Hermann Tertsch: Obsequioso colaboracionismo

12 de diciembre de 2014

Pablo Iglesias amedrenta en TVE

 



Llegaron como una banda de las SA. No eran dos ni tres, ni cuatro ni cinco. Ni ocho ni diez. Entraron todos a la sala de maquillaje con Pablo Iglesias. Después subieron al otro piso. Fueron todos a la redacción como si fuera suya, a saludar, arengar o intimidar con su presencia masiva. Todo un espectáculo. Así lo describía un testigo. El propio Raul del Pozo que tanto simpatiza con Juan Carlos Monedero y otros del nuevo partido, lo contaba así en su diario “entraron en 24 horas insolentes y en tropel, con autobuses que les esperaban en la puerta, buscando la complicidad de los cámaras y huelguistas. Daban miedo, contaba uno de los contertulios. Caminan con la arrogancia de los intransigentes, pero aseguran que no quieren hacer la revolución sino limpiar las cuadras”.



Después se produjo el incidente con Sergio Martin, que le preguntó a Pablo Iglesias si estaba contento con la liberación de etarras. Una pregunta absolutamente pertinente porque en innumerables ocasiones se ha manifestado, tanto Iglesias como Juan Carlos Monedero y otros de Podemos, perfectamente solidarios con ETA y sus organizaciones. Hay grabaciones de Iglesias felicitando a ETA por no dejarse engañar por la constitución y seguir matando. Otras en las que pide la liberación de todos los presos de la banda asesina. Otras muchas en las que explican él o Monedero su empatía y comprensión hacia la “lucha” de ETA como llaman a sus asesinatos y demás trayectoria criminal. Pues Pablo Iglesias se enfadó por esta pregunta y lo hizo saber. Y convocó a los inquisidores que, obedientes, se han indignado. A ver con quién se han creído los periodistas que están hablando cuando hablan con el caudillo de Podemos.


El partido de Pablo Iglesias no tiene aun más que un par de meses de vida y sus relaciones con los periodistas pasan ya por ser de las más complejas jamás habidas en democracia entre un partido político y los medios. Desde el primer momento, los líderes de Podemos se han mostrado selectivos en su trato con los medios. Los había amigos, aceptables y enemigos.

El núcleo del poder dirigente del partido lo forma la cuadrilla de profesores comunistas de la Universidad Complutense con experiencia política oficialista en Latinoamérica. Comenzaron a desembarcar a principios de la pasada década en Venezuela. Los había llamado Hugo Chávez para adoctrinar cuadros del chavismo, ensayar la revolución y la construcción de un régimen en el que la ingeniería legal permitiera garantizar el carácter socialista irreversible. Allí estuvieron los de primera hora Roberto Viciano, Juan Carlos Monedero y muchos otros. Iglesias llegaría más tarde.

Más allá de las labores de algunos de ellos en los procesos constituyentes de amarrar a imagen de Venezuela los regímenes de Ecuador y Bolivia, siempre con fluido contacto con los otros actores del proceso, especialmente el régimen de Cuba, han sido allí formadores de cuadros comunistas y ante todo son expertos comunicadores, el mejor con diferencia Pablo Iglesias.

Ellos saben sacar el máximo partido a los medios, pero saben también lo que tienen que ocultar y resaltar, según el momento, de quiénes se han de servir y quienes pueden ser peligrosos y hay que neutralizar. Todo ello lo han explicado en clases para otros cuadros comunistas. De eso han vivido bien y muchos de ellos se han hecho su considerable patrimonio en España con la paga por ayudar a arrebatar el suyo, su patrimonio además de la libertad, a venezolanos, bolivianos o ecuatorianos.

La Banda Podemos
En seis meses se han hecho con un escenario mediático en el que levantan fascinación. Las cadenas privadas se lanzaron a su promoción y se convirtieron en la clave de su éxito político. Con una irresponsabilidad generada por la codicia que es de esperar algún día paguen sus dueños y mandos. La inmensa mayoría de los profesionales del periodismo los trató desde un principio con benevolencia cuando no efusiva simpatía.


Cuando comenzó a haber roces con algunos en la televisión, prestos recurrieron a la amenaza de las demandas. Y se pusieron algunas. Algunos otros personajes de la órbita de la ultraizquierda hicieron Gonzalo Boyelo mismo. Yo tengo dos demandas de Gonzalo Boye, un abogado chileno ahora muy mimado por el PP, editor de un panfleto de la ultraizquierda que insulta a todas las instituciones. Boyé no se preocupaba tanto por su buen nombre cuando ayudó a ETA durante todo el secuestro de Emiliano Revilla, a quien vigiló en su agónico cautiverio en el zulo. Culpable de ayudar a los asesinos en aquella larga empresa criminal, cumplió diez años de cárcel por ello. Mis alusiones a su pasado y simpatías no le gustan. Y me quiere callar la boca. Como la cúpula de Podemos. Tampoco a Iglesias y Monedero le gusta que se les recuerde su pasado. Y ellos parecen gozar también entre los jueces de empatía.

Mientras sus demandas se aceptan con facilidad, acaban de rechazar en los juzgados una de una asociación policial contra Monedero por acusar éste a la policía, sin pruebas, nada menos que de traficar con drogas y ser responsable de las muertes por heroína en el Pais Vasco. Dice el juez que eso es libertad de expresión. Yo no necesito que el juez que me toque con la inauditas demandas de Boyé tenga tan amplios criterios sobre la libertad de expresión para rechazarlas. Las amenazas y las demanda son muy eficaces. Y han surtido efecto inmediato.

Gran parte de los periodistas han enmudecido en sus críticas. En un país en el que los jóvenes periodistas salen de unas facultades que, con honrosas excepciones, son centros de zafio adoctrinamiento izquierdista, las simpatías por Podemos vienen hechas. Periodismo ComplutenseCuando en la Facultad de Periodismo de la Complutense da clases de historia un Carlos Hermida que organiza actos de desagravio a ¡Stalin! una mayoría simpatiza automáticamente con los comunistas de nueva recreación chavista. Solo se tienen que concentrar en asustar para hacer callar a quienes les tratan como lo que son, una amenaza para las libertades y sobre todo hoy para la libertad de expresión. Esa la han comenzado a maniatar sin haber tocado poder alguno.

Todo el aparato mediático del izquierdismo y el sindicalismo se mueve con su habitual unanimidad pero si cabe mayor contundencia para aplastar a todo el que critique o se enfrente al nuevo partido, sus líderes y ante todo su intocable caudillo. PI Meter miedoEl caso de TVE con Sergio Martin es paradigmático. Y ellos quieren erigirlo en ejemplarizante, para dejar claro que quien osa criticar a Iglesias es llevado a la picota, lapidado y ejecutado en la vía pública. El resto lo hace la cobardía proverbial de nuestra sociedad. Tan dispuesta a salir en ayuda del vencedor que, según intuyen muchos, van a ser al final estos ultras comunistas con la vocación de enterrar nuestra democracia.

El obsequioso colaboracionismo que demuestra la profesión periodística con los taimados jefes de una jauría totalitaria es solo una vergüenza más. Débil consuelo es saber que la valentía en otras profesiones, sean jueces o fontaneros, no es mayor.


Hermann Tertsch

Hermann Tertsch

@hermanntertsch
Periodista español. Columnista del ABC de España. Comentarista de Televisión




NeupicEste artículo se publicó originalmente en Neupic
Nuestra gratitud por permitir reproducirlo



Síguenos:
facebooktwitterrssyoutube


Otros artículos de interés