Wiliam Humberto Pérez Medina 10 años secuestrado por las FARC

19 de abril de 2016

Pérez Medina William Humberto



 

Ricardo Angoso entrevista a Wiliam Humberto Pérez Medina, militar y víctima del terrorismo en Colombia

Wiliam Humberto Pérez Medina fue secuestrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el año 1998 y fue liberado, diez años y cuatro meses después, por el ejército colombiano en la denominada Operación Jaque, en la que también fue liberada Ingrid Betancur. De esa dura experiencia, de ese largo cautiverio, nos habla en esta entrevista en la pudo rememorar los momentos más duros y terribles de esos años pasados (y perdidos) en la selva.

Ricardo Angoso: Me podría contar cómo llegó el ejército y cuánto tiempo prestó sus servicios en las Fuerzas Armadas.

Wiliam Humberto Pérez Medina: Entré en el ejército a los 19 años por vocación hacia las armas y ya llevó 22 sirviendo en la Fuerzas Armadas. Sigo en activo, todavía no me he retirado y trabajo en un área administrativa.

R.A.: ¿Podría darme detalles de cómo se produjo su secuestro?

W.H.P.M.: Yo estaba en el Caquetá, una de las regiones de Colombia donde es más intenso el conflicto entre las FARC y las Fuerzas Armadas, y llegamos en octubre de 1997 y, un año después, en 1998, mientras hacíamos patrullas, se producen unos combates muy duros en los que mueren unos sesenta soldados, asesinados por los terroristas.
Ejército colombiano
Y durante esos combates, yo estaba con unos heridos, pues era enfermero y esa era mi obligación, y fui capturado con dieciocho soldados desarmados y en mal estado, heridos quiero decir. Ya se escuchaban pocos disparos y parecía que había pasado el combate. Pero no fue así y llegó la guerrilla disparando, fuimos desarmados y secuestrados desde ese momento. Tenía un asistente, que también fue secuestrado. Mi movilidad era muy reducida, ya que tenía que atender los heridos, y no me podía mover ni huir. Nos quitaron las armas, nos quitaron el chaleco y nos obligaron a arrodillarnos, pensé en esos momentos que me matarían, pero no fue así. Y así comenzó ese calvario, ese secuestro que duró diez años y cuatro meses.

R.A.: ¿Cómo transcurrió tu largo secuestro?

W.H.P.M.: A mí me secuestran en el 98  y hubo algunos momentos para la esperanza. Por ejemplo, en el 2001 hubo un proceso de paz y se iba a producir la liberación de una serie de secuestrados que estaban heridos; era la época del Caguán y se habían producido acercamientos entre las FARC y el gobierno de Pastrana. Finalmente, se decide que se van todos los soldados y serán puestos en libertad en el marco de ese proceso. Entonces, llega el momento de irnos, nos vamos alistando después de cuatro años secuestrados y teníamos una gran esperanza en recuperar la libertad. Caminamos unos cien metros y nos obligaron a sentarnos. Se truncó toda la esperanza y nos devolvieron al cautiverio a los que éramos mandos, como yo, que era cabo. Soltaron a los soldados y a nosotros, de una forma cruel, nos volvieron a retener después de que se nos había dicho que íbamos a quedar libres. Cuando nos dicen eso yo perdí toda esperanza. Nos preguntábamos qué iba a pasar con nosotros y comenzó a reinar la incertidumbre entre los que habíamos regresado al secuestro. Luego llegaron otros seis años de secuestro. Ese día estuve todo el día fumando y pensé que nos acabarían asesinando. Después nos comenzaron a tratar un poco mejor pero fue un momento muy difícil.

Wiliam Humberto Pérez Medina foto 2 actual

Wiliam Humberto Pérez Medina (Fotografía reciente)

Pasados unos días de esa tentativa de liberación, comenzaron a llegar los secuestrados que estaban en otras partes del país, incluidos civiles, y también oficiales y suboficiales. Fue el momento más duro del secuestro, allí encarcelados entre alambres de espino y encadenados. Una situación realmente terrible la que vivimos en esos momentos.

R.A.: ¿Qué condiciones de alimentación, salud y limpieza tenían?

H.W.P.M.: Eran los momentos de la zona de distensión del Caguán y de los diálogos, lo cual supuso que teníamos las tres comidas al día y que llegaban los alimentos que la guerrilla necesitaba. La alimentación era aceptable para las duras condiciones que padecíamos. El problema era que cuando nos trasladaban de un lugar para otro, que era algo normal para las FARC, se hacía compleja la logística y las condiciones de vida empeoraban. Los operativos militares trataban, cuando se rompieron las negociaciones, que a la guerrilla no le llegaran los alimentos y eso, claro, también nos afectaba a nosotros. Muchas veces, incluso, comíamos una vez al día. A veces comíamos unas palomitas con algo de café y una sola vez al día. Hubo de todo, pero en general la alimentación cambiaba en función de si estábamos en un campamento o en fase de traslado. Era una auténtica lotería.

