La fórmula real para perder peso

15 de octubre de 2020

Perdiendo peso




“Cuéntame, ¿Cómo vas a mejorar tu salud?”, me preguntó la doctora al bajar de la balanza. “Doctora, pero yo me siento bien, vine solo por mi control anual”, respondí un poco dubitativa. “Hoy te sientes bien, pero en unos cuantos años sufrirás las consecuencias de estos kilos de más que llevas hoy… Tienes que perderlos no por estética, sino porque la vida vale oro y tienes que cuidarla y disfrutarla con salud”.

Silencio absoluto, shock, un poquito de culpa, reflexión y a la acción.

Siempre he sido gordita. Así, siempre en diminutivo para que no suene tan agresivo. Y aunque no creo tener problemas de autoestima ni complejos, el país donde crecí tiene como uno de sus valores más preciados mantener ciertos parámetros de belleza como parte del gentilicio.

Quizás en un acto de perpetua rebeldía nunca me empeñé demasiado en encajar en esos criterios, pero sí, siempre alguien te hace saber que no estás en el rango y si nadie te lo dice, el entorno se encarga. Si tienes unos 10 kilos extra, desde conseguir ropa hasta empleo podría complicarse.

A lo largo de mi vida he hecho todo tipo de dietas, algunas con mayor frenesí, y menos cordura, las de la juventud. Las agujas chinas, las inyecciones de alcachofa, la dieta Atkins, la de los puntos, las gotas de homeopatía, las píldoras quema grasa. Para todo experimento yo me postulaba como conejillo de Indias.

Ya en la adultez el sentido común me avisó que no podía seguir abusando de mi suerte y de la nobleza de mi cuerpo. Ya no puedes andar por ahí inventando tomar infusiones mágicas, el agua de cáscara de naranja, haciendo la dieta de la manzana y acompañar cada plan con shots de café, agua y esporádicamente algunas golosinas para engañar el hambre.

Tarde o temprano, tanto cuerpo como cerebro se agotan, más cuando los resultados no son duraderos. Es allí cuando uno se resigna y comprende que si no toma control de la situación con responsabilidad y criterio no se pueden alcanzar las metas. Dejé de visitar gurúes de adelgazamiento y seguí una dieta con una nutricionista. Me mantuve comiendo balanceado por mucho tiempo, pero nunca incorporaba una rutina de ejercicios a mi cotidianidad sedentaria.

Luego, al llegar a Estados Unidos, las libertades no se limitan a una cuestión de derechos y comunidad, también a ser como eres, porque nadie puede -ni nadie debe- señalarte, juzgarte o discriminarte por tu contextura, color o credo. Por nada. Y eso hacía que me sintiese más normal. Aquí los kilos de más no son una bandera que todo el mundo observa o señala… hasta que visitas al médico y lanza el balde de agua helada. “Estás pasada de peso. Esos kilos repercuten en tus rodillas, en tu espalda, en tu organismo… Tienes un hijo. Deberías cuidarte para disfrutar más tiempo con él”… En este punto el balde ya es un bloque de hielo.

Pasemos a la acción

La médico de familia nos soltó esa perla. En plural porque luego supe que a mi esposo también le cayó su chaparrón, lo que hace más fácil tomar cartas en el asunto, pues en equipo todas las cargas se aligeran, y en este caso lo de la carga es literal.

La doctora nos indicó pasos muy básicos. “Deben caminar y comer saludable”, pero para poder alcanzar definitivamente una meta sólida hay que recurrir a un experto.

La doctora Rossana De Jongh, médico nutriólogo, especialista en nutrición clínica, compartió con nosotros algunas de sus recomendaciones para dar el gran paso.

Sin embargo, sí hay cambios muy mínimos de estilo de vida que pueden adoptarse y hacen justamente que la persona se dé cuenta de cuáles son sus verdaderas motivaciones. “Lo que tenemos que buscar -si queremos perder peso- es perder grasa corporal”, explica De Jongh quien se apresura a advertir que las dietas detox y otras fórmulas mágicas que ofrecen pérdida de peso rápida, en realidad se traducen en pérdida de agua, pérdida de masa muscular, pero no en esta pérdida de grasa corporal.

“Esto se logra con un conjunto de acciones y hábitos saludables que nos ayudarán a mejorar no solo la cifra de la balanza sino a perder esa grasa que se encuentra alrededor de los órganos. Allí surgen los factores que motivan: el hecho de que la persona se sienta más ágil, que duerma mejor porque ya no sentirá el efecto mecánico que puede ejercer un vientre amplio o pesado. El perder peso hace que tengas menos dolores articulares y mayor energía. Esas motivaciones positivas son las que debes tener en una especie de lista para mantenerte conectada con el objetivo”.

