Miguel Yilales: A punto de nocaut

18 de enero de 2016

Maduro Nocaut




Al escribir estas líneas es mucha agua, no precisamente de la racionada y mucho menos la saneada por Jacqueline Farías, la que ha corrido bajo el puente y mucha la tinta y el papel gastado para narrar los acontecimientos de la semana pasada.

Por una parte estaban los radicales, esos que actúan como estrategas de patio de bolas criollas, que criticaban el que los diputados de Amazonas se desincorporaran de la Asamblea Nacional por una sentencia írrita de la Sala Electoral, ya que denotaba blandenguería ante el poder y que era el momento de rebelarse por el desconocimiento a la voluntad popular y por la otra la caterva gobernante que aspiraba que la misma corte decidiera, nada ajustada a derecho, que el parlamento era descarado, insolente y desvergonzado por lo cual los otros poderes públicos (en minúscula por abyectos) debían desconocerlo.

Pero se quedaron como novia ’e pueblo: vestida y alborotada. Los extremistas que aun insisten en los vericuetos para salir del chavismo sin haber demostrado con que fuerza, ni como lo harán, más allá de decirle a la gente “que salga a la calle y que no regresen hasta que se vayan” (todo un déjà vu) y la gavilla delincuencial, que se hace llamar Socialismo del Siglo XXI, que deseaban activar el artículo 350 de la Constitución en contra del Parlamento.

Nicolás versus Ramos


Ramos Allup vs Maduro
La estrategia opositora dejó al gobierno con la única opción de que Nicolás Maduro asistiera a presentar su memoria y cuenta ante el Parlamento, reconociera la mayoría opositora, su legitimidad de origen y aceptara que los vientos ya no le son favorables.

El choque de trenes, la pelea del siglo, que sería el Parlamento no fue tal. Se subieron al ring y pudimos ver a uno de los contrincantes desorientado desde el principio, mal entrenado y con la mirada perdida. Trató de improvisar, se salió del esquema que le plantearon desde su esquina cubana y se mostró balbuceante; tomó mucha leche, muchísima agua y abundante café que no le ayudó para disimular lo incómodo que estaba sin que su contrincante lanzara un solo golpe y sudó tanto que le lanzaron una toalla para que se enjugara el rostro.

En su perorata sin sentido no dijo en que se había gastado el dinero del país en el 2015, no señaló porque el país tiene la inflación más alta del mundo, ni el porqué los venezolanos padecemos este brutal desabastecimiento, mucho menos señaló porque en el último año falleció un venezolano cada 19 minutos en manos del hampa, ni porque detuvieron a unos sobrinos en Nueva York.

Los venezolanos aguantamos estoicamente los 45 asaltos (3 horas de monserga) de Nicolás, lo vimos cansado de tanto correr por un cuadrilátero imaginario, nos calamos unos gritos destemplados y una pleitesía a un muerto que vive (algo como un zombi bolivariano) y presenciamos el trabajo que pasaron los camarógrafos de VTV para enfocar a Maduro y que no apareciera el contrincante. Pero Henry Ramos Allup se las arregló, esperó al último asalto, como Silvester Stallone en Rocky (en cualquiera de ellas), y demostró quién protagonizaba la película.

Sin conteo de protección


Ramos Allup pulveriza
En 30 minutos puso en su lugar a la bancada minoritaria, le dijo a Maduro que el modelo estaba equivocado, a los militares que cumplieran con lo que dice la Constitución y que estaba dispuesto al diálogo constructivo que minutos antes había planteado el propio mandatario.

A propósito de ello me permito recomendarle a Nicolás, para que le creamos, haga algunos gestos: que devuelva el canal de TV a la Asamblea, que restituya las competencias a la Alcaldía Metropolitana, que deje de impulsar gobiernos paralelos como el del Distrito Capital, que elimine esa perniciosa práctica de unos vagos, llamados “protectores”, que manejan recursos para sabotear las alcaldías y gobernaciones en manos de la oposición, que cierre los sitios de reclusión ilegales como esa malévola tumba que opera en el SEBIN y que inste a sus diputados a hacer trabajos provechosos.

Seguro estoy que pudiera comenzar por ahí, es lo mínimo que haría un verdadero demócrata que antepusiera los intereses del país a los personales, pero sabemos que los autócratas, tiranos y déspotas que nos desgobiernan prefieren colocar dinamita al “puente de plata” que les tendió Ramos Allup, por lo que nos tocará activar su sustitución de la forma que menos desean: democrática, pacífica y constitucionalmente. Hoy podemos decir que, en términos boxísticos, Maduro está grogui y a punto de nocaut.

Llueve… pero escampa


Miguel Yilales

Miguel Yilales

Periodista venezolano
@yilales





 

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