Detectando la depresión en niños y adolescentes

17 de julio de 2012

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Muchas veces se escucha una pregunta, que llega con tono angustioso y hasta desesperado ¿Cómo es de frecuente la depresión en niños y adolescentes?

Hay que comenzar diciendo a quien pregunta que la depresión es una enfermedad psiquiátrica, más frecuente que lo que muchos suponen. Que ataca a adultos y también a jóvenes y niños. Así que es bastante frecuente y seria en niños y adolescentes. La depresión entra en la clasificación de los llamados trastornos del humor, y está descrita desde hace siglos en distintas culturas. Hasta los años 1980 los médicos creían que los niños no podían tener depresión, al «carecer de la madurez suficiente para sentir depresión». Sin embargo, distintas investigaciones recientes dejan demostrado que sí la padecen, con síntomas a veces parecidos a los de los adultos, y también con otros síntomas específicos y diferentes según la edad.

Hay eso sí un hecho más que comprobado, y es que al reconocer pronto que se padece depresión y se trata adecuadamente, generalmente responde muy bien al tratamiento. Sin embargo, cuantos más episodios se hayan tenido, mayor es el riesgo de tener otro episodio, por lo que el tratamiento a veces es prolongado. El mejor tratamiento es una combinación de medicación y psicoterapia individual, de apoyo y de familia.

Y otra vez se presenta esa pregunta… ¿Cuál es la frecuencia de la depresión en niños y adolescentes?

Aproximadamente un 5%, o uno de cada 20 niños y adolescentes, tendrán un episodio depresivo antes de cumplir los 19 años. La realidad es que menos de la mitad de éstos niños reciben un tratamiento adecuado, lo que explica que la depresión sea hoy en día la primera causa de baja laboral en adultos en Estados Unidos, y el suicidio la tercera causa de muerte en jóvenes entre 15 y 24 años, y la sexta en niños entre 5 y 14 años de edad. El suicidio produce a nivel mundial más muertes que las guerras, y más muertes que otras enfermedades como el SIDA o la enfermedad isquémica cardiaca. La depresión es la principal causa de suicidio en todas las edades. En Estados Unidos 30.000 personas se suicidan cada año, y medio millón hacen un intento serio que necesita ser atendido en un servicio de urgencias, aunque la mayoría de los suicidios se pueden prevenir. Estudios mundiales indican que entre el 1 al 4% de los adultos, y entre el 2 al 10% de los jóvenes han intentado matarse, y muchos dicen que lo han intentado varias veces. Los estudios nos muestran que los padres suelen subestimar seriamente la intensidad de la depresión de sus hijos.

¿Cuáles son las causas de la depresión?

No se conoce la causa de la depresión, aunque sí sabemos que tiene un fuerte origen biológico. Los genes que se heredan de los padres y que son influenciados por las experiencias que se acumulan en la vida, pueden predisponer a padecer depresión. Pero ésta predisposición o vulnerabilidad hacia la depresión generalmente suele ser «destapada» o activada por los acontecimientos vitales que le suceden a las personas.

Los niños que sufren un fuerte stress, o que tienen una pérdida significativa en la familia; o niños con problemas de atención, del aprendizaje, de la conducta o de ansiedad tienen más riesgo de sufrir depresión. Otros problemas como abuso de sustancias (alcohol, marihuana, etc…) con frecuencia acompañan o preceden a la depresión. También una historia de depresión en familiares cercanos, aunque haya sido hace tiempo, o el familiar no conviva con el niño, es un riesgo genético para que el menor sufra depresión.

La frecuencia de la depresión es igual en los niños y las niñas antes de la pubertad, pero a partir de la pubertad, las chicas tienen más riesgo de sufrir depresión, como pasa con los adultos, donde la depresión es más frecuente en mujeres que en varones.

¿Qué tipos de trastornos del humor hay?

Hay varios tipos de trastornos del humor que pueden afectar a los jóvenes, como la depresión mayor, la distimia (un estado de depresión ligera pero de larga duración), y la llamada enfermedad maniaco-depresiva (o bipolar).

Los niños con enfermedad maniaco-depresiva sufren episodios de irritabilidad extrema o euforia, disminución de la necesidad de dormir, energía alta, sensación de que ellos saben más que sus padres o profesores (los padres dicen que le ven muy retador y desafiante, sin responder a los castigos), interés elevado por la sexualidad (en el lenguaje o el comportamiento), hablan muy rápido e interrumpen a todos (a veces no se entiende de lo que hablan, pues saltan de un tema a otro), comportamiento hiperactivo. Pueden también tener síntomas paranoides. Estos niños necesitan un tratamiento especializado y pueden recuperarse si lo reciben, pero frecuentemente pasan muchos meses o años hasta que ven a un especialista. A veces la enfermedad maniaco-depresiva se confunde con la esquizofrenia, con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, con el trastorno oposicional desafiante o con el trastorno de la conducta.

¿Qué síntomas tiene la depresión en niños y adolescentes?

El comportamiento y los síntomas de los niños y adolescentes con depresión pueden ser distintos al de los adultos con depresión, por lo que frecuentemente no es detectado por sus padres, sus profesores o su médico.

