Jesús Peñalver: Teresa Carreño y Yordano

19 de marzo de 2016

Yordano Teresa Carreño




Se castiga por hechos, no por intenciones. El pensamiento no delinque
(cogitationis poenam nemo patitur)

 

A Yordano le prohibieron el uso del Teatro Teresa Carreño porque «es un artista de las élites». Ese fue el argumento de quienes hoy regentan ese espacio.  ¡Qué ceguera intelectual, enanismo ideológico, yermos los cerebros, áridos los espíritus!

Se pierde la capacidad de asombro con la abundante adulación que exhiben los seguidores de la peste roja, de su líder muerto y del personaje que encarna la barbarie usurpadora.

Ya no guardan las formas, no distinguen entre bienes propios o ajenos, privados o del Estado para loar afanosamente y sin recato al difunto y a su alocado proyecto; no reparan en ningún lugar ni momento donde se encuentren para adular como nunca.

Ya el Teatro Teresa Carreño lo han convertido en el santuario del jalabolismo oficial por excelencia; pero puede ser una plaza, o los innumerables medios de comunicación que hoy tiene a su disposición el desgobierno, esa cosa espantosa aposentada en Miraflores.

Teresa Carreño lleno de jalabolas
El Coso de Los Caobos, edificado para sede permanente de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, lleva intervenido todo el tiempo de esta pesadilla diecisieteañera, que ahora también lo ha trocado en antro para ferias y chiringuitos.

En la mal llamada «4ª República», las veces que quisieran, no solo Yordano, sino también otros muchos artistas y grupos –todos- podían presentarse en ese Complejo Cultural, suerte de sueño para quien quería ver alcanzado el triunfo, la cúspide del éxito.

“Yo quiero actuar en ese teatro”, le oí decir al grande Zubin Mehta en el Poliedro de Caracas, durante un concierto donde dirigía a la Orquesta Filarmónica de Nueva York. Un tiempo después, lo vimos dirigir la Filarmónica de Israel en el Teresa, cuyo espléndido concierto culminó con un magnífico Bolero de Ravel. Mi madre emocionada, lloraba.

Ayer mismo, Froila Gil y Jesús Querales, miembros fundadores de Un Solo Pueblo, lamentaban conmigo que hoy el gobierno (peste roja, digo yo) viole los derechos de Yordano, ofenda la inteligencia de su público y nos prive de su arte.

Prohibido olvidar, porque si usted no cultiva su memoria, vendrá otro a sembrar cuentos de rutas y caminos, de empanadas y conucos. La barbarie prefiere espejos complacientes, a aquellos de la madrastra que les diga la verdad sobre sus fechorías y fealdades.

Yordano 9843
Fue mi honor redactar el primer contrato para el show de Yordano en el Teresa Carreño, cuando había mística y respeto, su Directorio lo integraban partidarios de todas las tendencias políticas, y se daba cabida a todas las expresiones del arte y la cultura.

No había censores de nuevo cuño al servicio de un modelo de gobierno fracasado, empeñado en destruir lo que nos queda de país.

La adulación no es nueva; de ella han disfrutado muchos dictadores venezolanos, civiles y militares. Todos los que han jefaturado regímenes oprobiosos en Venezuela, han tenido insectos rastreros a su lado; reptiles de la política dispuestos siempre a lamer suelas; bichitos multicolores, imbéciles y oportunistas que no dudan un instante, ni desperdician ocasión para jalar. Miserable papelito en esta obra de la escena nacional.

Las clases dominantes conocen el poder del arte, aunque finjan ignorarlo, también las trapisondas para incorporar al artista a su entorno.  Aprovechan el poder que ostentan para que cualquiera les aplauda sus fechorías. Ni los más torvos déspotas ignoran cuánto puede hacer una dádiva, una canonjía para que artistas se acerquen a sus cortes.

Al artista hay que pagarle; pero cuando se trueca la conciencia y la dignidad por monedas, la vergüenza es propia y ajena. En las cortes de los mandones brillan lúgubres payasos capaces de componer poemas y manejar palabras.

Queda claro, para ser jalabolas hay que ser corrupto o mediocre o en caso extremo, ambas cosas.  Y Yordano no estará nunca «bailando tan cerca» con un régimen de odio, de pillería y corrupción.

Jesús Peñalver foto de jiulio 2015
Jesús Peñalver
es abogado

Columnista de Opinión
penalver15@gmail.com / @jpenalver






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