Ricardo Angoso pregunta: ¿Será el año de la paz en Colombia?

14 de enero de 2014

Habrá paz

 

Mientras el país se aproxima, en medio de una precampaña electoral plagada de descalificaciones, hacia unas elecciones legislativas, vistas como unas primarias de las presidenciales, el ejecutivo de Bogotá sigue negociando con la organización terrorista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en la búsqueda de un acuerdo que ponga fin a la violencia y permita la integración de las FARC en la vida política del país. ¿Lo lograrán? Este año será decisivo, veremos qué pasa. 

JM Santos Y89Es más que seguro que a medida que se acerquen las elecciones se vayan concretando nuevos elementos para ese acuerdo entre las partes, ya que el presidente de la república, Juan Manuel Santos, necesita presentar ante la sociedad colombiana algún resultado concreto acerca del proceso de paz. No olvidemos que en estos meses de conversaciones entre las dos partes, en que hubo sus altibajos e incluso malentendidos, los atentados terroristas no han cesado y las FARC se han negado a abandonar las prácticas criminales, los secuestros, el empleo de minas personales y el siempre controvertido negocio del narcotráfico. Las FARC se han convertido, quizá, en el primer cartel de América Latina de la droga. Está por saber si tras la firma de un acuerdo abandonarán esa actividad y sus miembros regresarían pacíficamente a la vida cotidiana.

Además, Santos necesita este acuerdo con las FARC como agua de mayo en este año electoral y cuarto de su mandato. Sus constatados fracasos en casi todas las materias, por mucho que su coro mediático se empeñe en lo contrario y en maquillar una realidad caracterizada por el estancamiento generalizado en todos los ámbitos, hacen del proceso de paz con la guerrilla más antigua del continente el eje central de la campaña. Si consigue lograr un acuerdo con las FARC, Santos mataría dos pájaros de un tiro: por un lado, desacreditaría a su principal adversario, el expresidente Alvaro Uribe, enemigo declarado del proceso y cabeza de lista del derechista Centro Democrático en las legislativas; y, en segundo lugar, podría presentarse como el candidato de la paz a la presidencia y dejar fuera de juego al resto de los candidatos.

ALVARO URIBE, ¿ENEMIGO DE LA PAZ?

Uribe I78Por mucho que se empeñe el expresidente Uribe en tratar de presentar el proceso de paz como un acto de traición y de rendición de los demócratas a las FARC, utilizando un maniqueísmo rayano a la simplicidad, está muy claro que la mayoría de los colombianos está dispuesto a pagar cualquier precio para que se avance en el final del conflicto.

Uribe se empecina en una presentación argumental que trata al ejecutivo de Bogotá como una suerte de ente diabólico que está pactando la impunidad de los terroristas a cambio de la “dejación de las armas”.  Se trata de un argumento falaz que esconde una trampa. Basar toda la campaña electoral, situando como elemento protagónico a esa idea, puede ser un error estratégico fatal para el expresidente y la lista que encabeza al Senado, ya que de lograrse un acuerdo definitivo en plena campaña se quedaría sin temas de los que hablar y, además, Santos aprovecharía ese momento político para cimentar la idea que ya difunde de que los uribistas son los “enemigos de la paz”, o “pajarracos de la extrema derecha”, en palabras nada diplomáticas del máximo mandatario colombiano.

Por ahora, el proceso avanza lentamente, quizá por un asunto del manejo de los tiempos políticos, pero también para hacer coincidir los grandes resultados que puedan tener un gran impacto mediático justo antes de las elecciones legislativas. La utilización de golpes de efecto, para hacer subir la deteriorada imagen de Santos en los sondeos y estudios de opinión, ha sido una táctica permanente de la actual administración colombiana, más empeñada en su imagen mediática durante estos años que en una gestión profesional y seria de los problemas que atañen al país. Su inconsistencia estratégica, por no hablar de la carencia de un programa con objetivos claros y concretos, ha sido una constante de Santos. Por ello, la  reciente presentación del acuerdo con las FARC tuvo más de circo electoral que de una verdadera declaración propia de un estadista.

Así pasó en el mes de noviembre, cuando las dos partes en diálogo anunciaron que las FARC participarían en la vida política del país y que se produciría la definitiva inserción de este grupo en la sociedad colombiana, dándole derechos y garantías a todos los niveles. Dos semanas más tarde, y no causalmente, el presidente Santos anunció que se presentaría a la reelección, abriendo la campaña electoral y despistando a sus detractores, que llevaban meses confundiendo el deseo con la realidad. Pensaban que Santos no se presentaría, pues así lo anhelaban, pero el Establecimiento colombiano, del que el actual presidente es su principal representante, tenía otros planes. Santos no es genial,  se pensaba, pero no había mejores candidatos para sucederle.

SANTOS, SEGURO GANADOR EN UNA CARRERA SIN COMPETIDORES

JM Santos T98Por otra parte, y por eliminación, no parece que el resto de los candidatos, incluido el uribista Oscar Iván Zuluaga, vayan a tener grandes opciones para derrotar a Santos. Zuluaga carece carisma, aparece como un clon repetitivo y aburrido de Uribe y genera más apatía que pasión.

Hablando claro, aburre hasta a sus propios correligionarios y sus expectativas de éxito son más bien escasas, por decirlo de una forma suave.

Más entusiasmo crea, desde luego, la candidata de la izquierda, Clara López, que proveniente de la oligarquía colombiana milita en el Polo Democrático Alternativo (PDA), fuerza política a la baja por sus divisiones internas pero que tendría alguna posibilidad de colocar a su candidata presidencial  en la segunda vuelta. Este escenario, desde luego, sería muy favorable al presidente Santos; el rechazo hacia la izquierda sigue siendo muy alto en la sociedad colombiana y hasta los uribistas se taparían la nariz y votarían por el denostado líder.

Cuando apenas quedan unas semanas para que comience oficialmente la campaña electoral para las elecciones legislativas, no se ve a nadie en la escena política capaz de competir con Santos y sus partidarios. Los sondeos más halagüeños y los analistas más avezados apuntan a que la lista del presidente Uribe al Senado no será capaz de llegar a los veinte escaños, sino que más bien podría quedarse en torno a los 15, un buen resultado sobre una cámara de un centenar de asientos pero un número insuficiente para realizar una efectiva oposición a Santos e impedirle gobernar cómodamente otros cuatro años.

Resumiendo, y para terminar, los errores cometidos por el expresidente Uribe, en el sentido de no haber creado a tiempo un movimiento político sólido y coherente y por haberse abandonado al populismo caudillista, están teniendo consecuencias irreversibles en la vida política de Colombia. Santos tiene poco que ofrecer al país aparte del no concluido proceso de paz, pero eso no es óbice para que por deméritos de los demás, como las divisiones en la izquierda e incluso en otros grupos, obtenga dos victorias seguidas en las próximas legislativas y en las presidenciales. Nunca se vio un candidato con menos méritos para seguir en el poder otros cuatro años, pero tampoco se había visto tanta torpeza política en las filas de sus supuestos competidores. Como dice Andrés Oppenheimer, en América Latina un gobernante lo tiene relativamente fácil para reelegirse, tal como está ocurriendo ahora con Santos. Nada nuevo bajo el sol, quizá tan solo el horizonte de la paz gravitando sobre todo el proceso electoral.



Ricardo Angoso 2

Ricardo Angoso

Periodista español
rangoso@iniciativaradical.org
@ricardoangoso




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