Un niño que solía jugar con sus amigos y ahora pasa tiempo solo sin hacer nada de lo que antes le divertía puede tener depresión. Las cosas que antes le interesaban o divertían ahora le parecen aburridas o «no le satisfacen». A veces los niños con depresión pueden hablar de la muerte, o decir que les gustaría morirse, otras veces dicen que si les pasara algo no les importaría mucho.

Adolescentes con depresión puede que abusen del alcohol u otras drogas, o causar problemas en casa o en el colegio.

Como el niño no parece triste, los padres y profesores pueden no darse cuenta que éste comportamiento irritable, desobediente y conflictivo puede ser un signo de depresión, pero si se les pregunta, éstos niños frecuentemente dicen que se sientes tristes, desesperanzados, desilusionados, aburridos, cansados, y sin ganas de nada.

Si su hijo tiene uno o más de los siguientes signos de depresión, los padres deben buscar ayuda viendo al médico pediatra o psiquiatría infantil y del adolescente lo más pronto que se pueda, porque se trata de una enfermedad tratable, y que si se intenta ignorar puede tener consecuencias muy graves.

1. Irritabilidad elevada, ira, u hostilidad extrema que dificulta la convivencia en casa o hace que los padres tengan que «ceder» para no provocar conflictos

2. Tristeza frecuente o episodios de llanto

3. Sentimientos de desesperanza

4. Disminución de su interés en actividades, o dificultad para divertirse en actividades que previamente eran sus favoritas

5. Aburrimiento persistente

6. Falta de energía o cansancio

7. Aislamiento social o falta de comunicación

8. Autoestima baja o sensación de culpa o responsabilidad por cosas malas que puedan pasar

9. Sensibilidad extrema al rechazo o poca resistencia ante los fallos o errores

10. Quejas frecuentes sobre problemas físicos (como dolores de cabeza, o de estómago, mareos, náuseas…) en los que no se encuentra causa médica

11. Ausencias frecuentes de colegio, o disminución del rendimiento escolar

12. Problemas de concentración

13. Un cambio importante en los hábitos alimentarios o del sueño

14. Conversaciones sobre intención de escaparse de casa

15. Pensamientos o expresiones sobre la muerte o intención de suicidarse activa o pasivamente.

Tratamiento de la depresión en niños y adolescentes

El tratamiento médico de la depresión en jóvenes se hace necesariamente con medicación antidepresiva por un especialista en niños con problemas psiquiátricos.

Los antidepresivos que actualmente han demostrado en estudios científicos ser eficaces en niños y adolescentes con depresión son los llamados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Los antidepresivos no son drogas, no crean dependencia ni adicción, ni cambian la personalidad del niño. Estas medicinas son necesarias en niños con depresión como la insulina en niños con diabetes, o los inhaladores en niños con asma. Son seguras, y no producen daño al cerebro, ni al hígado, ni al riñón, ni a otro órgano. El riesgo de tomar un antidepresivo es muchísimo menor al riesgo de no tratar la depresión (suicidio, abuso de alcohol y drogas, bajo rendimiento escolar, problemas en la relación con los padres, aislamiento social, etc). Los antidepresivos ISRS suelen tardar varias semanas en hacer efecto, y a veces es necesario ajustar la dosis al cabo de un mes si no han mejorado todos los síntomas. A veces tienen algún efecto segundario ligero y breve, especialmente al principio del tratamiento, como náuseas, ardor de estómago, o sueño, pero la mayoría de las veces, los niños los toleran sin ningún efecto secundario. Es importante hablar con el médico si no se ve efecto beneficioso en unas 3 a 6 semanas, o si aparecen efectos secundarios. Una vez recuperado el niño, cuando hayan desaparecido todos los síntomas, el tratamiento debe seguir tomándose, porque si se interrumpe demasiado pronto pueden volver los síntomas. Generalmente intentamos mantener el tratamiento durante 12 meses desde el final de los síntomas, para luego retirarlo gradualmente. De ésta forma se reduce el riesgo de recurrencia de nuevos episodios, pero como la depresión muchas veces es una enfermedad crónica, a veces se sufren recaídas en el futuro. Lo importante es detectarlas lo antes posible para que no interfieran mucho con la vida familiar, social, y académica del niño.

También es importante un apoyo con psicoterapia al niño y a la familia, ya que muchas veces los padres se culpan erróneamente de los problemas o dificultades del niño. También el niño se ha acostumbrado a percibir las cosas negativamente, y a asumir automáticamente que las cosas saldrán mal, será culpa suya, o fracasará como siempre. Estas ideas negativas deben ir cambiando con el tratamiento a una visión más realista. También, a veces, la depresión del niño crea tensiones importantes en la familia y en el matrimonio.

Por todo ello es fundamental que los padres conozcan los síntomas de la depresión en niños, que sepan que no es culpa suya, y que se trata de una enfermedad que tiene un tratamiento muy eficaz, de la que no hay que sentirse avergonzados sino decidirse con todos los medios disponibles a tratarla y que no interfiera con la vida familiar y, especialmente, con el desarrollo del niño.

Nota informativa desde la Mesa de Redacción de Gentiuno.com
Fuente: Agencias

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