Juan Diego Humpierres titula: Trumpeta

12 de noviembre de 2016

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La psique colectiva es altamente permeable de las epidemias que permanecen bajo un complejo oculto por muchos años: ese, de orden silente, que permanece como un gen desactivado pero que, cuando es seducido por un mensaje emocional que acaricia su herida, se activa sin remedio para asumir el equilibrio de la deuda psíquica. En muchos casos, la supuesta reivindicación y la venganza parecen ser la cura, aunque la mayoría de veces resulte peor el remedio que la enfermedad.

Seguimos sorprendiéndonos con lo obvio, con lo que nos hacemos los locos, con lo poco que hemos leído la historia universal y actual. ¿Acaso estos líderes mesiánicos, como hoy el presidente Trump, son especies no identificadas? Insistimos en ver la punta del iceberg, el síntoma estrecho, sin bajar a la razón del porqué el populismo, con la fachada nacionalista, sigue vivo. Duela a quien le duela, lo sucedido en las elecciones de la potencia más importante del planeta, refleja que una gran parte de la sociedad salió en silencio a castigar, quizás más desde las vísceras que desde la consciencia, a un sistema que hace mucho requería ser revisado.

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Trump es un personaje complejo, con rasgos típicos de un ser con ego inflacionario, desafiante como un adolescente arrogante, sin aparente capacidad de negociación, digo aparente porque a diferencia de nuestros países latinoamericanos, las institucionalidad en los Estados Unidos está blindada y es efectiva; en otras palabras: no hará lo que le da la gana. Sin embargo, es importante ver los resultados como una biopsia de lo que capitaliza este personaje, curiosamente, es lo que capitalizan muchos de nuestros presidentes populistas, con la diferencia de que el gobernará el país más poderoso del mundo.

El discurso grosero e irreverente fue el gran gol en la campaña: mientras más agrio, más atención de los medios y del público. Él desafió al poder mediático; demostró que los dueños de la comunicación masiva ya no son los dueños del planeta; logró sentenciar las maquinarias ortodoxas políticas, incluso la de su partido; generó un enemigo interno: los inmigrantes; pero sobre todo, habló desde la emoción, lo que afianza que ya el mundo no busca estadistas, sino rasgos de emocionalidad que se conjuguen con los propios malestares sociales. Aunque esto nos arda en lo profundo, este manual es similar al impuesto en nuestras seudo-revoluciones, en donde también el abanico de opciones electorales siempre resulta absolutamente mediocre: se sigue votando por el menos malo.

No me aterra las institucionalidad norteamericana, sin embargo, esta manifestación de voluntad debe generar un puente para el futuro inmediato, en donde el gran centro sea el que convoque las sociedades que requieren una revisión profunda, en donde no sea la división sino la integración, la gran bandera, sin posturas retrógradas, sin demagogia, para así empezar a crear una nueva consciencia social donde no sea la enfermedad el faro que nos lleve al resultado electoral, sino la adultez de pueblos despiertos y sanos que toman la decisión.

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Leamos entre líneas y esperemos a ver cómo suena la Trumpeta.


Juan Diego 2014

Juan Diego Humpierres
Abogado
Master en Psicología Jurídica de Familia
Master en Psicopatología y Psicoterapia
Diplomado en Negociación y Mediación

juandiegocd@yahoo.com
@juandiegomotiva


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