Niqabs en Lepanto… Titula Ignacio Camacho

19 de agosto de 2014

niqab




Lepanto es una cafetería de solera en el centro de Málaga. En la terraza dos tipos barbudos, de pronunciados rasgos físicos árabes, desayunan probablemente ajenos a las connotaciones históricas del nombre del establecimiento. Junto a ellos, cuatro mujeres cubiertas con el niqab islámico. No el hiyab o pañuelo de cabeza: el niqab, una tupida máscara de tela negra que completa sus vestidos oscuros, largos hasta unos pies obviamente cubiertos. Para beber el café o comer sus tostadas apartan con pudorosa discreción una abertura del antifaz mientras sus ojos se asoman al mundo a través de una estrecha rendija, como las de ciertos yelmos medievales. Los hombres visten al estilo occidental, uno de ellos con pantalón corto; lucen complementos de moda y miran con desparpajo a las minifalderas que recorren la calle Larios. Son días de Feria y en la ciudad hormiguea un gentío de ropa ligera. Muchas chicas en shorts playeros, otras con el ombligo y los hombros al aire; una orgullosa exhibición de libertad corporal que entabla con el grupo de la mesa un potente, casi siniestro contraste.

niqab y burqaHay países europeos, como Francia, Holanda o Italia, que han prohibido el burka en sus espacios públicos, en escuelas, oficinas y hospitales, aunque falta consenso social y político para vetarlo en las calles. En general se prohíbe oficialmente por motivos de seguridad para no afrontar con coraje democrático la verdadera razón del veto: que se trata de una prenda degradante para la condición femenina, una atávica manifestación de inferioridad y sometimiento. El burka y su hermano menor el niqab invisibilizana la mujer, secuestran su sociabilidad, la ocultan como una propiedad privada, la confinan en un gueto individual arrebatándole su identidad y aislándola con una pantalla indumentaria. Constituyen un símbolo de dominancia masculina que arrebata toda relevancia a las mujeres, mutila la expresión de su personalidad y establece una humillante prioridad de género.


Los franceses, inventores del republicanismo cívico, niegan la ciudadanía a los hombres que impongan a sus esposas o familiares esta ¿costumbre? incompatible con los valores modernos de la dignidad humana. En España, país que blasona de igualitarismo pionero, apenas existe jurisprudencia al respecto salvo una sentencia del Supremo contra la regulación municipal que tiende a considerar el debate en el dudoso marco de la libertad religiosa. (¿Aceptaríamos un velo obligatorio para las mujeres católicas?).

Mujeres niqab
Pero la creciente presencia del fenómeno va a obligar a tomar posturas, y tendrá que retratarse nuestro rampante feminismo. Habrá que decidir si establecemos en el ámbito de convivencia común ciertas excepciones para la universalidad de los derechos. Y si aceptamos que la autonomía de las mujeres se pueda limitar con paliativos de credo, multiculturalidad o simple pintoresquismo antropológico.


Ignacio Camacho


Ignacio Camacho
Periodista español
Agradecemos al Diario ABC por permitirnos reproducir este artículo





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