Ricardo Puentes Melo titula: ¡No lo lograron..!

16 de mayo de 2012

Mayo viernes 18 Bogotá Atentado terrorista foto 1

Fernando Londoño hizo lo que todo el mundo creía imposible: en el primer año del gobierno de Álvaro Uribe logró aumentar el número de efectivos del ejército en más de cien mil hombres dotándolos de armamento de primer nivel, y los alistó para enfrentar a la bandas terroristas guerrilleras. Al mismo tiempo, nombró al coronel Alfonso Plazas Vega en la Dirección Nacional de Estupefacientes para que golpeara directamente al narcotráfico en donde más les duele: en sus finanzas. Y así se hizo.

Sin embargo, la mafia, que tiene sus tentáculos en los órganos de justicia e investigación, puso en funcionamiento toda su maquinaria logrando que el procurador Maya Villazón le hiciera la vuelta al hampa… El Dr. Londoño fue sancionado por la Procuraduría por haberse atrevido a desenmascarar al juez Suárez Vacca quien dejó libres a los mafiosos Rodríguez Orejuela, financiadores de la campaña de Ernesto Samper. Al poco tiempo, el coronel Plazas Vega también fue destituido y luego arrestado con la excusa de los hechos del Palacio de Justicia.

Con el Dr. Londoño y el coronel Plazas Vega sin estorbarlos, el camino les quedó expedito para hacer sus fiestas y, de paso, demostrarle al país que la narcoguerrilla estaba más fuerte que nunca. Entonces, mientras el coronel Plazas Vega fue puesto preso gracias a las artimañas de la entonces Fiscal Ángela María Buitrago, quien se hacía acompañar por bandidos del M-19, como René Guarín, para destruir al coronel, el Dr. Londoño abrió su programa de radio La Hora de la Verdad, en radio Súper, para dar su titánica batalla por la democracia.

Desde los micrófonos de su programa de radio vio cómo Juan Manuel Santos se quitaba la careta y exhibía ante el mundo su vergonzante traición sobre Colombia. Y, aunque esta verdad brutal hubiera demolido a cualquiera, surtió un efecto contrario en el ex ministro. Desde entonces, este patriota cabal tomó las banderas de la decencia y, junto a otros valientes en su programa y en otros, ha liderado con ardor el esfuerzo para sacar a Colombia de la ignorante pereza que ha impedido a muchos entender que aquí gobierna el hampa organizada.

Porque Fernando Londoño siempre ha defendido la libertad sin necesidad de ir a cazar patos con Mancuso ni de montarse en avionetas de la mafia casanareña; tampoco la custodia de sus convicciones lo ha llevado a complotar con la guerrilla y los narcos para tumbar gobiernos o nombrar bandidos en cargos públicos. Y menos aún ha inventado antepasados gloriosos para suplir algún desorden megalomaniaco.

Por eso, por la pulcritud de sus actuaciones y por la rectitud de sus convicciones, este gobierno lo ha detestado y le ha colocado los motes infames de “Mano Negra”, “ultraderechista”, “retrógrado” y otros más. Hoy, esos señalamientos del gobierno de Santos y sus áulicos, casi le cuestan la vida.

Cuando se dirigía a su residencia le volaron en pedazos el auto asesinándole a dos de sus escoltas. El explosivo y el modus operandi, según dicen los expertos, llevan el sello de ETA, la banda terrorista española que viene delinquiendo con las FARC, con el auspicio y los dólares de Hugo Chávez y la mirada cómplice y facilitadora de este gobierno. Misma banda que tiene una vieja amistad con los guerrilleros del M-19.

Hoy la mafia narcoguerrillera, junto a este gobierno, casi nos quita uno de los últimos reductos de pulcritud de este país

Como siempre se opuso a las aberraciones de la gestión de Santos, en lo que tiene que ver con la Ley de Víctimas y de Tierras –que no es más que un despojo a favor de las guerrillas-, criticando también el diálogo con las bandas terroristas que viene siendo impulsado por Santos, Vargas Lleras y el Fiscal Montealegre, el crimen organizado enquistado ya en las instituciones decidió eliminarlo.

