Hermanos Zombis

18 de agosto de 2013

Hermano Zombi

 
Las pantallas de los cines están dominadas por zombis a los que sólo se evita vacunando a toda la humanidad para que no contagien, como la rabia, su infección letal. 
 
La ciencia, resultado de la razón, y no una fuerza sobrehumana, es la única vía para salvar al mundo de sus jaurías enloquecidas. 
 
Los guionistas cinematográficos crearon personajes, estereotipos simbólicos, que luchaban contra el mal en momentos críticos de la historia: Superman y otros superhéroes nacieron cuando las democracias temían al nazismo y, posteriormente, al comunismo. 
 
La iconografía actual está impregnada de zombis, muertos vivos tras su conversión en depredadores obsesivos, propagadores contagiosos y masivos de su función: crear un mundo de zombis. 
 
Aunque estas figuras siempre tuvieron espacio en el cine, aparecen ahora como el mal contemporáneo y reflejan una circunstancia política y social, una realidad enemiga de nuestra libertad, de nuestra supervivencia. 
 Guerra Mundial Z
Los estudios cinematográficos parecen haber visto en los zombis la pandemia islamista, una metáfora del terrorismo envuelto en retórica religiosa, practicado e impuesto por los Hermanos Musulmanes (HHMM), a los que masacra ahora el ejército egipcio: como tratan de hacer los militares con los zombis en el último éxito del género, “Guerra Mundial Z”. 
 
Los HHMM anuncian que transmitirán la rabia de su furioso delirio, la de ese rebelde sirio islamista que devora corazones de otros sectarios, mientras propaga una versión de la sharia más asesina que el nazismo. 
 
Es altamente simbólico que en esa película, protagonizada por Brad Pitt, el único territorio libre de la plaga gracias a sus muros sea Israel, aunque finalmente caiga. 
 
En un lejano laboratorio está la vacuna que salvará la humanidad, que es la ciencia, la razón, frente al contagio de los sentimientos fanáticos, sádicos y machistas de los verdugos religiosos.


Manuel Molares do Val

Manuel Molares do Val (*)
molares@yahoo.es
*Periodista español, trabajó para la Agencia EFE como corresponsal permanente en México, Bélgica, la República Popular China –el primer periodista español destinado allí–, y EE.UU. Fue enviado especial en todo tipo de acontecimientos en los cinco continentes.


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