Assange, ¿y ahora qué?

16 de agosto de 2012

Julian Assange portada

Podría viajar al aeropuerto en un coche de la embajada que también gozaría de inmunidad o, incluso, hacerlo escondido en un baúl como valija diplomática

En un brevísimo comunicado de seis oraciones la cancillería británica señaló que la decisión de Ecuador de conceder asilo diplomático no cambiaba en nada las cosas. «De acuerdo a nuestra legislación, estamos obligados a extraditarlo a Suecia. Cumpliremos con esta obligación. La decisión del gobierno ecuatoriano no cambia en nada las cosas». En otras palabras, ninguna posibilidad de conceder el salvoconducto solicitado por el canciller ecuatoriano Ricardo Patiño para el fundador de Wikileaks, Julian Assange.

La última oración del comunicado, sin embargo, es más contemporizadora. «Estamos comprometidos a llegar a una solución negociada que nos permita cumplir con nuestras obligaciones bajo la ley de extradición». Más significativo aún es que no hay mención de la ley de Recintos Diplomáticos y Consulares de 1987 que autoriza al gobierno británico a «revocar el status diplomático» de una sede si no está cumpliendo con su función.

En la nota que el miércoles le entregó la embajada británica en Quito al gobierno de Rafael Correa figuraba una referencia muy específica a esta ley. El parlamento británico aprobó la ley luego de que en 1984 se abriera fuego desde la embajada libia contra opositores que protestaban contra el gobierno de Muamar Gadafi y muriera la agente británica Yvonne Fletcher. En teoría la ley autoriza al gobierno a desalojar la embajada ecuatoriana para arrestar a Assange, pero ¿está dispuesto el Reino Unido a hacerlo?

En el matutino «The Times», el columnista Roger Boyes opina que, si lo hiciera, no solo sería prácticamente inevitable una ruptura de la relación con Ecuador, sino que la tensión diplomática se extendería con toda seguridad «a Venezuela, Bolivia y hasta Brasil». No apunta en esta dirección la política del Foreign Office. En enero el canciller William Hague visitó Rio de Janeiro en un intento de relanzar la relación británica con América Latina. Brasil es considerado por el Reino Unido uno de los mercados del BRIC a conquistar para salir de la recesión económica.

Según la BBC a este problema se le añade otro de repercusión global. Una ocupación de la embajada para arrestar a Assange podría ser utilizado como precedente en ataques contra embajadas británicas o de otros países en cualquier lugar del planeta generando un potencial minicaos. Pero si no adopta esta estrategia, el fundador de Wikileaks tendrá que permanecer en la sede ecuatoriano: la policía podría detenerlo apenas ponga un pie afuera.

En este punto todo se abre para un desenlace tipo película de Hollywood. Ecuador podría intentar llevar a Julian Assange al aeropuerto en un coche de la embajada que también gozaría de inmunidad o, incluso, hacerlo viajar escondido en el baúl. «Hay reglas estrictas para el equipaje diplomático que permiten a los países traer la documentación que necesiten. Estas valijas diplomáticas pueden ser de cualquier tamaño, pero son para documentos oficiales. Es difícil ver cómo se podría esconder por este método a una persona para subirla al avión», especula la BBC. Es de suponer que el avión mismo debería tener una cierta inmunidad diplomática. Es fácil ver como en la escalerilla de la aeronave la película de espionaje se puede transformar en una farsa digna de Mister Bean.

Más factible es un empate técnico. En otras palabras, que Julian Assange permanezca en la embajada. Hay muchos antecedentes en este sentido. Es probable que el Cardenal Jozesf Mindszenty tenga el record de tiempo: pasó 15 años en la embajada estadounidense en Budapest luego de la invasión soviética de Hungría en 1956. ¿Podrá Assange superarlo?

 

 

Marcelo Justo
Periodista – Corresponsal de BBC Mundo Londres
@bbc_justo

 

 

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