar con una banda de criminales y terroristas?»
LA ENTREVISTA:

Ricardo Angoso: ¿Cuándo han pasado tres años de Santos como presidente qué balance hace?

José Félix Lafaurie 2José Félix Lafaurie: Tengo treinta o cuarenta años del uso de razón política y no recuerdo una transición tan esperada y recibida con mayores augurios que la habida entre el gobierno de Uribe y la del presidente Santos; dicho de otra forma: Colombia ha sido un país que en las últimas décadas ha tenido serias dificultades, por muchas razones, por la violencia, por el narcotráfico, porque no tiene los recursos ni la dinámica de desarrollo que tienen otros países. En fin, ha sido un país que cuando uno revisa las transiciones siempre hay peros, sin embargo esta que me ocupa fue una transición en la que quien le entrega a quien recibe todo lo que le entregaba era positivo, e incluso Colombia estaba en el radar de los inversionistas internacionales, ya que no olvidemos pasamos de 800 millones dólares al principio de la era Uribe a 15.000 millones; también la renta per capita se multiplicó por cuatro y nos acercamos a los 8.000 dólares USD, es decir, una nación con una balanza exportadora relativamente modesta acabó terminando al final del mandato de Uribe con 50.000 millones de dólares.

Dicho de otra manera: era difícil que alguien recibiera una herencia mejor que la que recibió Santos cuando llegó a la presidencia de la República. Por consiguiente, lo que Santos tenía que hacer era más o menos mantenerse en aquellas políticas que habían convertido una democracia más o menos fallida a un país que se convirtió en foco de atracción internacional por sus éxitos. Se tenía que haber continuado, creo, por aquella senda de las cosas que le habían salido bien al país. Pero Santos hizo lo contrario. Como los norteamericanos dicen, y viene a cuento por esta situación que le estoy relatando, si algo funciona, no lo arregles. Santos «metió» el destornillador en el lugar equivocado del país y los desarreglos son evidentes, se ven, en todos los frentes. En la seguridad, por ejemplo, y en el crecimiento económico, de tal forma que Colombia que venía creciendo a un ritmo alto se estancó y creo que este año no llegaremos ni al 3,8%. Si algo crecimos en los dos primeros años de Santos, fue la inercia generada durante el gobierno de Uribe y la confianza exterior en las políticas del anterior mandatario, no por méritos propios de Santos.

Luego también hay un momento muy crítico en lo que es la recaudación impositiva.

Ha habido incumplimientos en casi todas las promesas que el presidente Santos había hecho durante la campaña electoral, pero también ha habido incumplimientos en lo que se anunciaba desde el ejercicio del gobierno. Este es un ejecutivo que cada vez que hablaba anunciaba algo histórico en términos de resultados e inversiones, era como una rifa, pero luego no se concretaban los resultados ni se materializaban los proyectos.

R.A.: Por tanto, ¿comparte el discurso crítico que hace el presidente Uribe sobre el mandato de Santos?

J.F.L.: Pues sí, lo comparto plenamente pero aparte le agrego más cosas de las que dice Uribe, como que por ejemplo hemos tenido durante este gobierno el peor ministro de Agricultura que haya podido tener un país como Colombia con inmensas posibilidades en el sector. Un ministro con una enorme experiencia en las funciones de Estado, ya que había sido dos veces ministro, con algún reconocimiento incluso en algunos círculos, pero que llegó con una mirada equivocada y errada a esta cartera, creyendo que el problema se concentraba en el problema de la tierra y en la distribución de la misma, generando demagogia en torno al problema. Olvidando que en Colombia esta visión produce una serie de distorsiones muy variadas y que la problemática era muy distinta a tal como él la enfocaba, demostrando un gran desconocimiento acerca de los problemas reales de la agricultura. La crisis era mucho más profunda, no supo ver la realidad de los problemas.

R.A.: ¿Cómo evalúa el desarrollo de las negociaciones con el grupo terrorista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)?