R.A.: ¿Conoció a alguno de los líderes de las FARC durante su secuestro?

W.H.P.M.: Nos visitaban algunas veces los líderes de las FARC y en el curso de una de esas visitas conocí a Simón Trinidad, al Mono Jojoy, a Edison Romaña y otros. Nos visitaban y hablaban con nosotros, nos contaban cómo iba el proceso de paz del Caguán y cómo iban las cosas en las negociaciones con el gobierno. También nos decían que nos preparáramos para tres años más de cautiverio. No veían la forma de acabar con el conflicto y dejarnos en libertad.

LA OPERACIÓN JAQUE: DEL CAUTIVERIO A LA LIBERTAD

R.A.: ¿Qué recuerda de la Operación Jaque, cuando fueron liberados por los cuerpos de seguridad?

W.H.M.P.: Nosotros no intuíamos nada, no sabíamos que era una operación del ejército. Nosotros éramos trasladados permanentemente de un lugar a otro en condiciones realmente difíciles, bien fuera en bote a través del río o atravesando la selva. En los días previos a la Operación Jaque fuimos trasladados a un lugar donde supuestamente nos íbamos a reunir con una delegación internacional, pero nos dimos cuenta que algo estaba cambiando porque navegábamos en un bote y veíamos casas, negocios, locales y gente. Después de diez años y cuatro meses secuestrado comenzar a ver casas y poblaciones se nos hacía como extraño, como que algo estaba pasando y no lo entendíamos. Finalmente, llegamos a un lugar donde comenzaron a darnos un trato diferente, tanto en la comida como en el manejo de los tiempos para el baño y otras necesidades. Pensábamos que iban a dar pruebas de supervivencia, que ese trato tenía que ver con querían dar a la sociedad muestras de que éramos bien tratados.

En esos días, nos anunciaron que iba a venir una comisión internacional de médicos y otros profesionales. Nos dijeron que escribiéramos cartas a la familia, que se las daríamos a la comisión internacional, y que estaríamos medio día con dicha comitiva. Nosotros hacía años que  no escribíamos a la familia, pero sinceramente yo ya no tenía nada que escribir  en esa situación. ¿Qué podía decirles a mis familiares? Nos entregaron camisas y ropa nueva, ya que estábamos en uniforme todavía. Nos dijeron que preparáramos nuestras cosas y que estuviésemos listos para recibir a la comisión, también nos informaron de que podíamos hablarles y contarles a los que nos venían a visitar lo que quisiéramos.

Wiliam Humberto Pérez Medina e Ingrid BethancurLuego escuchamos el ruido de los helicópteros de la supuesta comisión y fuimos llevados hasta donde estaban. Se fue un helicóptero y se quedó otro. Venían como disfrazados de comunistas, con camisetas del Che y con consignas revolucionarias en sus ropas, lo cual me llevó a pensar que eran simplemente unos guerrilleros, nada que ver con una delegación internacional. Y llegamos a la conclusión, además, de que ninguno de los que venía en la supuesta comisión era extranjero, sino que todos eran colombianos. En el grupo no había ni un suizo ni un francés, todos colombianos, eso estaba claro. Ingrid también compartía ese juicio que hicimos inicialmente. Ni eran altos, ni rubios, ni tenían ojos claros. Todos nos pusimos enfermos, a ver si los supuestos médicos nos llevaban de vuelta a casa.

Comenzaron a entrevistar a los guerrilleros y el pesimismo cundió entre nosotros. Así, cuando estábamos viendo con incertidumbre y dudas lo que estaba pasando, Ingrid y yo comenzamos a ver que la gente se va subiendo al helicóptero por parejas. La gente iba esposada y eso fue otra señal que me generó más dudas. ¿Cómo una comisión humanitaria iba a encadenar a unos secuestrados? Era algo inaudito y extraño. Al rato llegó una mujer que iba en el grupo y le dijo a Ingrid: «Súbase a ese helicóptero que es por su bien, se lo aseguro». Pero tras tantos años de secuestro uno ya no se creía nada. Sin embargo, pensamos que era mejor ir en helicóptero que andando a través de la selva. Ingrid y yo fuimos los últimos en entrar en la nave. Entramos, vimos a la gente relajada y despegamos rápido. De pronto, escuche un golpe duro, como si alguien hubiera caído. Era el Gafas, que era el guerrillero encargado de custodiarnos en nuestro cautiverio, que había sido inmovilizado con unas esposas plásticas de pies y manos. Le habían quitado la pistola. Allí los militares se identificaron y nos dijeron que estábamos libres. Eran del ejército y nos habían liberado. Allí terminó mi  largo cautiverio de más de diez años.


Ricardo Angoso 2
Entrevista realizada por Ricardo Angoso

Periodista español
rangoso@iniciativaradical.org
@ricardoangoso






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