Jesús Peñalver: Estado de decepción

15 de mayo de 2016

Maduro y la señal de costumbre




No habla, bufa; no gesticula, rebuzna; no se expresa humanamente. Así demuestra violentamente haber aprendido el lenguaje insolente del milico delirante, de guapetón de barrio y portero de burdel.

Quienes hayan asistido a alguna facultad de Derecho y recibido algunas clases adicionales de Derecho Público, o por simple estudio motu proprio, saben que éste ha sido otro golpe artero a la democracia y de suyo, a las instituciones que la soportan.

Desde luego que con el reciente manotazo que la usurpación ha dado al Estado de Derecho, anunciando un decreto de estado de decepción, con prescindencia de toda regla procedimental, o con desvío amañado en la interpretación de las normas, no solo da pábulo a suspicacias a quienes miramos atónitos tal desaguisado, sino también nos coloca en la plena convicción que esto va definitivamente cuesta abajo en su rodada, como llora el tango.

Lástima da saber que mientras en el mundo entero la civilidad toma las sociedades y les confiere poderes al hombre sin uniforme, Venezuela ahora se parece a una fortaleza militar que cada día gasta más en armarse con inmensas sumas de dinero -dignas de mejor destino- en aviones, fusiles, milicias, misiles, tanques y submarinos, entre otras capacidades bélicas, mientras los civiles tristemente sacrifican su derecho a dirigir los destinos del país para entregárselos a quienes han fracasado en todo el mundo al frente del poder.

¡Los militares siempre han fracasado en el gobierno! ¡No existe una excepción! Una verdadera lástima que la mediocridad partidista que se ha criticado tanto, incluso la oposición de la oposición, haya llegado a lo más profundo del barranco con una clase política mucho peor que adecos, copeyanos y masistas de otros tiempos. Más serviles y menos independientes, más lacayos y lambucios, además de tristes servidores del militarismo más arbitrario y abusivo que se haya vivido Venezuela.

Maduro chofer de uniforme
La burda maniobra, golpe bajo a la institucionalidad democrática venezolana, mientras el que desgobierna anuncia la realización de ejercicios militares, no debe arredrarnos en modo alguno ni amilanarnos en nuestro afán insistente por reinstaurar la legalidad, nuestro sentido de patria y la dignidad que nos permita recuperar el país que nunca hemos debido perder.

Maduro y por detrás Chávez
No les extrañe ver prácticas de palo encebao, carreras de sacos y de huevos en cuchara, saltos de sapos y de ranas, y si les da tiempo, la delicada, riesgosa maniobra de ponerle la cola al burro… y las orejas.

No sé cuál es el estado de alarma o de calamidad, de la emergencia económica o de conmoción lo que sustenta el “estado de excepción”. No sé cuál ratio iuris ni ratio essendi sustenta el nuevo decreto, pues hasta ahora no es oficial, y solo ha habido anuncios imprecisos.

Lo cierto es que aquí la situación especial y aterradora está en el miedo de la gente a morir por falta de medicinas o víctima del hampa impune. La emergencia económica en los bolsillos de los venezolanos, ollas vacías, carestía y desabastecimiento. Salarios que no alcanzan. La conmoción vive en los estómagos hambrientos de tantos venezolanos.

Es evidente la situación “especial” de un país, cuando hasta la muerte natural escasea, mientras la que funge de canciller, dice muy oronda, que Venezuela puede suministrar alimentos a tres naciones.

Chavez mesonero de la muerte
Las desgraciadas consecuencias de haber elegido a un milico golpista, resentido y delirante que con odio social inició la pesadilla. Son golpistas, de allí el comportamiento incivil, totalitario, de suyo antidemocrático.

El estado es de decepción y general.

Jesús Peñalver foto de jiulio 2015
Jesús Peñalver
es abogado
Columnista de Opinión
penalver15@gmail.com / @jpenalver





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