Mohamed Alkhaldi, protagonista de “Esclavo de Dios”

15 de julio de 2013

Mohamed Alkhaldi

 
“Éramos nada en Kuwait”, lo dice Mohamed Alkhaldi, protagonista de “Esclavo de Dios”

¿Patria? Mohamed Alkhaldi no tiene ese dilema. Nacido en Kuwait hace 29 años, nunca tuvo esa nacionalidad, pues no contaba con tres generaciones de kuwaitíes de ascendencia para ser reconocido como tal. De abuelos y tatarabuelos iraquíes, tampoco tenía nacionalidad iraquí y cuando en 1990 las tropas de Sadam Hussein invadieron Kuwait, su familia y él se convirtieron en objetivos de guerra.

Escena de Esclavo de Dios

Una escena de la película “Esclavo de Dios”


“Fueron seis meses de invasión. Yo era un niño, veía los tanques y no entendía nada. Vivíamos en sótanos donde teníamos radios para estar enterados. Los soldados buscaban a nuestras familias y ya se sabe todo lo que hacían con las mujeres y los niños”, recuerda quien tiene una historia personal quizás más fascinante que la de Ahmed, el terrorista islámico que interpreta en Esclavo de Dios, ópera prima de Joel Novoa Schneider, actualmente en cartelera.


“Nosotros éramos ‘nada’ en Kuwait, nos llamaban ‘bedun’, no podíamos ir a la escuela ni trabajar, y había que sostener a una familia de cinco hermanos”, recuerda.

Su padre era policía, una profesión -junto a los médicos- bien estimada en Kuwait. Al momento de su jubilación, el Estado le ofreció al padre un convenio a través del cual algunos de sus hijos podían adquirir alguna nacionalidad. Así fue como Mohamed recibió un pasaporte de Eritrea, al sureste de África, patria que tampoco fue la suya pues nunca llegó a conocerla.

Sí le sirvió ese documento para dejar de ser molestado por las autoridades y para demostrar que era mucho más… “Yo me negaba a creer que era ‘nada’ y me esforcé por lograr salir y tener libertad. Fue así como me hice un Dj famoso en el Medio Oriente, bajo el nombre de Kicks, y así pude recorrer casi todo los países del Medio Oriente”, cuenta.

En una de esas giras como pinchadiscos el destino lo trajo a Choroní, estado Aragua. Acá se enamoró no solamente de sus playas y su clima…

“A Venezuela regresé en varias oportunidades. Una vez pensé ‘ya es hora de asentarme en algún lugar’ y elegí a Venezuela”. ¿La verdad? Estaba enamorado de una chica con la que estuvo vinculado a su regreso; aunque no por mucho tiempo. Mas el lazo con el país comenzaba a estrecharse. “¡Los venezolanos son muy chéveres, habibi (querido)!”, dice Mohamed, combinando frases venezolanas con las de su cultura.

Fue en 2006 cuando llegó definitivamente al país. Desde entonces además de Dj, se le abrió una senda como profesor de inglés y ahora… como actor.

“En Venezuela se me venció el pasaporte de Eritrea y me recomendaron pedir asilo político. Así lo hice y desde entonces mi condición es de refugiado”, narra Mohamed.

“A mí me hicieron un documental de la Universidad Santa María, dirigido por Cindy López, para que hablara de mi condición de refugiado. La directora del casting de Esclavo de Dios sabía del documental, me propuso para la película y me eligieron. Yo les dije que nunca había actuado pero ellos ofrecieron prepararme”, agrega el joven.

Mohamed Alkhaldi y Vando Villamil

Mohamed Alkhaldi
y Vando Villamil

Elia K. Schneider asumió las riendas de las inducción actoral del joven para construir para Esclavo de Dios a Ahmed, ese terrorista musulmán, que se hace católico, se casa en Venezuela, tiene hijos y, a la hora de la verdad, debe responder a la voluntad de Alá, convertirse en hombre bomba en Argentina y vengar así la muerte de su padre.

Por otra parte, un agente de la inteligencia judía, el Mossad (el argentino Vando Villamil), lucha no sólo por detener el ataque suicida, sino por materializar otra venganza por la muerte de su hermano.

Elia K. Schneider asumió las riendas de las inducción actoral del joven para construir para Esclavo de Dios a Ahmed, ese terrorista musulmán, que se hace católico, se casa en Venezuela, tiene hijos y, a la hora de la verdad, debe responder a la voluntad de Alá, convertirse en hombre bomba en Argentina y vengar así la muerte de su padre. Por otra parte, un agente de la inteligencia judía, el Mossad (el argentino Vando Villamil), lucha no sólo por detener el ataque suicida, sino por materializar otra venganza por la muerte de su hermano.

“Yo soy musulmán pero no soy fanático. Creo que Dios se lleva adentro”, confiesa el joven, al tiempo que descarta que Esclavo de Dios sea prosionista como acusan extremistas venezolanos. “Si fuera projudía yo no hubiese aceptado hacerla, no creo que sea prosionista, ni proislámica, es una película por la paz y la tolerancia”, exclama el joven.
¿Que si ve fin al conflicto palestino-israelí? “Nunca. Tendría que acabarse el mundo para que se termine”, afirma desesperanzado. “¡Yo no soy político, como te he contado, ese tema me ha hecho mucho daño desde que nací! Tampoco me gusta la guerra”.
Esclavo de Dios

Ahora el principal conflicto de Mohamed es el precio del arte. “He descubierto que me gusta actuar, pero me incomoda verme en vallas, ir a entrevistas y que me reconozcan por allí, no sé, creo que tengo que evaluarlo”, dice, y la señal se cae, pues viaja rumbo a Valencia en gira promocional de la película.

Con todo y conflicto, ya está en la película “Solos” de José Ramón Novoa y se prepara para una obra de teatro que será dirigida por su maestra de actuación, Elia K. Schneider.

“Extraño mucho a mi familia, eso es muy duro. Siempre hablamos, me dicen que regrese, pero yo les explico que es peligroso. Tendría que tener primero la nacionalidad venezolana para ir a visitarlos, pero sí, me hacen mucha falta. En Venezuela hay crimen, pero eso es algo pasajero, este país es un tesoro y sólo hace falta que la gente buena diga ¡Ya basta! y yo creo que eso va a suceder”, aspira Mohamed.


Angel Ricardo Gomez

Agradecemos al diario El Universal de Venezuela, permitirnos reproducir esta entrevista realizada por el periodista Ángel Ricardo Gómez
@argomezc
 
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