La Colombia del presidente Santos o Alicia en el país de las maravillas

19 de junio de 2013

SAntos paz timochenko


Mientras todavía retumban en los montes y ciudades colombianas las bombas y disparos de los recientes ataques perpetrados por la organización terrorista y criminal Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el presidente Juan Manuel Santos sigue queriendo pasar a la historia, Nobel de la Paz incluido, como el hombre que logró acabar con el conflicto colombiano al coste sea, llegado el caso dispuesto a canjear la paz por la impunidad de los asesinos que han puesto a este país de rodillas y le han causado millones de víctimas. No tiene vergüenza, es un hombre sin dignidad ni honor.

De la Calle caricaturaEl equipo enviado por Santos a La Habana, capitaneado por ese campeón del cretinismo que es Humberto de la Calle, está dispuesto a ceder en todo con tal de lograr la reelección de su máximo jefe o de alguno de sus esbirros -no merecen otro nombre-. Parafraseando al genial Winston Churchill, se les podría decir a estos negociadores, hombres sin escrúpulos y vendidos al mejor postor: “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… elegisteis el deshonor y tendréis la guerra”. Así es.

Santos timochenko 3La seguridad democrática, que fue la bandera y el gran éxito del anterior gobierno, presidido por Alvaro Uribe, fue abandonada y los resultados de esa marcha atrás a la vista están. Han aumentado los secuestros, las extorsiones, los homicidios y los ataques terroristas, tal como alertaba en un reciente informe la Fundación Seguridad y Democracia de la Universidad Sergio Arboleda.

LAS «LOCOMOTORAS» DE SANTOS, OXIDADAS

Luego, hablando de otras cosas, el estado del país, por mucho que lo maquille Santos y sus escribidores a sueldo, es lamentable. Sus famosas «locomotoras», junto con otras necedades de las que habló en su campaña, han quedado en nada de nada, pura agua de borrajas, que se dice en castellano castizo. No hubo ningún avance en estos tres años perdidos, junto con el que todavía nos amenaza el presidente, en materias tan vitales como la seguridad, la educación, las justicia, las infraestructuras y la salud.

Colombia crisisComo recordaba muy oportunamente un lector del diario El Espectador en sus cartas al director, que reproduzco literalmente: «La sentencia de muerte cuando se enferma alguien y tiene que acudir a la red hospitalaria del sistema de salud está acompañada de un periplo infrahumano, y más cuando la condición del enfermo es de pobreza».

Mención aparte merecería el capítulo de las infraestructuras, donde se ha registrado un estancamiento, por no decir un retroceso, sin precedentes y que ha sumido al país en un caos. No se ejecutan las obras previstas, por incapacidad  y no por falta de presupuesto, cuando la nación está necesitada de las mismas. Y a la gestión de Santos  en este capítulo, se le viene a unir el lamentable estado, por no haberse hecho las inversiones previstas y por el secular abandono, de  las carreteras y las comunicaciones colombianas. Colombia es uno de los países más atrasados de toda América Latina en este sentido y no hay visos que las cosas vayan a cambiar en los próximos años.

Santos Samper GaviriaEl gobierno de Santos será recordado en la historia de Colombia como uno de los peores junto a dos de sus grandes amigos, como los ex presidentes Ernesto Samper y César Gaviria. Esta trilogía, a la que se le uniría también como bufón de corte el conservador Andrés Pastrana por méritos propios ganados a pulso, constituyen el resumen de lo que ha representado, por  lo nefando de su gestión, el liberalismo en Colombia.

El problema reside en que cuando Colombia despierte, como la protagonista de Alicia en el País de las Maravillas, comprobará que todo ha sido un sueño fantástico, un engaño coproducido por los medios de comunicación colombianos al servicio de Santos y su cohorte de aduladores, muy en el estilo de Gabriel Silva y otros felones vendidos al mejor postor en aras de seguir en el poder ad eternum. Pero luego, más adelante, la triste realidad quedará ante ellos y comprobarán que los años perdidos de Santos han sido un catástrofe imposible de disimular por mucha retórica hueca y tanta mentira derramada en estos años.

Colombia hambre
Cuatro años perdidos, los de Santos, son una eternidad para un país, sobre todo en un mundo que avanza a un ritmo frenético y trepidante y que no perdona a los fracasados. Mientras China construye trenes de alta velocidad, a más de 360 kilómetros por hora, Colombia se aleja de la modernidad y da muestras de una falta de concreción estratégica preocupante. Santos, culpable, por inútil.

Ricardo Angoso 2

Ricardo Angoso
Periodista español
rangoso@iniciativaradical.org 





Síguenos:
facebooktwitterrssyoutube


Otros artículos de interés