Comer sano foto7
De Jongh se dedica a la dietética psicocomportamental, que justamente se enfoca en nuestro comportamiento alimentario y asegura que algunos estudios revelan que cuando la persona tiene motivaciones orientadas hacia el miedo, por ejemplo querer perder peso porque no quiere enfermarse, o porque sus exámenes están alterados, tiende a perder el rumbo más rápido que cuando las motivaciones son positivas. Entonces esto nos arroja el primer gran cambio en nuestros paradigmas. Necesitamos motivaciones positivas para perder peso y lograr que los cambios en nuestros hábitos se consoliden en el tiempo. Por ejemplo perder peso para tener mejor salud, para correr más rápido, porque quiero sentirme mejor en mi propia piel.

“Tenemos que tomar en cuenta que como el ser humano no es solamente una boca que come y un estómago que se llena y que tampoco debemos ponernos una meta de pérdida de peso irrealizable, tenemos que estudiar factores que tienen que ver esos cambios en el estilo de vida. En primer lugar revisar que la alimentación sea suficiente pero balanceada, si la persona come en exceso, que muchas veces es el caso, debe disminuir esos aportes en energía pero que sea lo adecuado para cubrir las necesidades básicas del cuerpo”.

La fórmula real, no la mágica

La doctora De Jongh asegura que cuando la persona come mucho menos de lo que su cuerpo necesita realmente, es cuando comienza a sentirse más débil o empieza a perder masa muscular. Entonces es mejor una pérdida de peso causada por unos aportes ligeramente más bajos que los que suele consumir, y sobre todo que la alimentación sea balanceada que incluya todos los tipos de alimentos, excepto si existe alguna intolerancia o alguna restricción ética o religiosa. Esto quiere decir una dieta que incluya carbohidratos, frutas, vegetales, proteínas de buena calidad, lácteos si se toleran, grasas de buena calidad, sin satanizar ningún tipo de alimentos.

Comidas sanas
Lo que completa la fórmula es incorporar actividad física regular, sin extremos. “Cuando la persona se excede tiende a cansarse o lesionarse. Es mejor iniciar una rutina de actividad física que se adapte a la condición del comienzo. Actividades que nos gusten y que se adecuen a nuestras capacidades, como la natación, la marcha, el baile y luego ir incorporando nuevas actividades o aumentar la intensidad del ejercicio para desarrollar o evitar la pérdida de masa muscular”.

La siguiente recomendación es limitar en lo posible el consumo de bebidas alcohólicas y cigarrillos. “No deberían sobrepasarse de dos tragos por oportunidad y que se limiten las ocasiones a dos o tres veces por semana. Pero todo dependerá de las condiciones de salud de la persona. Si la persona es fumadora, por ejemplo, es muy difícil que haga las dos cosas al mismo tiempo, dejar de fumar y cambiar sus hábitos de alimentación, con lo cual se buscan alternativas para que haga una transición y pueda limitar el consumo de cigarrillos”.

“Por último, debemos tener presente que somos seres humanos. Tenemos factores biopsicosociales, esto significa que influyen factores de nuestro cuerpo, psicológicos y las interacciones sociales, entonces hay que evitar los planes de alimentación demasiado restrictivos que afecten estas tres esferas, por lo cual lo más recomendable es visitar a los especialistas, médicos nutriólogos, y nutricionistas, evitar a los pseudoespecialistas o seguir dietas estrictas que no se individualizan, y si existen problemas de salud asociados visitar al cardiólogo, al ginecólogo o al endocrinólogo. Si la persona tiene problemas de ansiedad, depresión, entre otras dificultades, acudir a terapia con el psicólogo o psiquiatra, ayudará a que estos cambios sean menos traumáticos y más duraderos”.

La doctora finaliza acentuando que el peso no lo es todo, que estamos buscando salud y con una alimentación balanceada vamos a lograr muchos cambios positivos que vamos a disfrutar desde el primer momento que la establezcamos. “Vamos a notar que la piel cambia, el cabello cambia, que los ciclos menstruales se regularizan, que tenemos un mejor dormir, nos sentirnos más relajados y dispuestos a mantener estos cambios en el tiempo”.

Una Nota de Adriana Terán (Yahoo)



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