¿Por qué protestan los portugueses?

12 de junio de 2013

Portugal Protestas Portada

 

Protestan, sobre todo, contra la Troika, esa santa divinidad conformada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la mismísima Unión Europea (UE). Nunca el prestigio de Europa había estado en sus horas más bajas. «Troika, rua», Troika a la calle, o «e povo quem más ordena», el pueblo es quien más ordena; esas son las consignas más repetidas en todas las calles lusas. El ambiente está que arde en el país vecino.
Portugal protesta 1Pero también protestan contra el Gobierno que les ha puesto de rodillas frente a Europa. Que les ha bajado las pensiones. Que les ha subido los billetes de los transportes públicos. Un ejecutivo que les ha impuesto ingentes sacrificios sin ofrecerles nada a cambio, sin presentarles una hoja de ruta que les dé alguna esperanza o les señale la salida de esta larga crisis que parece un callejón sin salida, y valga la redundancia. 

Los portugueses, como casi todos los pueblos del continente, comienzan a estar cansados de las cantinelas frecuentes y repetitivas de austeridad, recortes y menor gasto público, todo ello cuando contemplan, casi agónicos, como su nivel de vida se contrae y pulveriza, sus subsidios sociales se agotan y sus puestos de trabajo se esfuman ante las brumas de la nada y las promesas perdidas en las lejanas campañas electorales.
Portugal protesta 2¿Hasta cuándo va  a durar la paciencia de una ciudadanía empalagada de sacrificios, sangre, sudor y lágrimas, como hubiera dicho el primer ministro británico Winston Churchill? Todo parece indicar que, al igual que los otros gobiernos europeos derribados por la crisis, el ejecutivo de Pedro Passos Coelho, interrumpido simbólicamente al canto de «Grândola, Vila Morena» en el parlamento por un grupo de manifestantes antirecortes, podría terminar sus días de la misma forma que el resto de los consumidos por la crisis. Es decir, renunciando y convocando nuevas elecciones.

Es el sino de casi todos los primeros ministros europeos que han hecho frente a una de las más potentes crisis económicas de las últimas décadas. Este destino, turbio e incluso volátil, es el sacrificio que hay que pagar en el altar de los recortes siguiendo los poderosos designios purificadores impuestos por Bruselas.

Y la gente protesta, precisamente, por ese motivo: porque se niega a aceptar que la única salida es el adelgazamiento del Estado y que la crisis la paguen los de siempre, los más pobres y los más necesitados, mientras que los grandes banqueros y los ejecutivos de las trasnacionales, junto con una clase política fría, despótica y ajena a sus sufrimientos y sacrificios, se van de rositas a sus casas y súbitamente enriquecidos a costa del dolor ajeno. La crisis es asimétrica, piensan, y es solo para los de abajo, ¿será así?

EL FRACASO DE UNA FÓRMULA PERO TAMBIÉN DE UN SISTEMA

Portugal protesta 4La crisis portuguesa pone en cuestión una fórmula de crecimiento económico basada, esencialmente, en una exacerbado gasto público, un modelo escasamente productivo en lo industrial, una nula diversificación y en la carencia de planes alternativos ante la irrupción radical de la actual y persistente crisis económica.
Se ha puesto en entredicho al modelo de crecimiento del sur, ya que la crisis azotó con más fuerza a Portugal, España, Grecia e Italia, y ahora, más recientemente a Chipre, que al resto de nuestros socios continentales, sin que por ello la crisis haya perdido su apellido de global y dañado a todo el sistema europeo.
Portugal protesta 5El euro, que en un principio fue visto como la consumación del sueño de la unidad europea, se reveló como un gran fiasco y la eurozona, como una quimera. El sistema europeo está en quiebra técnica desde hace meses, su prestigio se encuentra por los suelos y los famosos rescates, vistos por los euroburócratas en un principio como una varita mágica, se han mostrado, cuando menos, como ineficaces. Al fracaso de Portugal, cada vez más constatado y probado, hay que añadir el de Grecia y ahora el de Chipre, donde la UE, por primera vez en su historia, ha impuesto que el coste de la crisis la paguen los ahorradores y los más exánimes, en lugar de los verdaderos responsables de la misma.

El problema reside en que la UE no es un verdadero proyecto nacional o sistema monetario como los Estados Unidos, dotado de unidad fiscal y financiera, sino un reino de taifas que debiera de haberse concretado y homogeneizado antes de la crisis; su escasa funcionalidad e incluso nula operatividad en esta coyuntura tiene mucho que ver con la propia debilidad del proyecto y por no haber apostado en el pasado por más Europa. Pero ahora, lamentablemente, es demasiado tarde.
Portugal protesta 3¿Demasiado tarde? Quizá no es tarde para poner en marcha una unión económica integral y efectiva, porque, como señala el ex ministro de finanzas griego Yannos Papantoniou, «cuanto más pospongan las autoridades europeas la introducción de eurobonos, la creación de una unión bancaria y fiscal efectiva y la conversión del Banco Central Europeo en prestamista de última instancia, más durará la crisis». La terapia aplicada a Chipre, además, no resuelve los problemas en la eurozona y tampoco es una solución en el largo plazo. 

En Europa lo que hace falta hoy es liderazgo, voluntad política y una estrategia en de futuro más allá del caminar en el día a día en medio de la persistente turbulencia que no arrecia. Caminamos sin saber hacia  qué lugar porque no tenemos una estrategia. Haría falta un relato esperanzador que diría alguno, para saber hacia dónde vamos en medio de esta larga y oscura tormenta. Pero, lamentablemente, faltan los grandes líderes que un día tuvo Europa y por los que hoy sentimos nostalgia, o saudade que dirían los portugueses.
 


Ricardo Angoso 2

Ricardo Angoso
Periodista español

rangoso@iniciativaradical.org 

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