Todos ya sabemos que el gobierno de Santos ha estado dialogando desde hace muchos meses con las guerrillas del ELN y las FARC. Y sabemos también que tales diálogos no tienen otro objetivo que el de legislar y sacar adelante lo necesario para blindar con impunidad a estos criminales, tal y como ya han hecho en el pasado con terroristas del M-19 como Gustavo Petro y Antonio Navarro, y con secuestradores asesinos como León Valencia, hoy contratista del gobierno de Santos.

En pleno debate de la aprobación del Marco Jurídico para la Paz en la Cámara de Representantes, este amasijo delincuencial de dialogantes quisieron poner broche de oro a su estrategia de ablandamiento del pueblo colombiano para llevarlo al punto de clamar miedosamente por un urgente diálogo con la guerrilla: atentaron contra la vida de su principal crítico, el Dr. Fernando Londoño Hoyos.

Y es que esta estrategia de ablandamiento la vienen implementando casi desde el mismo inicio de este gobierno. Cientos de soldados y policías han sido sacrificados por las FARC con el permiso del gobierno, con el fin de conducirnos hacia una histeria colectiva, hacia un miedo irracional, hacia un cansancio de sangre para que aceptemos como borregos la impunidad para los terroristas que está buscando el gobierno.

Pero les salió mal la vuelta. Fernando Londoño quedó vivo y eso nos fortalece más para seguir desenmascarando este régimen criminal e inhumano al que no le interesa que miles de colombianos mueran asesinados, si esas muertes sirven para canjearlas por el Nobel de Paz, las nuevas rutas de narcotráfico, la oportunidad de negocio en el tráfico de armas o el placer arribista de tomar té con la reina de Inglaterra.

Gustavo Petro, firmante con Santos de pactos carentes de pulcritud, estuvo en la Clínica del Country visitando al Dr. Londoño. La imagen se me antojó como la de un buitre que quiere verificar si su víctima agoniza o no. En todo caso, allá llegó este criminal indultado saludando de mano a todo el mundo, como una estrella de cine. Pero se topó con doña Thania Vega de Plazas, la esposa del coronel, quien lo dejó con la mano extendida al tiempo que le cantaba sus verdades diciéndole que, para ella, él seguía siendo un terrorista y homicida. Petro se encogió de hombros despreciando el comentario de ella, una de sus víctimas, y entró a la habitación del Dr. Londoño. Allí, este hombrecillo tuvo que soportar otra reprimenda del ex ministro.

El camarada Santos también estuvo visitando a Londoño. Y se me antojó –también- que no era un buitre sino una hiena ávida de sangre. El Dr. Londoño también lo atendió como correspondía.

Samper también odia a Fernando Londoño, pero no tuvo la osadía de sus iniciados para visitarlo.

Santos, al ver que Fernando Londoño estaba más vital que nunca, desató toda una estrategia maligna de prensa. Por todos lados sus comunicadores chupamedias salieron a chillar que esto había sido un atentado de la “derecha”, un autoatentado del Dr. Londoño con el fin de frenar la aprobación del proyecto de ley, auspiciado por los terroristas, que se discutía en el Congreso.

Igual, la Cámara de Representantes, como si nada, aprobó este golem con el cual venden a los colombianos, entregándonos en las manos de los más sangrientos asesinos que hemos sufrido.

El desencajado Santos que vimos en los medios balbuceando que las FARC no tenían que ver con el atentado y que se investigaría “a fondo el asunto”, no estaba preocupado por el atentado, sino por el fracaso del mismo. Yo tengo la convicción íntima de que este intento de asesinato lo fraguó el gobierno en contubernio con las guerrillas. El mensaje que quiso enviarle a la oposición era que estaba más allá de la justicia y que podía hacer lo que quisiera, incluso matar la pulcritud de este país.

No quiero poner el punto final sin hacer manifiesta la profunda admiración que siento por ese gran maestro e incondicional amigo que es Fernando Londoño Hoyos. Colombia debe sentirse afor

Hoy, Londoño Hoyos se levantó como un gigante de entre las ruinas retorcidas y humeantes de la bomba; todos lo vimos caminar con la dignidad y la fortaleza de un coloso, herido y sangrante pero con la hercúlea convicción de poseer la verdad de su lado. Solamente se derrumbó cuando se enteró de que sus escoltas, Rosemberg Guzmán y Ricardo Rodríguez, habían sido asesinados. Y ahí fue que lloró inconsolable, como un niño.

 

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