Jesús Peñalver: De la roja idolatría

15 de enero de 2016

Chávez Fetiche





La peste roja no asimila, no asume ni entiende la derrota del 6D. De allí las pataletas y bravuconadas. En su perverso afán por mantenerse en el poder a troche y moche, están las desgraciadas consecuencias de haber elegido a un milico golpista, resentido y delirante que con odio social inició la pesadilla.

Hoy le rezan a aquel cuyo poder tuvo un origen democrático, y en su ejercicio se volvió un dictador, que reunió en su persona la suma del poder público y pronto se convirtió en un enemigo declarado de los DD. HH.

El mismo que criminalizó a los defensores de los DDHH, judicializó la protesta social pacífica y persiguió penalmente a los disidentes políticos. Hoy le rezan a ese personaje nefasto de la historia contemporánea de la República, a aquel milico golpista que encarnó la suma de todos los defectos morales del venezolano.

Le rinden pleitesía al mismo que, detentando el poder, fue tan grosero que hasta sus apuros intestinales los describía en cadena nacional, al tiempo que ofrecía “dar lo suyo” a su mujer de entonces.

Declarado como estoy en ejercicio de esa memoria que nos apasiona y nos nutre, nos ilumina y nos recuerda lo bueno y lo malo para la salud del país, para nosotros mismos, afirmo que la barbarie prefiere espejos complacientes, y no el de la madrastra que le diga la verdad sobre sus fechorías y fealdades.

¿Quién pidió pena máxima y en cadena nacional para la jueza María de Lourdes Afiuni, sino Hugo Chávez? ¿Acaso no fue a instancias del difunto que la Contraloría inhabilitó al líder político Leopoldo López para ser candidato a Alcalde Mayor?

Chávez y el malandraje
Imposible olvidar su osadía al llamar «bienandros» a los delincuentes e incluir a tantos venezolanos en listas infames; otra perversión del difunto que vive en cada andanza del hampa, cada gota de sangre derramada por inocentes, cada viudez y orfandad generada, en cada miseria humana.

Aquel enemigo de la democracia que consiguió destruirla desde su interior, un pésimo administrador con suerte que desperdició una posibilidad inédita de desarrollar a Venezuela. Socialmente, un militarista desquiciado que quiso pergeñar un Estado policíaco en permanente paranoia.

Bien afirma Agustín Laje: “Chávez acabó fragmentando a toda una sociedad que ahora, sin el muerto, como nunca fanatizada, espera por tiempos más violentos”.

La barbarie pretende eternizarse en el poder, de allí su persistencia en la compra y venta de sueños y conciencias, su humanismo inexistente, dizque su amor por los pobres para que sean más pobres, negándoles, por ejemplo, la titularidad de la viviendas, pregonando groseramente que “ser rico es malo”, mientras los atuendos y joyas de sus voceros dicen todo lo contrario.

Miren la bancada roja, refléjense en ese espejo. Curiosamente se llevaron de la Asamblea los equipos de ANTV, pero no los cuadros de su amado líder.

El Chavismo es vulgar aprovechamiento del pobre, la manipulación de sus miserias, la grotesca igualación hacia abajo. Esa otra metáfora de la pobreza. Es preciso no haber nacido en un país, padecer de un resentimiento muy arraigado o ser bien despreciable para odiar a su gente.

Hambre y colas
Hay un cuadro de hambre colectiva. Imágenes repetidas de colas por alimentos y medicinas. Fotos que evidencian como las farmacias se han convertido en refugios de oración. Retratos de la inseguridad y la escasez, del oprobio y la maldad, de la chapuza y el bodrio oficiales.

Símbolos de la desgracia chavista que el chavismo no quiere ver, ni revelar, ni los descuelga para llevárselos a sus guaridas ni al cartel de la montaña.


Jesús Peñalver foto de jiulio 2015

Jesús Peñalver
es abogado
Columnista de Opinión
penalver15@gmail.com / @jpenalver







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