José Félix Lafaurie 3J.F.L.: Fundamentó mi crítica a este proceso en muchos aspectos. Colombia ha hecho en los últimos años numerosos esfuerzos por la paz, por tratar de llegar a un acuerdo con estos bandidos desde el gobierno de Belisario Betancur e incluso contando con la colaboración de gobiernos extranjeros, como el  español de Felipe González, que ayudó mucho en su momento en esos diálogos. Incluso hubo diálogos auspiciados por la administración española. Se ha intentado muchas veces el diálogo con estos grupos terroristas desde hace años, más de tres décadas de esfuerzos y energías gastadas en este asunto para nada.

Luego ha habido muchos más intentos, unos más serios que otros. El gobierno de Pastrana, por ejemplo, fue votado y legitimado por los ciudadanos para que haga la paz con los grupos terroristas. Pastrana no solo no lo logra, sino que el mundo entero, especialmente Europa pero también los Estados Unidos, terminan incluyendo a las FARC como un grupo narcoterrorista. Desde el gobierno de Ernesto Samper la administración norteamericana venía hablando de la implicación de ciertos grupos políticos, como las FARC, con el narcotráfico, es un hecho sabido. Y siempre la administración norteamericana, por boca de su embajada aquí, en Bogotá, señaló esta conexión entre las FARC y el narcotráfico. Es cuando se comienza a hablar claramente del cartel de las FARC.

Siguiendo con el hilo de lo que le narro, al final del gobierno de Pastrana, casi toda la comunidad internacional, pero especialmente Europa, comienzan a señalar a las FARC como grupo narcoterrorista. Y de entonces para acá el gobierno de Uribe, para cimentar la democracia amenazada por el crimen, comienza a fortalecer a la fuerza pública para hacer frente a esta amenaza al Estado. Sin dejar atrás a la justicia, este gobierno de Uribe intentó minar la capacidad operativa de estos grupos que como las FARC intentaban destruir la institucionalidad a través de la amenaza terrorista. Pero los actos de extorsión, junto con la actividad del narcotráfico, permitieron a las FARC continuar con su actividad terrorista.

En este gobierno, las FARC, en clara connivencia con los carteles mexicanos, ha seguido con estas actividades ilícitas e incluso han redoblado sus trabajos, también con la ayuda de otros carteles de la droga del exterior. Entonces, me pregunto: ¿por qué este gobierno, que no fue elegido ni votado para ese fin, le da a las FARC una legitimidad que no tiene, un papel que por supuesto no se merece y que debería ser incluso cuestionado por la comunidad internacional?

¿Cómo un Estado democrático y reconocido se puede sentar en la misma mesa a hablar con una banda de criminales y terroristas? Por ejemplo, España ha combatido a la ETA y se negó a sentarse en una mesa con terroristas. Pues aquí, por ejemplo, este gobierno ha aceptado sentarse a negociar con una banda que son terroristas ¡y encima narcotraficantes! Y creo que ese aspecto de la negociación con estos bandidos deslegitima la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo, al menos así lo veo yo. Por supuesto, creo que este gobierno de Santos les ha dado una legitimidad que las FARC no se merecían de ninguna manera.

R.A.: ¿Cree que al final de las negociaciones saldrá un acuerdo, se firmará algo?

Santos y Timochenko
J.F.F.: Creo que no puede salir nada de todo este disparate. ¿Y por qué? Pues por varias razones. Porque las FARC viene diciendo cosas todos los días y que son de lo más insólito. Las FARC puede pedir lo que quieran, como están haciendo en estas negociaciones, exigiendo puestos en la administración del Estado e incluso en el legislativo, en fin todo lo que le venga en gana, pero el gobierno no puede otorgar ni abrir espacios sino es en el marco de la Constitución y la Ley. Pero hay algo más grave que debería saber el gobierno: la opinión pública colombiana, tengo la plena certeza de lo que digo, nunca aceptaría que un grupo narcoterrorista como las FARC, que permanentemente y sistemáticamente ha cometido graves crímenes de guerra y graves violaciones a los derechos humanos, pueda pasar de sus actividades terroristas y vinculadas al narcotráfico al Congreso de la República, ¿cómo va a ser posible esa transición? Es decir, el cuento ese de la justicia transicional de la que habla el gobierno es algo que hay que analizar con mucha más tranquilidad porque es evidente que usted no puede convertir el delito político en constitucionalidad y las graves violaciones de derechos humanos dejarlas en el olvido.

