Mauricio Vargas dice: Bienvenido el debate

20 de agosto de 2012

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La semana pasada, el secretario general del Partido Liberal, Mauricio Jaramillo, renunció por diferencias ideológicas con las directivas de la colectividad, pues deseaba un acercamiento con la Marcha Patriótica de la exsenadora Piedad Córdoba. Días antes, la exalcaldesa de Bogotá y líder del Polo Democrático, Clara López, anunciaba la salida del Partido Comunista de la organización polista. Según la dirigente, los comunistas hacen parte de la Marcha Patriótica y, en esa medida, protagonizan una doble militancia que la ley de partidos castiga. De paso, el Polo deja en claro su distancia frente a quienes aún defienden la combinación de las formas de lucha en la que las Farc cumplen las tareas armadas (secuestro, masacres y narcotráfico incluidos).

Al mismo tiempo, un grupo variopinto de dirigentes se reunía en Medellín para agitar el debate y lanzar una nueva opción de centroizquierda. Mientras esto ocurre en el centro y en la izquierda, por los lados de la centroderecha la pelea entre el expresidente Álvaro Uribe y su sucesor y otrora ahijado, Juan Manuel Santos, se agudiza. Y, asustados por las consecuencias de esa disputa, el vicepresidente Angelino Garzón y otros dirigentes saltan al ruedo para tratar de evitar la lid que enfrenta al toro y al torero. Juzguen los lectores quién es el uno y quién el otro. Yo creo que a veces Uribe torea a Santos y lo obliga a embestir, y a veces ocurre lo contrario.

A diferencia de otros países, como España o Inglaterra, donde estos debates son pan diario, en Colombia las disputas políticas asustan a la opinión pública. Y es explicable: la gente asume que el conflicto político agudiza el conflicto armado. De hecho, eso fue lo que sucedió con la violencia partidista de mediados del siglo pasado. Además, como la amenaza terrorista persiste, los colombianos prefieren que sus dirigentes se entiendan y hasta se abracen, más allá de sus diferencias, para que luzcan unidos frente a los violentos.

Pero no hay por qué asustarse. Al contrario: si Colombia está dejando atrás la guerra que la ha azotado por décadas, llegó la hora de abrir espacios para el debate de ideas. Que del liberalismo y del Polo Democrático se vayan quienes quieran seguir el camino de acercamiento a las Farc resulta sano para esos partidos. Allá los que se van si les suena justificar la combinación de política legal y política armada: a las directivas liberal y polista no les suena, y eso crea una diferencia ideológica de fondo. Que una nueva fuerza de centroizquierda asome es positivo. Que Uribe y Santos peleen tampoco es malo, en especial si el debate se carga de contenidos ideológicos, de las diferencias de concepción sobre varios asuntos -tierras, proceso de paz, relaciones con Chávez, entre otros- que han aflorado entre ellos en estos dos años.

Otra cosa es que la disputa entre Presidente y expresidente se llene de ligerezas, de ataques personales y de golpes bajos, como ha ocurrido en ocasiones. Ese espectáculo sí que le disgusta a la gente y bien puede generar el ambiente prechavista de que he hablado en columnas anteriores. Pero el puro debate conceptual es enormemente útil: enriquece la política, genera cultura de tolerancia entre quienes piensan diferente y enseña que discutir no es lo mismo que matarse y, más aún, que puede llegar a ser todo lo contrario.

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 De mal en peor: siguen las renuncias de funcionarios del gabinete del alcalde Gustavo Petro, y con ellas y con el enredo de los lotes para vivienda social, que casi deja a la capital sin proyectos, aumenta el desgobierno, mientras el mandatario lanza improvisados voladores populistas, fuegos artificiales que en nada contribuyen a resolver los graves problemas de la capital. Si al menos la administración tapara los huecos, ya sería algo.

 

Mauricio Vargas
mvargaslina@hotmail.com
Periodista y escritor colombiano. Ex ministro de Comunicaciones durante el mandato del presidente Gaviria

 

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