Algo huele a podrido en Madrid

21 de julio de 2013

Madrid huele mal

 
Una crisis política, social y económica, e incluso moral, azota al país en un año en que se debían haber sentado las bases para la recuperación económica.

Madrid apestaEsta frase de Shakespeare, tomada de un diálogo entre entre Hamlet, Marcelo y Horacio, en la obra que tiene el mismo nombre del primero de los citados y referida a Dinamarca, bien nos podría servir en estos días para ilustrar la situación de España. Nuestro país es hoy una nación confusa, desilusionada, decepcionada y perdida en este marasmo provocado por la crisis económica, el florecimiento de una corrupción que golpea a todos los partidos políticos, pero especialmente al gobernante, y la falta de expectativas para esos casi seis millones de parados que esperaban algo más que palabras de este gobierno. La ilusión ya se fue y en su lugar quedó esta suerte de Apocalipsis colectivo que padecemos hoy.

El problema, por mucho que se empeñen algunos responsables gubernamentales y círculos mediáticos cercanos al actual ejecutivo presidido por Mariano Rajoy, atañe a  la credibilidad de la clase política y más concretamente a la cúpula del partido gobernante, el Partido Popular (PP), que supuestamente tenía la alternativa para sacar al país de la crisis y la parálisis social y económica. Sea o no condenado judicialmente alguien, la credibilidad de la clase política está por los suelos, será muy difícil levantarla.

Las recientes denuncias efectuadas por los diarios El País y El Mundo relativas a la financiación ilegal del PP y al cobro de sobresueldos por parte de casi todos sus máximos responsables, incluido el presidente de Gobierno, Rajoy, han minado la escasa popularidad que ya tenía el equipo de gobierno y paralizan la acción política; la gente exige una respuesta y quiere conocer si nuestros líderes mienten o no. Algo básico en democracia, ¿no?

EL PP, EN CAÍDA SIN RED

PP verguenzaSi ya antes de las amenazas del ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, y la exposición de sus cuentas secretas, que reflejaban toda una trama de corrupción ilegal y pagos por compra de favores, las encuestas reflejaban una caída imparable en la intención de voto y un descrédito total de sus máximos responsables políticos, ahora las cosas pintan peor. 

Ante esta situación, y sobre todo debido a la falta de una respuesta creíble y acorde a la verdad que todo el mundo exige en estos momentos, la oposición socialista, en coordinación con otros grupos políticos, plantea presentar una moción de censura e intentar rentabilizar esta crisis de alguna forma, aunque sea a la desesperada y no tenga posibilidades de éxito -el PP tiene mayoría absoluta en el legislativo-. 

El problema radica en que los socialistas están igual o más desautorizados que los populares; el desastroso balance de gobierno del peor presidente de la historia de la democracia, José Luis Rodríguez Zapatero, lastra la imagen y la capacidad de liderazgo en la sociedad del primer partido de la oposición, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Luego su «primer espada», Alfredo Rubalcaba, no tiene tampoco mucha credibilidad, ya que fue uno de los ministros de Zapatero hasta el último momento del «naufragio» de la nave España y por su cada vez más discutido papel de líder dentro de las filas socialistas.

Rubalcaba 7El asunto político, como decía Felipe González, reside en el manejo de los tiempos y Rubalcaba los manejó mal en su momento y ahora le toca perder. Rubalcaba es el Francesco Schettino de la política española, un capitán de barco desahuciado y desautorizado por su papel más reciente.

PROBABLES ESCENARIOS DE SALIDA
Rajoy albañil de confianza
Las previsibles salidas a esta crisis casi sin precedentes, ya que ni siquiera en los peores momentos vividos en la etapa de Felipe González relativos a la corrupción y a la guerra sucia se llegó a implicar al presidente, son tres. En primer lugar una convocatoria adelantada de elecciones generales, tal como piden algunos desde la oposición, pero que debe descartarse porque el PP sabe que no va a volver a conseguir la mayoría absoluta y no se arriesgaría a perder el poder; un cambio en el liderazgo al frente del PP, es decir, en la presidencia de Gobierno, que significaría una salida parecida a la vivida en el año 1981 cuando Adolfo Suárez dimitió como presidente por presiones nunca explicadas suficientemente y dejó el bastón de mando a Leopoldo Calvo Sotelo, uno de los más efímeros e insulsos líderes que ha tenido el país; y, en último lugar, la continuidad de un erosionado y cuestionado Rajoy, ya sin autoridad moral y  con nulas posibilidades de repetir como cartel electoral en el futuro, mientras el país se enfrenta en el día a día a una agonía sin precedentes.

Sin embargo, todo parece indicar que la crisis lejos de remitir va a ir a más. Es más que seguro que los dos medios que lideran la información en estos momentos, pero concretamente El Mundo, tienen más información y que lo ofrecido hasta ahora es el «aperitivo», al igual que sucedió en los noventa con los escándalos de corrupción. 

Bárcenas que se jodan
Bárcenas se ha convertido en la «Garganta Profunda» del affaire de la financiación ilegal del PP durante lustros y, desde luego, ahora no va a cargar con todas las responsables judiciales y políticas, eso está meridianamente claro. Seguirá hablando, implicando a la cúpula del PP en el escándalo y tratando de eludir, a toda costa, la cárcel como sea y al precio que sea, aunque en esta desesperada huida hacia adelante caiga el partido al que durante tantos años sirvió. Cuando se está detenido, como le ocurre a Bárcenas, los intereses nacionales y de partido pasan a un segundo plano; sálvese quien pueda, esa es la doctrina que prevale.

El Viacrucis judicial, pero también político, acaba de comenzar apenas para el PP, quedan nuevos y tortuosos episodios en este calvario que se presiente al día de hoy como imprevisible, escabroso y cuyas consecuencias finales son difíciles de evaluar a priori. Nadie conoce que es lo que tienen los medios de comunicación en sus manos, nadie sabe hasta dónde quiere llegar Bárcenas y tampoco se conoce cuál fue el verdadero papel de Rajoy en toda esta trama.

Incluso la prestigiosa y siempre diplomática revista The Economist, en una de sus últimas ediciones, señala que Rajoy «como presidente del PP desde 2004, el primer ministro es políticamente responsable de cinco años de presunta financiación ilegal». Esta misma publicación, tras analizar la carga de profundidad que tiene una de las crisis políticas más graves de la joven democracia española, sigue señalando que «la negativa de Rajoy a asumir responsabilidades por los sucios secretos de su partido no contribuyen en nada a recuperar la confianza de sus votantes».

Rajoy silueta
Precisamente esa falta de asunción de responsabilidades por parte de Rajoy, junto con su estrategia del «avestruz» de esconder la cabeza y guardar silencio, que ya comienza a ser criticada por muchos dirigentes populares y «barones» del partido, está ya pasándole una costosa factura al PP. La sociedad demanda conocer la verdad, exige una explicación, pero Rajoy se ha atrincherado en el búnker de La Moncloa -residencia del presidente en Madrid- y ha dado la callada por respuesta en un momento crítico. Una forma de actuar que en el pasado le pudo granjear algunos éxitos, pero que ahora se está revelando como una maniobra que puede tener consecuencias dramáticas para todos y que revela la impericia de su más cercano equipo. Desde luego que sí, algo huele a podrido en Madrid.


Ricardo Angoso 2

Ricardo Angoso
Periodista español
rangoso@iniciativaradical.org 
 
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