R.A.: ¿No cree que ese asunto de la justicia transicional es un eufemismo de impunidad?

J.F.F.: Claro que sí, pero no es posible que se llegue a este ese punto porque Colombia es signataria del Tratado de Roma y queda excluida esa posibilidad. No puede haber impunidad en este asunto, así de claro. Como tampoco lo puede haber en algo que yo pensaba que era una cuestión baladí pero cada vez uno ve que el asunto es más complejo, como el asunto de la tierra, que lo quieren transformar las FARC en un instrumento de demagogia política, ya que no hablan de dar tierras a los campesinos sino de defender las «zonas de reserva campesina», que lo único que van a generar es un control territorial para imponer, a través de una mezcla explosiva que son las armas y el dinero del narcotráfico, sus intereses políticos a los demás sin necesidad de pasar por las urnas.

Entonces, y resumiendo, no creo que la sociedad colombiana se le mida a esa propuesta que viene a decir que no son victimarios sino víctimas del Estado. Siguen sin reconocer el dolor creado al país y las víctimas causadas. Tiene que haber firmeza y unidad frente al terrorismo, tal como han hecho en España todos los partidos uniéndose contra la ETA, pero sin claudicar y dejando espacios para los terroristas. Los países civilizados del mundo, es evidente, no negocian con criminales y terroristas, simplemente los confrontan. No creo que la sociedad colombiana pueda pasar por semejante trance y lo acepte, por mucho que el presidente Santos sea rehén de este proceso de paz y espere algún resultado. Lo que quieren las FARC, los terroristas, es convertirse en un actor relevante de la política colombiana que no deberían serlo, porque no tienen ninguna legitimidad.

R.A.: Han pasado tres años de la presidencia de Santos y no se ven grandes resultados, ¿comparte esa impresión?

José Félix Lafaurie 4
J.F.F.: Nada de nada, no hay resultados en ninguno de los campos en los que el país demandaba grandes reformas; este gobierno tan solo se dedica a producir titulares grandilocuentes para engañar a la opinión pública. Pero las famosas locomotoras de Santos quedaron en nada. Ni hubo propuestas serias ni se ejecutaron las grandes obras que había prometido el presidente al comienzo de su mandato, y ya no queda tiempo para ejecutar esas políticas. Pero el aspecto que más se descuidó, sobre todo, es en materia de seguridad, en donde tanto habíamos avanzado durante el gobierno de Uribe y que ahora muestra serias deficiencias.

R.A.: ¿Qué falló, entonces, para que este balance de la presidencia de Santos sea tan pobre?

J.F.F.: Para mí, esencialmente, el director de la orquesta, o sea el presidente Santos, que no estaba a la altura las circunstancias ni estaba realmente preparado para ocupar el cargo que ocupa. Se podrían decir muchas cosas, como que falló el equipo, o los «músicos», o la «partitura», pero no sería justo decir eso porque los fallos han sido mucho y muy evidentes y apuntan a la máxima responsabilidad, es decir, al Presidente de la República.

R.A.: ¿Qué pasará, cree que Santos se presentaría a la reelección?

J.F.F.: Sinceramente, creo que no tiene ninguna posibilidad de ser reelegido, yo no conozco a nadie en este país, y he conocido de todos los colores y banderas políticas, que se declare santista y que esté dispuesto a votar por el presidente. No creo que tenga muchas posibilidades, pero en cualquier caso de aquí a noviembre tendrá que definirse si el presidente se lanza o designa de alguna forma un sucesor. Estamos a la espera.



Ricardo Angoso 2

Ricardo Angoso
Periodista español
rangoso@iniciativaradical.org 







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